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Rafael Tobías Rodríguez Molina

Rafael Tobías Rodríguez Molina


El “desenqueísmo ” y el “desalaqueísmo ” en Tiempo muerto


  • 20.03.2020 - 12:00 am

Hace unos años me tocó la tarea de analizar, junto con mis estudiantes de español de la PUCMM, de Santiago de los Caballeros,  la novela Tiempo  muerto,  de Avelino Stanley,  que fue ganadora del Premio Nacional de Novela en el año de 1997. Tanto mis alumnos como yo apreciamos como excelente el contenido y el empleo de figuras literarias, como la prosopopeya, el epíteto y la comparación, las tres muy bien logradas y abundantes. También catalogamos de positiva  la propiedad y riqueza lexical que el autor exhibe en su laureada obra, así como también el tan bien logrado y emotivo final. Por  todo ello lleguen   mis felicitaciones más sinceras para él.

Pero  llama poderosamente la atención el empleo, en lo concerniente a la sintaxis, de lo que  yo he llamado el “desenqueísmo” y el “desalaqueísmo”, que más adelante les diré  qué significado tienen  esos términos  y por qué se les han dado esos nombres. Sin embargo, lo que  más extraño resulta,   algo no esperado de un libro de Avelino Stanley, un autor de los méritos  de él, es  la abundancia de errores  ortográficos  y de varios casos  alejados de las normas y usos de la sintaxis del español. Ante ese panorama de frecuencia de errores, me planteé varias  interrogantes o hipótesis que presentaré en un ensayo dedicado a analizar los desvíos normativos aparecidos en su obra.  Sin más rodeos, pasemos a desarrollar la temática ya  planteada al inicio.

Antes de adentrarnos en el tema,  debo aclarar los términos “desenqueísmo” y “desalaqueísmo”, ninguno de los cuales está registrado por la Real Academia de la Lengua Española. Sí aparecen registrados “queísmo” y “dequeísmo”. Pero, para poder explicar estos modernos casos de la sintaxis, tuve el atrevimiento de crear esos términos, y otros que aparecerán en otros de mis ensayos.  Veamos el alcance significativo de cada uno:

 1. El desenqueísmo.  Consiste  este fenómeno  en la  ausencia o eliminación de la preposición “en” en la expresión “en que”. Ejemplo: “…todo comenzó en el muelle de San Pedro de Macorís el día que llegamos.” (Tiempo muerto, pág. 9). Como pueden ver, en esa oración se elidió “en”, pues debió haber escrito “el día en que llegamos.” 

De estos dos casos que estamos tratando, el “desenqueísmo” es el que tiene mayor presencia en Tiempo muerto y en el uso corriente de los dominicanos. Lo encontramos, además,  de en la página 9 ya citada, también en las  páginas siguientes:  página 10: “Es el mismo olor que me recibió el día que llegué de Saint Kitts.”; página 36: “…él siempre me habló de querer morir en el país  que nació: en su tierra; página 45: “Pero ese cocolo me enloqueció el día que me tocó.”; página 70: “…lo más deprimente para mí fue cuando entró la tarde que me sentí sudado…”; página 71: “En la lata que cociné quedó un poco…”;  página 179: “El día que papabuelo me contó cómo fue que llegó al piso de azúcar me dio pena.”

Yo espero que ustedes se hayan dado cuenta de  que todos los casos en los que se ha eliminado “en” tienen que ver con oraciones (llamadas también proposiciones) de relativo, y para que les sea más fácil de visualizar,  escribí en negrita el “que” relativo que debe ir precedido de “en”.  De ese modo no tendré que corregir yo cada oración, sino que lo podrán hacer ustedes.

2. El desalaqueísmo.  Este uso sintáctico consiste en la eliminación de “a la” en la expresión “a la que”. Ejemplo: “Esa  locomotora que todos le decían  máquina, nos llevaría hasta nuestro destino final.” (p. 15).  Este ejemplo es una muestra de “desalaqueísmo”,   que expresado de acuerdo con la sintaxis, debe escribirse: “Esa locomotora, a la que todos le decían   máquina, nos llevaría hasta nuestro destino final.” También se encontró este otro caso: “La zafra que entré en el ingenio me sirvió para dar el cambio definitivo en mi vida.” (p. 159), que redactada  siguiendo las normas de la sintaxis, tendría que ser escrita como sigue: La zafra a la que entré en el ingenio me sirvió para dar el cambio definitivo en mi vida.

Con el fin de orientar a escritores y demás usuarios del español en cuanto a cómo se sabe cuándo usar “que” o “en que” en este tipo de construcciones de relativo, ofreceré las siguientes pautas:

a) Se emplea “que” cuando esa palabra equivale o se puede sustituir por “el cual” si el antecedente o palabra a la cual se refiere el “que” es masculino singular, y si fuera plural, equivaldría a “los cuales”. Y se podría intercambiar por “la cual” si el  antecedente fuera femenino singular; y si ese antecedente fuera plural, se podría sustituir por “las cuales”.  Ejemplo: “…tenía un letrero en el lado que estaba frente a nosotros.” (p. 15) Como ustedes pueden darse cuenta, ese “que” se pude cambiar por “el cual”. Si la oración fuera “…tenía un letrero en la esquina que estaba frente a nosotros.”, el “que” se puede sustituir por “la cual”.

b) Se emplea “en que” en el caso contrario  al anterior, es decir, cuando el “que” no se pude  sustituir por “el cual” ni por “la cual”.  Veamos: “…todo comenzó en el muelle de San Pedro de Macorís el día que llegamos.” (p. 9) En esa oración no podemos sustituir “que” por “el cual”, ya que la oración no tendría sentido, y es por eso que esa oración tiene un error de elaboración, como  se vio  anteriormente. Para que tuviera sentido tendríamos que insertar “en”  entre  día    y  “que”. Así, la oración sería formulada “…todo comenzó en el muelle de San Pedro de Macorís  el día en que llegamos.” El uso adecuado  de “en que” lo podemos visualizar tomando un fragmento  extraído de un libro del experimentado escritor dominicano Orlando Alba, el cual dice así: “…la frecuencia del fenómeno se acrecienta en la medida en que desciende el nivel escolar de la persona.” (Orlando Alba, Una mirada panorámica al español antillano, 2016, p. 21).

En honor a la verdad, Avelino emplea con cierta abundancia “en que” en la  forma debida. Tomemos como ejemplo una página, la  104: “Llegaron para la época en que Boyer buscaba desesperadamente un mayor número de gente para gobernar…” También podemos chequear la 179: “Fue el año en que se celebró el día del azúcar.” En  la 191 también aparece un empleo correcto de “en que”: “La verdad es que para esa época en que terminó la Segunda Guerra Mundial la situación se puso fea.” Creo muy  probable que aparezcan algunos casos más de uso adecuado a las normas.   Por supuesto, en la mayor parte de su obra,  Avelino emplea con  corrección la mayoría de las oraciones de relativo en sus diferentes variantes.  Esa es la pura verdad.

Me sentiré complacido con el esfuerzo realizado analizando Tiempo muerto y expresando mis consideraciones basadas en esos dos fenómenos lingüísticos, Les adelanto que posiblemente en otro ensayo trataré lo referente a la normativa ortográfica y a la  sintaxis en otros aspectos. Me sería de mucho agrado si Avelino Stanley y los demás lectores de mis ensayos  estiman que las pautas que he ofrecido en esta ocasión les pueden ser útiles en su labor de escritores o de usuarios de nuestra lengua española.


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