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Luis García Dubus

Luis García Dubus


El falso yo


  • 30.03.2020 - 12:00 am

Sobre el evangelio de San JUAN 11, 1-45 

Cuando Lázaro se puso enfermo de muerte, sus hermanas enviaron un mensaje a Jesús diciendo: “Maestro, el que tú amas está enfermo”. Note la delicadeza de este mensaje.  

Pero Jesús no viene. Él espera cuatro días.  Finalmente informa a los discípulos: “Lázaro ha muerto…Ahora vamos a su casa” ¡Él que había curado cientos de personas, ahora declinó salvar la vida a su querido amigo…!

¿Cómo debemos entender esta aparente indiferencia?  Esta acción divina desafía nuestra IDEA de Dios, nuestra IDEA de Jesucristo, nuestra IDEA de la vida espiritual. Rendirse ante lo desconocido marca la gran transición en la jornada espiritual.

¿Cuál era esa enfermedad misteriosa que hizo sufrir y morir a Lázaro?  Fue la muerte de su falso yo. La muerte es la única cura del falso yo. Esa es la razón por la que Jesús no vino enseguida. Sólo la muerte del falso yo produce una total liberación de todas nuestras programaciones y dependencias, que nos mantienen impelidos por nuestras necesidades de seguridad, de afecto y de control.

Jesús, todos los días nos hace las mismas preguntas que Él les hacía a sus discípulos:

“¿Cuál es tu motivación? ¿Por qué estás ansioso? ¿Por qué tienes miedo?”

Gradualmente vamos aprendiendo a reconocer las influencias que proceden de nuestros programas emocionales de cómo buscar la felicidad, y de todo ese conjunto de cosas que son opuestas a que aprovechemos en todo su alcance; los valores del Evangelio.

Lázaro nos enseña que el camino del cristiano no es una alfombra mágica para nuestro arrobamiento y deleite, ni una profesión, o una historia de éxitos. 

Es una serie de humillaciones del falso yo.

La fuerte voz de Jesús ordenando a Lázaro salir de la tumba era la palabra de sabiduría que Jesús se había reservado para él. Lázaro tambalea hasta la puerta envuelto en las vendas y el sudario. Jesús ordena: “Desátenlo y déjenlo andar”.

Cada vez que tiene lugar un crecimiento en nuestro desarrollo espiritual, todas nuestras relaciones cambian: con Dios, con nosotros mismos, con las personas y con toda la creación. Nos convertimos en una nueva persona, de aquí surge una nueva forma de actividad. Este es un tipo de servicio que surge de la experiencia de la Presencia Divina dentro de nosotros, del Espíritu viviendo y trabajando desde nuestro interior. 

Es Dios en nosotros sirviendo a Dios en los otros. 

Nota: Tomadas del libro “La mejor parte”. P. Keating. 

LA PREGUNTA DE HOY 

¿Quién es “el falso yo”? 

Es un comparón que cree que, con prestigio, placeres o poder puede llenar su vida. 

¿Seré yo un comparón camuflajeado…?


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