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Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


El porqué un hijo llega a no querer a su mamá


  • 03.11.2019 - 12:48 pm

Recientemente, un diario matutino desplegó como una gran noticia lo dicho por uno de nuestros  artistas urbanos, uno  conocido como “Don Míguelo”, quien respondió a una reportera que lo cuestionaba sobre una declaración pública hecha por su madre biológica, con la siguiente afirmación: “Dicen que perdone a mi madre biológica, pero lo dicen aquellos que sí crecieron con su madre”.  Luego dijo que no sentía algo así como un cariño o apego especial hacia su madre, aunque tampoco odio, puesto que la conoció ya cuando él tenía 10 años de edad, y que sus abuelos que lo criaron y educaron son sus verdaderos padres.

 


La mayor porción de la población dominicana cree que todos los hijos deben amar o querer irremediablemente a sus madres sin echar mano de ningún pretexto para no hacerlo. Pues suponen que fue suficiente con que ellas los llevasen nueve meses en sus úteros soportando con tesón, a veces con alegría pero otras con sinsabores,  todas las molestias y limitaciones que una larga preñez conlleva. Recuerde que entre los mamíferos, una de las preñeces más larga es la de  la especie humana.

 


Bueno, vamos a explicar de manera sencilla en qué consiste el componente básico de ser la madre que cargó dentro de su vientre una criatura llamada ‘su hijo’ que ella contribuyó en un 50% para su engendro. 
   

 

A diferencia de papá, mamá tendrá que cuidarlo desde antes de nacer, luego parirlo, [que dicho sea de paso, en la RD la mujer da a luz su hijo con consecuencias inmediatas muy distintas a como pare una mujer en Madagascar o en Ruanda,  en que si  la mujer embarazada siente los dolores de parto mientras está sembrando plátano en un conuco u ordeñando vacas en un potrero, ella va a su casa o al hospital, pare su muchacho y tan pronto expulsa la placenta, sale del hospital o de su casa y vuelve al conuco o al potrero a seguir ordeñando vacas; entre nosotros ni pensar en algo semejante] amamantarlo por seis a doce meses, limpiarlo y bañarlo después que defeque, darle abrigo, mimos, impregnarlo de su olor de mamá y de su voz para que él luego la reconozca por su aroma y su timbre de voz, protegerlo y alentarlo cuando sienta miedo, enseñarle a sonreír, comprender  sus emociones, interpretar sus distintos tonos de llanto, enseñarle a decir sus primeras palabras y los hábitos de higiene, de  cómo y cuándo usar el sanitario para deponer sus excretas y, finalmente, velar porque al cumplir los dos años aprenda a obedecer, a no mojar la cama y a tener un apego seguro para evitar que sea un niño ansioso, que hace rabietas desproporcionadas cuando no logra conseguir lo que quiere, o bien, que sea un niño manipulador.
   

 

Son todas esas cosas que proporciona mamá a su hijo durante el periodo más vulnerable de su vida, las que crean la base esencial para que ‘su hijo’ la quiera o ame y reconozca como su “mamá de verdad” y no solo como madre biológica o porque lo parió. Las madres, generalmente, aman a los hijos sin condiciones, pero el hijo quiere y reconoce  a la mujer que lo parió como “mamá verdadera” solo si ella satisfizo todas sus necesidades antes mencionadas.
   

 

En los pocos casos que he visto en mi consultorio de Psicología familiar donde algunas madres han acudido en busca de ayuda profesional para lograr o recuperar el amor que ella entiende  no recibe de su hijo porque éste la ve y trata como a una extraña sin ningún interés para él, siempre le planteo lo siguiente, después que ella me cuenta adónde pudo originarse el hecho de que “su hijo no la quiera”: Sepa que para su hijo ser mamá no termina con el engendro, llevarlo nueve meses en la matriz, parirlo y luego no seguir siendo mamá seis meses o dos o tres años después. Que mamá esté ahí en esos primeros cinco a siete  años, que es cuando termina el periodo de reconocimiento afectivo, familiar y social del niño respecto de sus padres, es de una importancia vital descomunal para que el niño culmine y acentúe su apego emocional y familiar por mamá. Lo mismo ocurre si se trata de papá. Un padre distante, lejos emocional y socialmente de su hijo, no puede pretender que el muchacho sienta amor, afectos por él, no importa que papá le haya pagado una carrera universitaria.

 


Engendrarlo y parirlo, es solo la primera parte de la inmensa tarea de entretejer el amor entre mamá y su hijo para que éste termine amándole como ella cree que merece.

 

Ahora bien, antes de un hijo admitir que no siente amor por su mamá porque ésta lo abandonó de pequeño, debería averiguar las razones que ella tuvo,  pues son poquísimas las  mamás que abandonan a su hijo así porque sí. Dejar un hijo con su abuela un mes o dos, por enfermedad, trabajo o por razones de violencia marital, no significa que lo “dejó botao”. Por eso, te aconsejo Don Míguelo, que hable con tu mamá sobre qué motivos la llevaron a dejarte con tus abuelos por varios años.


El autor es Terapeuta familiar
Centro Médico Cibao-Utesa


 
 



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