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Luciano Filpo

Luciano Filpo


El poder municipal


  • 30.04.2021 - 12:00 am

El 24 de abril es considerado el día de los ayuntamientos ya que corresponde con la creación del primer cabildo de América en La Isabela, Puerto Plata, uno de los primeros asentamientos europeos en El caribe. La isla de Santo Domingo disfruto de una posición privilegiada en los primeros cincuenta años de la conquista y colonización de América. Se establecieron las primeras instituciones coloniales: cabildos, hospital, audiencia, iglesia, universidad, entre otros. Desde 1493 se autorizó a Cristóbal Colón fundar villas con sus respectivos cabildos.

La función del cabildo tiene que ver con la organización de la comunidad, el cobro de algunos arbitrios, definición y ordenamiento del territorio. El cabildo colonial era la institución de menos prestancia, su conducción fue relegada a los criollos o hijos de europeos nacidos en América. Para entidades como los virreinatos, capitanía general o las audiencias se designaban peninsulares o nacidos en la llamada madre patria. La reforma borbónica del siglo XVIII procuro flexibilizar la estratificación social y el control de las instituciones, pero no fue suficiente.

Esos criollos marginados y excluidos del poder son quienes organizan los movimientos independentistas en América hispana. En los sistemas democráticos y los aparatos administrativos modernos se otorga gran preminencia al cabildo y al poder municipal. El padre de la patria Juan Pablo Duarte en su proyecto de Constitución consigna la municipalidad como el poder popular, el ente de acercamiento entre el ciudadano y el Estado. La Constitución de Moca de 1858, recoge las ideas de Duarte, pero fue abortada rápidamente por el dictador Pedro Santana.

La República Dominicana tiene 48,492 km2 y padece una autorización territorial que espanta o asombra. Más de 150 cabildos y juntas distritales cuya función principal se limita a la recolección de la basura. El sistema político dominicano ha sido afectado por el patrimonialismo y el clientelismo. La burocracia pública ha crecido de forma desmedida sin que esto implique una mejoría ostensible en el servicio que se ofrece. El cabildo se ha convertido en un nicho de empleos y malversación de fondos públicos para la clase política. No representa lo mismo un cabildo o ayuntamiento de una gran ciudad o de un pueblo marginado.

El modelo de desarrollo urbano en República Dominicana ha sido macro cefálico sólo se invierte en pocas ciudades en desmedro de otras pequeñas. Esto ha generado un flujo migratorio campo-ciudad y una concentración del poder local. En las ciudades se han creado fuertes estructuras burocráticas atadas al poder y la toma de decisiones mientras que en los pueblos el cabildo o ayuntamiento puede ser un instrumento de supervivencia, de generar empleos.

En el pasado reciente ser parte de una sala capitular, como edil, era un cargo de honor, eran los ciudadanos distinguidos de la ciudad con un acervo de cosas al servicio de la comunidad, hoy el edil devenga pingües beneficios y ha descubierto la forma de hacer negocio con todo lo que se debe aprobar en la sala capitular como parte de la vida político administrativo en la urbe. El cabildo es el gobierno local de la ciudad, pero las salas capitulares o cuerpos edilicios se concentran en encontrar espacios, nichos y áreas que generen lucro, lo último es el poder de la localia, el empoderamiento ciudadano, compromiso con la transformación del entorno.

En el mundo post-industrial los cabildos son gobiernos locales que se involucran en la implementación de políticas territoriales, cartografía social e influencia del espacio en el modus vivendi de la ciudadanía, ejecución de políticas educativas y sanitarias. También la planificación del crecimiento urbano, así como la preservación del medio ambiente. En la actualidad un gobierno local o municipal debe preocuparse por el ornato, sanidad, preservación de las áreas verdes, ordenamiento territorial, educación ciudadana.

En los últimos años se ha propiciado un acercamiento entre las juntas de vecinos y las salas capitulares, así como con la ejecución presupuestal. Existe un llamado presupuesto participativo, la ciudadanía debe velar por el cumplimiento del mismo. Tal como lo contempla la ley electoral también se ha establecido la cuota de género, que haya equilibrio entre hombres y mujeres en la representación dentro de la estructura del cabildo. No obstante, todas las disposiciones anteriores las salas capitulares se han convertido en gran medida en ollas de depredadores que venden permisos y luego investigan, que ubican áreas verdes y terrenos del Estado, para enajenarlos. No protegen el patrimonio público. Los grandes cabildos confrontan problemas para recolectar los desechos sólidos por los diferentes negocios que se articulan con los mismos.

La Liga Municipal Dominicana es el organismo rector de los cabildos, pero esto no ha contribuido a su mejora. Según ley, el 10% de los ingresos del PIB deben destinarse a los gobiernos locales, en los hechos no se sabe cuánto se otorgan, los gobiernos han usado y controlado los recursos de los ayuntamientos a su libre albedrío y se entregan según la filiación del alcalde. Le va mejor si es del mismo partido del gobierno que si resulta opositor. Dentro de esa lógica la ciudadanía debe apostar por la mejora de los gobiernos locales, por la transparencia de las inversiones, por devolver la dignidad al cargo edilicio para que se supere el imaginario social de que las salas capitulares constituye el kindergarten de la corrupción en la República Dominicana. No es del todo cierto que la creación de cabildos y juntas distritales han contribuido a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. La atomización municipal debe detenerse y congelarse en el tiempo.

El autor es Dr. en educación.


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