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Luis Alberto De León Alcántara

Luis Alberto De León Alcántara


El turismo sí, la iglesia no


  • 07.01.2021 - 12:00 am

Hace unos días el decreto presidencial fue lanzado. Se decidió que desde el 1 de enero hasta el 10 del mismo mes, del año 2021, el turismo seguiría operando con un protocolo especial, mientras que las iglesias y denominaciones religiosas, deberán permanecer cerradas. Las alegrías, las emociones y algarabías de estas navidades, han dejado como consecuencias medidas drásticas, que no solo afectan a la economía, sino en el espiritual y psicológico. 

Mi humilde opinión al respecto. El turismo genera dinero para el Estado, las iglesias no. En el turismo hay diversión, se puede botar el estrés, olvidarse de esta situación compleja que vivimos; en las iglesias solo se reza, se reflexiona. En palabras concretas, los actos religiosos no son tan “importantes” en comparación con el turismo. Como no le genera intereses económicos al gobierno, puede esperar, no son obligatorios. De aquí entonces, que podemos vivir temporalmente sin presencia de la Iglesia, contrario el turismo, es “prioridad” en estos momentos confusos.  

No faltaran los ingenuos que al leer esto digan con  voz potente y con gran ironía, “las iglesias buscan privilegios, prebendas, exclusivismos, favoritismos y sobre todo, seguir quitándole el dinero a la gente”. Sin embargo, este pensamiento libre, carece de fundamento y de argumento sólido. Porque la gente va exclusivamente a la Iglesia a encontrarse con Dios, a buscar fuerza cuando siente angustiado, con temor y lleno de dudas, recurriendo a estos espacios porque tiene la confianza de saber que Dios siempre nos auxilia.  

Reconocemos que en estos instantes, la prudencia y la solidaridad social son esenciales para superar esta crisis sanitaria. Ahora bien, lo que el gobierno no se está dando cuenta es que con estas prohibiciones de las actividades religiosas, le dice indirectamente a la ciudadanía: ahora mismo lo que necesitamos es mantener la economía a través del turismo; el rezo, las oraciones, el encuentro personal con Dios, eso se puede quedar para después; ya tendremos tiempo. 

Por favor, no nos engañemos, en las iglesias se están llevando los protocolos, se cumplen con las normas de higienes. Lo que pasa es que el único punto que se está mirando es creer que el turismo es lo que nos mantendrá activos para no llegar a la locura. No se está mirando la dimensión existencial y espiritual del ser humano, la necesidad que tiene de encontrar paz y armonía en su interior.

El turismo es importante, la fe también. Nuestro escudo tiene a Dios en primer lugar. Los Padres de la Patrias reconocieron que la presencia de lo divino no se puede obviar, deben estar siempre presente, porque aunque la economía nos saca de apuro, solo Dios nos da la felicidad. Por consiguiente, que se abran las iglesias, para que las personas busquen consuelo y esperanza; para que puedan tener la certeza de que verán una luz al final del camino oscuro y difícil por el cual ahora transitamos. Que se ame el cuerpo pero sin dejar a un lado el espíritu.


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