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Maricela Ortiz

Maricela Ortiz


El ilimitado poder de Dios


  • 18.11.2019 - 05:48 pm

La importancia de la oración tiene que ver con creerle al Padre, es imposible creer en Cristo y dudar de la grandeza y el poder inmensurable de Dios, liberado en quienes tienen verdadera fe. Los que hemos creído en Cristo fuimos equipados para vivir una vida plena, y manifestar Su gloria. Además, se nos dio una medida de fe, la cual se activa creyendo que todo es posible en el Cristo que nos habita.

La pasividad es un estado que no permite que la manifestación de la gracia sea vista. Por tanto, nos he necesario abrazar la vida en Cristo, entendiendo que somos hijos y colaboradores en Su reino, haciendo lo que se nos ha encomendado, para que seamos intencionales en todo lo que hacemos. La vida en Cristo es gloriosa para lo que creen en el ilimitado poder de Su gracia.

Es interesante entender que como hijos de Dios se nos fue dada la naturaleza de Cristo. Y es en este sentido, donde los hijos tenemos que manifestar Su gloria, de que otros vean a Cristo en nosotros, pero nos toca activar lo que se nos ha dado, crecer en lo que Dios dijo que tenemos y lo que somos en Su hijo, de lo contrario nos estamos perdiendo de vivir una vida plena en Su gracia. Y en cierto sentido, retrasando el plan del propósito eterno de Dios.

Un punto neurálgico que debe tomarse en cuenta en la Reforma, es el ser entendido en la oración; porque reconocer la importancia de la misma para nuestro perfeccionamiento es vital. La oración tiene que ver con nuestra vida de fe; y es precisamente donde se ha distorsionado, ya que, manipularon la fe, haciendo entender a las personas que podían creer en aquellas cosas que anhelaban, sin tomar en cuenta la voluntad de Dios, y es en sus decepciones donde se perdió la fe en Aquel que no es algo, sino Alguien; es entonces donde la oración para muchos creyentes perdió su sentido. Otro atropello a la vida de oración tiene que ver con dos verdades sacada de su contexto: “En Dios todo lo tenemos”. “Él sabe de qué tenemos necesidad”  

 Es necesario ver la oración como un estilo de vida, por medio de la cual somos sustentados y fortalecidos en nuestro hombre interior. El mayor ejemplo fue Jesús, siempre oró, y sus oraciones siempre fueron intencionales. Él da detalles de cómo orar, cuando orar, para qué hacerlo, por qué orar, y por quién. Que decir de Pablo, él también modeló la oración como un estilo de vida en todas sus cartas, dejando ver en sus escritos las peticiones más excepcionales que conectan al propósito eterno.   

Somos llamados a ser intercesores. Es por medio de orar que recibimos la guianza de Su Espíritu, porque su Espíritu se conecta a nuestro espíritu, y es donde somos redargüidos por Su Palabra; y es donde 24/7 estaremos conectados donde nunca más podremos vivir sin Él. El mismo Espíritu nos llevará a rendirnos a Sus pies, porque es allí donde mostramos nuestro corazón, nuestro arrepentimiento, debilidades, fortalezas, en fin, es a Sus pies que somos fuertes.  

Leer Su Palabra sin estar conectado a Su Espíritu, no produce vida. Pero cuando estamos siendo guiados por Su Espíritu es ahí donde comenzamos a ser iluminados, a ver los misterios ocultos en las Escrituras; y es donde comenzamos a ser luz en medio de las tinieblas y a verse Su presencia en la nuestra. 

Si queremos conocer el ilimitado poder de Dios, comencemos por entender lo que se nos fue dado en Cristo, y posicionarnos como hijos, siendo obediente al Padre, y discerniendo la voz del Señor por medio de la oración, que no es más que, mantenerme conectados a Su Espíritu. Es en su presencia que podemos ser evaluados, porque la oración nos introduce en la Palabra, siendo el Espíritu Santo el que guía a nuestro espíritu por la misma a ser entendidos. Por tanto, si leemos la Biblia y no oramos, es decir, no nos mantenemos en comunión con el Señor, nos estará faltando un componente para que el mensaje pueda llegar y ser decodificado.

La oración es un estilo de vida, donde nuestra mente está constantemente conectada a la mente de Cristo. Cuando esto sucede, es entonces que podemos decir como Pablo: “Ya no vivo yo, más vive Cristo en mí”. Es en este sentido donde la oración comienza ser intencional, y no personalizada, porque el Espíritu dirige a nuestro espíritu a orar como conviene, es donde comienzan a surgir oraciones intencionadas, porque no depende de nuestra mente egoísta, sino de la mente de Cristo que nos dice lo que se debe pedir. A orar se aprende, pero no por sermones pautados, sino, más bien, en la intimidad con el Señor.

El poder ilimitado de Dios se manifiesta en el cuidado que Él tiene con nosotros. Es poder ver la respuesta de lo que hemos pedido deseando Su voluntad, produciendo esto satisfacción, aumento de confianza, sabiendo que tenemos un Dios grande que obra, no solo a nuestro favor, sino en Su justicia. Porque toda oración dirigida por el Espíritu Santo siempre va a producir contentamiento, porque entendemos que Dios sólo nos dará lo que está estipulado en Su propósito.

Es imprescindible que como hijos de Dios hagamos conciencia de la importancia de la oración, ya que ella es la que nos sustenta en todo proceso de transformación. Es en esa comunión con el Padre que vamos siendo perfeccionados, y es de este modo que crecemos y nos hacemos hijos maduros en la fe, dejando de lado la mentalidad egoísta, para pasar a una mentalidad corporativa. Todo lo que nos fue dado se activa, en la medida que estemos ocupados en nuestra asignación.

El Evangelios es poder “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío, primeramente, y también al griego.” Romanos 1:16

“Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.” 1 Corintios 4:20

 “Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección; pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros.” 1 Tesalonicenses 1:4-5


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