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Redacción

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Endeudamiento, crisis económica y bonos soberanos


  • 21.09.2020 - 12:00 am

La pandemia COVID-19 ha provocado una crisis sanitaria incontrolable, la cual ha influido en el desplome de la producción y la economía, situación que se traduce en un incremento de desempleo, hambre, pobreza e incertidumbre.

A nivel mundial los gobiernos y los estados enfrentan realidades  dramáticas, debido a la incapacidad para dar  respuestas a las necesidades prioritarias de la población, por lo que  cada día se empeoran los pro­blemas sociales y económicos que atormentan a millones de personas.

Economías débiles como la de República Dominicana son asoladas por los efectos del coronavirus, porque el pago de las deudas devoran los presupuestos e ingresos fiscales y eso impide la aplicación de políticas públicas eficaces, por tanto, los dominicanos subsisten en medio de precariedades y condiciones inhumanas.

Hoy día la economía de producción ha sido suplantada por una economía de servicio, la cual tiene como soportes al turismo, las telecomunicaciones, las remesas y en menor proporción la producción.

¿Qué ha pasado con el turismo? La industria turística, columna vertebral del sistema económico del país, ha sufrido una caída en un 87.4 %, es decir, una parálisis descomunal, lo que resulta catastrófico, porque disminuyen las recaudaciones y se afianza el déficit fiscal.

Las telecomunicaciones producen muchas riquezas, pero en este renglón se genera la fuga de capitales, ya que la mayoría de inversionistas son extranjeros  y, en  consecuencia, se llevan el dinero.

Mientras los productores nacionales no resisten  la crisis, por tal razón, el Gobierno debe explorar alternativas que permitan protegerlos  para evitar males peores.

Los bonos soberanos

Frente a un panorama sombrío, el nuevo Gobierno (con apenas  un mes y cinco días en el poder), ha tenido que recurrir al endeudamiento y ha colocado tres mil 800 millones de dólares en los mercados financieros internacionales, cuya medida ha sido ponderada por el equipo económico.

No obstante, se trata de una transacción preocupante, en vista  de que se acentúa la deuda general, la cual supera el 50 % del Producto Interno Bruto y eso es insostenible.

Es preciso resaltar que los empréstitos, tarde o temprano, tienen que saldarse, lo que significa que se compromete el futuro del país.

Aunque el Gobierno estima que ha sido positivo situar los tres mil 800 millones de dólares en los mercados financieros, para la economía es un proceso negativo porque es una clara evidencia de la incompetencia del Estado para afrontar el deber y las responsabilidades gubernamentales.

Independientemente de las razones que enarbolan las autoridades para justificar el endeudamiento, no es favorable consolidar las deudas, pues, ocasiona más daños que beneficios.

Si fueran deudas en busca de impulsar programas  reproductivos, que no quepa duda, sería favorable porque se producirían recursos para pagar las mismas y producir riquezas y eso fortalecería la economía de producción.

Es cierto que el nuevo Gobierno arrastra un déficit fiscal, cuantiosas deudas acumuladas y un desorden en el presupuesto; su misión es corregir esos entuertos y reorientar la economía por la estabilidad de la democracia, el crecimiento de la nación y el bienestar social.


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