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Samuel Reyes

Samuel Reyes


El micro fraude electoral


  • 26.05.2020 - 12:00 am

La historia electoral dominicana está llena de grandes sinsabores. En las elecciones generales del año 1986 la mayoría de la juventud votó por el candidato del PRD, Jacobo Majluta. La alternativa era el desgastado expresidente Joaquín Balaguer, rechazado por la mayoría de los nuevos votantes. En una componenda, los votos de más de 86 mil primeros votantes fueron impugnados y no fueron contados y se impuso el candidato del Partido Reformista que volvió al poder luego de 8 años. Sin lugar a duda esa decisión de la Junta Central Electoral varió decisivamente los resultados de las elecciones.

Historias como éstas dejan muy mal parada a la democracia dominicana. Sin embargo, no sólo el fraude de miles de votos debería tocar nuestra consciencia, sino que el valor de un simple voto debería de ser sagrado, protegido y valorado por todos. Esto lamentablemente no ocurre.

Los candidatos de cualquier partido conocen muy bien la detestable práctica del conteo fraudulento de los votos al momento de hacer el levantamiento de las actas de votación que son las que legitiman el sufragio. Es común escuchar de la boca de dirigentes políticos de la forma más desenfadada frases como “acta mata voto” o “papeleta mata menudo” refiriéndose al micro mercado de valores en los que se convierten la abrumadora mayoría de las mesas electorales.

Si al momento del conteo de los votos un partido no cuenta con un delegado que los represente, los demás delegados presionan o compran a los que presiden la mesa electoral para sumarse votos de los partidos emergentes que pueden ser decisivos en una u otra dirección en la elección de las candidaturas y estos comúnmente acceden a santificar la burla de la voluntad de los electores en razón de su deferencia a los partidos mayoritarios de donde proceden una gran parte de los miembros de las mesas electorales.

En nuestra experiencia como miembro de una mesa electoral en dos ocasiones atestiguo que estas prácticas son comunes. En nuestro caso, a pesar de nuestras preferencias partidistas no permitimos tales acciones antiéticas e inmorales, aunque sean culturalmente aceptadas y celebradas por la mayoría de los dominicanos.

Los candidatos a Diputado de partidos emergentes como el Partido País Posible #27, último de los partidos inscritos para las elecciones del 5 de julio se percatan de que sus simpatizantes

están dispersos en municipios, barrios, y residenciales y representan el desafío de que ante la imposición atroz de un sistema corrupto deben agenciarse delegados que protejan sus votos de los partidos mayoritarios cuyos delegados escamotean los votos de los demás partidos que no tienen representación en las mesas.

Los grandes partidos según la ley electoral “mayoritarios” le pasan el rodillo a los demás, porque estos decidieron consagrar en dicha ley todas las ventajas y recursos económicos a su favor en desmedro del libre juego democrático. Por eso sus candidatos llenan vallas, redes sociales, la televisión, la radio, los periódicos en donde hacen promoción y propaganda aplastantes y hasta compran miles de votos. Y la última trastada es el microfraude de las mesas electorales. Esto no debería ser así.


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