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Redacción

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El eterno “tapón” urbano


  • 08.10.2020 - 12:00 am

El problema del tránsito en el país, en especial en el Gran Santo Domingo y en Santiago, pero sobre todo en la Capital, parece sin solución, mientras la ciudad se mantiene “entaponada” cargando de estrés a sus habitantes, conductores y choferes, así como a los transeúntes. La Capital es una ciudad trancada e infernal por las graves dificultades que impiden un flujo normal de los vehículos. 

Los expertos señalan el diagnóstico del problema y sus soluciones, mientras los gobiernos se han empeñado en grandes inversiones en la mejora de la red vial, mediante la construcción de grandes avenidas, túneles y elevados, así como en la instalación de modernos sistemas de transporte como son el Metro y el Teleférico, entre otras inversiones modernas. Pese a ese gran esfuerzo, el problema del tranque en la ciudad sigue cada vez peor, haciendo prácticamente invivible una ciudad que luce ser una gran urbe de la posmodernidad.

Un simple “observador participante” podría decir respetando a los expertos, que el problema del tránsito en la Capital y en otros lugares del país que se van congestionando en su circulación vehicular, no está en las limitaciones de la red vial y en soluciones parciales en cuanto a los medios de transporte. Se podrán hacer más elevados y túneles y se podrían ampliar los servicios del Metro y demás, pero el problema persistirá mientras no se establezca un sistema de tránsito y transporte urbano “colectivizado”, público y privado.   

El transporte y tránsito han seguido la tradición de abordar el problema mediante soluciones individuales, por eso cada quien se provee de unidades de transporte, para lo cual recurren a la importación y financiamiento de unidades vehiculares sin mayores regulaciones. Cada año el espacio que conforma la red vial, ampliada y disponible, recibe la entrada de decenas de miles de nuevas unidades, adquiridas por una clientela para la cual los importadores se prestan a servirle, al tiempo que las instituciones financieras estimulan a dicha clientela mediante el otorgamiento de facilidades para la adquisición de un medio de transporte individual.

El resultado de esa “racionalidad empresarial” es el congestionamiento de la red vial, como consecuencia directa de la elevadísima “densidad vehicular” que llena y entapona las calles, avenidas y carreteras del país.

La solución, entonces, de ese problema del tránsito urbano, debe necesariamente pasar por el establecimiento de una regulación estricta de las importaciones de vehículos, según disponibilidad de espacios y de horarios, y el establecimiento de un sistema de transporte urbano colectivizado, que reduzca considerablemente la necesidad de los usuarios de disponer de sus propios medios de locomoción.

La solución del problema urbano del tránsito en el país, es en consecuencia, un problema de la “incapacidad entrenada” de los dominicanos, que se resisten a regirse por la racionalidad colectiva y universal, en vez de la irracionalidad particularista e individualista que emana de la persistente cultura de la “aldea”.

¡Modernicemos el tránsito con racionalidad urbana!


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