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Lidia Melania Emeterio Rondón

Lidia Melania Emeterio Rondón


El valor de lo nuestro, la Patria


  • 23.06.2020 - 12:00 am

Momentos hay en la vida en que se pone a prueba la valoración que tenemos de la cosa, ya sea esta material o inmaterial. La prueba viene cuando una necesidad  se hace presente en circunstancias poco apremiantes. Un ejemplo ilustrativo es lo que puede ocurrir cuando al salir de su país ocurren eventos calamitosos que impiden movilidad. Entonces lo primero que surge es el añorar el valor del sagrado terruño, fluye el valor de la cosa, y se la ve como la tabla de salvación.

Hemos visto que la pandemia por Covid - 19 puso en grandes apuros a un importante número de dominicanas/ os, quienes en condición de varados en distintos países, tuvieron que dar la voz de alarma, el grito de auxilio ante el desamparo de que estaban siendo objeto en puntos geográficos tan diversos como: Estados Unidos, Ecuador, Cuba, Chile, San Martin, Brasil, hasta en Marrueco, y otros países. Entonces imploraron, a veces con llanto, ante las autoridades dominicanas para que fueran en su auxilio y los regresaran a su tierra. 

Traigo, oportunamente, este hecho conocido por toda la comunidad nacional  porque desde hace un buen tiempo, está en boga toda una corriente ideológica que pretende un gobierno y una ciudadanía mundial que incluye la anulación de las fronteras, y una barrida de todo lo que sea patriotismo e identidad nacional. Esto parce inverosímil, pero desde ese ideal se ha estado cuestionando cualquier decisión de los gobiernos sobre sus fronteras y las soberanías.

Es posible que muchas personas en medio de la inconciencia, e imbuidas por un estado de euforia ante lo nuevo, o atraídas por la experimentación, el desarraigo de su identidad, y el culto a lo universal, quieran asociarse con esa ilusión enclavada en la pretensión aviesa de anular lo nacional, sobre todo de países y economías pobres, pero que mantienen el ideal nacionalista como bandera de esperanza y progreso, siguiendo el legado de su historia, sus mártires e independentistas. 

Estos criterios, ya citados, han entrado en conflicto con el virus global pues este ha impuesto que cada quien cerque su territorio como propiedad inalienable, y en tal virtud cerrar casas, puertos, aeropuertos, y luchar cada quien con los recursos que les son propios. Lo provocado por el Covid -19 en el aspecto del patriotismo, es digno de especial atención. Véase que cada país solo está atendiendo, de preferencia, a los suyos, al compromiso local. Hasta en el escenario de países grandes se vio acaparar, como en un mercado negro, los medicamentos, insumos, y otras logísticas para intervenir e impactar contra el virus.

No hay ciudadanos del mundo, sino ciudadanos locales de un país determinado, aunque se ame, se viaje y valore a otros países. Si no fuera así los dominicanos/as varados en medio de una situación tan crítica, y sin dinero,  y sin nadie que le preste, deberían ser ciudadanos de esos países donde les agarró la crisis por Coronavirus, pero no, esta gente tuvo que apelar a quien no podía cerrarle la puerta: al gobierno de su país, mal que bien, pero su país, el puerto seguro, y  donde mucha gente aplaude al aterrizar el avión.  

 En el poema ¿Qué es la Patria? (de Salomé Ureña de Henríquez) su primera estrofa interroga: ¿Qué es Patria?¿Sabes a caso lo que preguntas mi amor?/ / Todo un mundo se despierta a esa voz/ todo un mundo de recuerdos / que han dejado en mi interior/ esperanzas que no mueren / en la fe del corazón. Aunque hay quienes pueden responder con presteza a esas preguntas, se que a los dominicanos/as varados/as en el exterior, la respuesta le salió como de súbito, como una necesidad del alma, o como un grito de esperanza.

Por muchas razones hay que avivar la conciencia de que al país hay que  conservarlo y preservarlo de las amenazas que se ciernen sobre él. Hay quienes ven el patriotismo y de soberanía con lamentable indiferencia e incredulidad aunque vean lo que vean. El patriotismo es una disposición de nobleza: luchar por mantener la soberanía y la identidad cultural e histórica, su desarrollo económico, su decencia y el imperio de la justicia, y luego recibir, en todo momento, los beneficios de protección y el auxilio desde donde nos encontremos.

Los planes de países grandes para decidir el porvenir de los pequeños: anulando  su cultura, su historia, posibilidad de progreso e independencia bajo la identidad propia, y hasta fusionándolos con otro, como es lo que se busca con Dominicana y Haití, son amenazas que están ahí, aplazadas ahora por el Covid -19. Valoremos el país que es nuestro, opongámonos cualquier amenaza proveniente de la Comunidad Internacional, y su identificación con Haití, asunto del que los políticos se niegan a hablar, pues mientras menos se hable, más rápido lo pasan por debajo de la mesa. Entonces, hablemos de eso.

Muchas veces las condiciones adversas como las que hoy arrastramos por el efecto del Coronavirus crean la ocasión para valorar y defender más lo que tenemos. Estemos al pendiente para evitar situaciones que, como la fusión con Haití,  nos empobrezcan más de lo que estamos. Honremos el lema Dios, Patria y Libertad. Loor a Duarte y a los Trinitarios


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