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Luis Córdova

Luis Córdova


El reality show del gobierno


  • 18.02.2021 - 12:00 am

Fue Obama quien le dijo a Trump que “gobernar se trataba de un trabajo serio y no de presentar un reality show”. 

Me resulta particularmente interesante esta aseveración pues se trata del presidente norteamericano que inauguró las redes sociales aplicadas a la política, como el caso de Twitter, frente a una celebridad que, entre otros muchos mecanismos para mantener su fama, utilizó una serie de televisión.

Se trataba de dos modelos de hacer lo mismo: la permanente puesta en escena de ese personaje público construido para consumo de las masas, con la particularidad de que las emociones pesaban más que las ideas; en ambos casos nunca podremos otear en el interior de sus sentimientos pues, resulta imposible salvar la distancia de una muralla de ladrillos conceptuales impuesta desde internet, líneas graficas, eslóganes por sus equipos de asesores.

 Y no solo fueron en sus campañas. Lo mismo siguió, aún con más empeño, en el ejercicio de sus gobiernos. Uno enfocado en deconstruir los cánones tradicionales de forma y el otro irrumpiendo en el mismo sentido pero socavando el fondo. 

América Latina preferiría la forma. Los medios se generaron la atención y devoción no solo de la parafernalia de campaña electoral sino también del ejercicio del poder. 

De esta manera los que pasaron a ocupar cargos priorizaron llevar consigo al gobierno a los artífices de su mercadeo electoral (considerando la razón de ser de haber logrado la victoria), haciendo que éstos también definan su imagen como funcionario público: ¿la campaña permanente?

Tal es la devoción hacia este tipo de trabajos que no dudan en aclarar que el presupuesto de esos equipos, en algunos casos, son costeados por ellos mismos, así de necesarios los entienden. 

Es la concepción de la función política desde otra óptica. Un replanteamiento menos severo con lo populista y más dócil con lo clientelar: “buscarle la forma”, en español dominicano.

Ante la pasión de comunicar de nuestros políticos, y el trabajo de los especialistas en comunicación, hacen que en especial desde las redes, creamos estar viendo una suerte de “reality show”.  Pero ¿para qué? O más bien ¿hacia quienes van dirigidos esos mensajes, esas publicaciones, esos videos? Una cosa es el marketing político y de gobierno, uno de tantos oficios que la carrera de politólogo puede ofertar, y otra es la sobreexposición personal, la priorización de la persona sobre la institución, la pasmosa necesidad de protagonizarlo todo.

No hablamos de maquillar la realidad, por fea que esta sea, para hacerla apreciable a los ciudadanos (quienes nunca dejan de ser percibidos como electores), sino que vemos cómo desde entidades despojadas de interés para la generalidad de la población, se presentan a directores o ministros con las clásica toma de encender o apagar luces, caminar pasillos, firmar documentos en su escritorio, saludar a un empleado humilde o encabezar una reunión… el mercadeo ochentero del “ejecutivo eficiente que trabaja más que sus compañeros”.

Gobernar es escuchar más que hablar. Ha sido la tradición de los gobiernos exitosos y no creo que esto cambie por más medios que estén a la mano para promover discursos.

Concebir al ciudadano como un espectador es un error. El ciudadano crítico que genera contenido, que comenta publicaciones y que expresa lo que necesita, quiere o aspira, no puede quedarse hablando solo en las redes. Regodearse en la métrica o en el impacto y en aquellos que dieron “like” constituye un peligro, sobre todo si nos preguntamos a cuál de los dos se persigue satisfacer.

Hemos dicho peligro y lo es hoy que los medios de comunicación tradicionales pasaron de ser “el escenario” para convertirse en “los críticos” de la puesta en escena de un reality show que está teniendo lugar de manera inadvertida para algunos.

Que no olviden que  la construcción del relato colectivo debe convencer a todos, aun a los que solo se divierten con el espectáculo y los que conocen que un buen productor aspira a contar con un público de calidad más que con uno numeroso o exponer tanto sus talentos.


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