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Domingo Caba Ramos

Domingo Caba Ramos


El motorista y yo


  • 29.11.2019 - 12:00 am

“Antropológicamente, el tránsito se puede usar como un reflejo de la sociedad, o sea, si visitamos un país que no conocemos y quieres tener una idea anticipada de cómo son las personas en esa nación, observa cómo conducen”. Dr. José Dunker (Siquiatra)

Como todos los domingos, las siempre congestionadas calles de la Ciudad Corazón, lucían casi solariegas o libres del infierno vehicular que las caracterizan los demás días. Por una de esas calles, yo me desplazaba tranquilamente pasado domingo.  Al observar a través del espejo retrovisor, noto que un motorista me sigue a toda velocidad.

Como tengo la intención de doblar en la próxima intersección, enciendo a su debido tiempo y distancia las luces direccionales; mas estas, al motorista, al parecer ningún mensaje le transmitía, razón por la cual, en lugar de reducir, prefirió acelerar la marcha. 

Sin perderlo nunca de vista, yo me acerco a la esquina donde me propongo doblar; pero justamente en el preciso instante en que decido realizar el giro a la derecha, el conductor de la motocicleta me rebasa por la derecha, siempre a toda velocidad. Para no llevármelo de encuentro, tuve que ejecutar uno de esos frenazos en que el vehículo queda, a su vez, ejecutando un baile maldito. 

El motorista se detuvo momentáneamente, me miró con ojos de boas venenosas y pronunció tres o cuatro maldicientes palabras, entre las cuales, presumo, no faltó el nombre de mi santa madre muerta.

Yo también lo miré y pensé emitir uno que otros coños acompañados de dos o tres explosivos carajos; pero acto seguido pensé en las orientaciones de mi médico cardiólogo y en que la referida imprudencia se estaba llevando a cabo   en la República Dominicana. Por eso conté hasta diez y y me contuve. 

El motorista encendió su vehículo y, a toda velocidad, o «como alma que lleva el Diablo», continuó su veloz recorrido por las calles casi solariegas de la Gran Ciudad. Yo, en cambio, sonreí de rabia y me quedé observando al jumento o semental cuya imagen poco a poco, encima de su veloz motocicleta, se perdía en la distancia.

Nunca como ese momento entendí por qué la República Dominicana ocupa uno de los primeros lugares en muertes por accidentes de tránsito. Y nunca como en ese instante entendí que tiene mucha razón el connotado médico siquiatra, Dr. José Dunker cuando en uno de sus libros que: “Antropológicamente, el tránsito se puede usar como un reflejo de la sociedad, o sea, si visitamos un país que no conocemos y quieres tener una idea anticipada de cómo son las personas en esa nación, observa cómo conducen”.


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