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Luciano Filpo

Luciano Filpo


El valor del patrimonio cultural


  • 30.10.2020 - 12:00 am

La etimología de la palabra cultura Viene relacionada desde el mundo Romano con el trabajo de la Tierra. Desde la sociedad feudal hasta la ilustración se asociaba a la erudición, el dominio de un saber, ser culto equivale a manejar muchas informaciones. Desde el siglo XIX, la conceptualización es mucho más amplia va más allá del saber.

Según el antropólogo inglés Edward Taylor la cultura es un todo incluido, abarca formas de conocer, indumentaria, elementos espirituales y materiales, contiene elemento pautativos, normativos y axiológicos. Envuelve códigos estéticos y empíricos, así como distancia social entre individuos, el tono de voz, las creencias y otras construcciones simbólicas vienen impresas en la cultura. La cultura constituye un nicho ecológico que marca el quehacer humano. En "El compadre Mon”, Manuel del Cabral estampa el valor del entorno en la convivencia humana, con la frase tanto he pisado esta tierra, que es la tierra la anda ya". El patrimonio cultural es lo que acumula una comunidad en materia de tradición, símbolos, costumbres y construcciones comunitarias que permiten articular un referente social histórico y psicológico necesario para armar un proceso identitario.

El patrimonio es parte del acervo cultural de un pueblo. Según la UNESCO el patrimonio cultural puede ser material e inmaterial. La República Dominicana dispone de patrimonio material e inmaterial reconocido por la UNESCO como legado a la humanidad. La Ciudad Colonial es reconocida como patrimonio arquitectónico de la humanidad, es un patrimonio material; mientras los guloyas de San Pedro de Macorís y los Congos de Villa Mella son reconocidos como patrimonio inmaterial. La música también es parte de la identidad de un pueblo y parte de su patrimonio, en ese sentido el merengue y la bachata son ritmos autóctonos de República Dominicana y también reconocidos por la UNESCO como patrimonio cultural. La República Dominicana posee una gran diversidad cultural, diferentes grupos étnicos se han articulado en un sincretismo cultural que contribuyen a dar sentido a lo dominicano. Los museos constituyen uno de los espacios indispensables para recuperar la identidad o preservar la memoria histórica en movimiento, algunas sociedades viven de los museos, de su historia gráfica, de aquellas piezas reunidas en que se desdobla la identidad.

En la plaza de la cultura se alojan los museos de historia, geografía e historia natural. Estos son regenteados por el ministerio de cultura. En el ámbito privado existen complejos culturales y de retención de la memoria cómo son: el Centro León en Santiago y el Centro Perelló en Baní. Un museo y su sala de exposiciones son espacios reservados al turismo histórico. Dicho sea de paso, la tercerización de la economía dominicana en los últimos 40 años ha dado primacía al turismo como generador de divisas. Lo que ha estado ocurriendo en torno al museo del hombre dominicano es inaudito, inadmisible, un crimen de lesa patria. Las pasadas autoridades arrabalizaron los museos en una operación donde supuestamente se remozaba la plaza de la cultura, donde se hallan localizados los museos mencionados más arriba.

Piezas de un valor histórico incalculable como el piano con el cual se compuso el himno nacional aparece arrumbado sin ningún criterio técnico, documentos, piezas materiales y otros objetos de un valor histórico incalculable para la construcción de la identidad nacional y para el conocimiento de objetos históricos, aparecen derruidos o en avanzado estado de deterioro. Han sido manos apátridas los que han cometido ese atentado contra la memoria. Esta gente no tiene el mínimo respeto por los hitos y momentos que articulan y yugulan la identidad. Parece que obviaron y pisotearon adrede la máxima Ciceroniana de que "La historia es la madre de la vida" y que "Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla".

En esa lógica el profesor Juan Bosch en varios de sus escritos habla de las categorías de la arritmia histórica y la anomia social en que ha crecido el pueblo dominicano, situación que describe un camino tortuoso, contradictorio y paradójico. No obstante esto, se avanza, parece que cabalgamos Como dijo El Quijote cuando los perros le ladraban.

Hace un siglo Sigmund Freud escribía "El malestar en la cultura" donde aborda los problemas que marcan el mundo occidental en el siglo XX, los cuales estaban estigmatizados por la guerra, la crisis económica y la voluntad insaciable del hombre por progresar aún sea a costa del mismo hombre y el individualismo pequeño burgués.  Los procesos histórico-culturales reflejan la situación emocional de un pueblo, la historia de las mentalidades y la posible condición de marginalidad en que se desarrolle ese pueblo con relación al entorno.

El pueblo dominicano ha padecido diversas dominaciones políticas y ha visto interrumpido muchos procesos históricos, pero es de los pocos pueblos que ha tenido el valor de eliminar a sus dictadores, los cuales casi se pretendieron legitimados por el derecho divino que protegía a los monarcas absolutos. Señala Salvador Allende que "La historia la hacen los pueblos y que los procesos sociales en marcha nadie puede detenerlos". No obstante, las manos sacrílegas que laceran la historia, aparecerán gestores culturales capaces de devolver el valor del patrimonio histórico acumulado en esos museos y que constituyen un referente obligado para las presentes y futuras generaciones.

El autor es Dr. en Educación.


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