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Rafael Octavio Lantigua

Rafael Octavio Lantigua


El Incumbente Presidencial


  • 27.04.2021 - 12:00 am

Las intenciones visionarias de empático perfil de desarrollo, e involución, de modernidad, coliden con los que tradicionalmente han perseguido el lucro del fiasco acariciante  de “lo rápido y el sueño del menor esfuerzo”.

Sin lisonjas  y adulonería, ni búsqueda parcializada de algún clientelismo demagógico, somos proclives  a apoyar ese buen modo o manejo del Gobierno dominicano actual, hasta que el mismo por algún motivo decline/esperamos que nunca/, convirtiéndose hacia el lastre, o la embriaguez del ímprobo poder…Creemos que, las cosas marchan con optimismo y sin distingo ni cofradía hasta el momento, siempre acogiéndose a los dictámenes como lo rige la figura o lo dicta la Carta Magna.

Ojala nunca se contamine este Gobierno por los susurros de “lambonearía”, el supuesto compañerismo y alcahuetería politiquera  agorera de los lambones de siempre. El padre de nuestro actual Presidente, se recuerda tenia madera de estadista, ganando prestigio y realmente engalana la historia dominicana con su fina trayectoria, ya que fue un ducho humanista y con un ganado rol en la Revolución de abril. Fue un ubérrimo empresario que hoy brilla por su impronta a imitar en cuanto a su honradez, siendo un verdadero paradigma como todo un honesto dominicano.

Nuestro Presidente no da chance para madejas de contaminación y ha comprendido que todo mal debe atacarse de forma visceral, aunque produzca efectos urticantes, ya que quien sea y desde donde venga, es destituido y llevado a la justicia.

Para deslices y fallas, el pueblo con su voto es el verdadero soberano, y las instituciones e incumbente deben hilar fino con equidad y justicia. El Presidente debe seguir así, coherente y pragmático, evitando la retorica inoportuna y dar larga a las cosas públicas necesarias, debe eludir los sofismas utópicos, y seguir atacando las prioridades siendo consecuente con la reforma fiscal, actuando con equidad en los puntos neurálgicos.

Existen tóxicos en la epidermis de algunas instituciones y la corrupción de algunas es un barril sin fondo que cabalga como un soterrado caballo de Troya, y la sociedad decente espera lo mejor, es decir “soga por cortar y nudos por desatar”. 


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