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Fausto García

Fausto García


El cambio va, aunque se hunda la isla


  • 30.06.2020 - 12:00 am

“Siempre tengo algo por hacer, pues no tener nada que hacer, es algo por hacer¨. (Fausto García). 

A nivel electoral, amén del Covid-19, este ha sido y será un año especial, el cual pasará a la historia con eventos característicos muy propios, tantos por los ya acontecidos como por los que se aproximan en los próximos días. Parte de ellos, como es sabido de todos, derrumbaron todos los planteamientos y pronósticos políticos de las contiendas por las primarias celebradas por los principales actores.  Previo a ellas, los meses o años anteriores, estuvieron matizados por pugilatos extremos protagonizados por los dos caudillos del partido de gobierno, el presidente Fernández y el presiente Medina. Y todo se derrumbó, como dice la canción, porque nadie sabía o esperaba que el odio entre ambos líderes era tan grande que llegaría a dividir al mayor partido que por décadas había gobernado esta patria sin dueños.

Aunque muchos lo pensaran, pocos, para no decir nadie, lo creía, es decir, que las diferencias eran hondas y el ansia de poder era tan desbordada como para cerrar el entendimiento y la razón y dar paso a las apetencias por las mieles del panal de un palacio presidencial, que al parecer empalaga a los que la prueban. De ahí que no hubo politólogo, sociólogo o pensador alguno que pudiera vaticinar lo que ocurrió, por lo que todas las teorías e hipótesis tejidas en el laberinto de la política nacional se vinieron abajo como copas de nieves que llegaron a formar grandes montañas que el calor derritió.

En mi caso, fui uno de los que me atreví a pensar y externé lo que pensé, por tanto, fue un fiasco mi planteamiento.  Desde que la corrupción en el gobierno del PLD se adueñó de lo poco que quedaba del quehacer político, asumí una posición o criterio un tanto contradictorio.  El mismo era sostener e invitar a que los gobernantes de turno “aceleraran el paso”, esto es, que donde se robaban 100 millones, se robaran 200 para que esto se acabara pronto, y tocáramos fondo, y viniera la revuelta social con las características y secuelas que todos conocemos.  Esto porque entendía que, con leyes, tintas, papeles, urnas, boletas y “elecciones” aquí nada iba a cambiar, que por mucha vuelta que se le diera a la tómbola de las trampas, siempre sería lo mismo, trampas y más trampas. Para los que me conocen, sé que es un tanto contradictoria esta actitud hasta con mi forma de ser y de pensar. 

No obstante, sigo creyendo lo mismo, pero veo una pequeña luz en el túnel oscuro en que se encuentra la política criolla, que me hace no cambiar mis ideas, sino abrigar una mínima esperanza de que de este atolladero salga alguien que en el fondo vendría siendo una especie de “mesías implícitamente esperado” por un pueblo cansado de tantos desastres, de tantas inmoralidades, de tantos que han hecho de la política un negocio, de tantos que han vaciado las arcas del Estado y se pasean impunes por las calles, estrujándoles a los pobres, su doble o triple pobreza, de tantos que este país no le duele y que lo han hipotecado hasta la séptima generación. 

Ese “mesías implícitamente esperado”, puede ser mi candidato, puede ser el tuyo, puede ser el de ustedes, pero haciendo abstracción del idealismo, y yendo al plano de lo real y objetivo en función de las ofertas y posibilidades que tenemos, lo es y parece ser que lo será LUIS ABINADER.  Lo será porque es lo que se siente o percibe en el pueblo, en su gran mayoría, fuera de los que están pegados de la teta de la vaca del poder, que cuentan con un “penco” que les ofrece mantenerles la leche, pues la vaca con él, aunque es de otra especie, seguiría siendo lechera. 

El título de esta elucubración lo tomé de uno de tres personajes, chiriperos, que una de las esquinas de la ciudad de Santiago de los Caballeros, a pesar del calor sofocante que dominaba el entorno, hablaban muy ilusionadamente de los candidatos y del posible ganador.  Luego de oírlos defender sus posiciones encontradas, otro busca vida, como me dijo el aguacatero aquel que ellos se llamaban, y que se mantenía cerca escuchándolos también con pasión, les dijo en voz alta: EL CAMBIO VA, AUNQUE SE HUNDA LA ISLA. Y creo que sí, que el cambio va.  Va porque el pueblo sensato se cansó de tantos abusos en su contra, de tanto despilfarro del dinero del Estado en proselitismo y campañas que hieren la inocencia de un pueblo pobre que despierta y se acuesta con la esperanza, además del pan material, de ver una nación que tenga institucionalidad, que se respeten los derechos de todos, en particular de los desprotegidos, donde se acaben los privilegios irritantes, y se le ponga costo al narcotráfico, a la violencia de género, al desempleo, al robo descarado del dinero del pueblo sin ningún tipo de consecuencias, y donde unos pocos se la pasan lamiendo la miel del panal, mientras las grandes mayorías, recogen las migajas que dejan caer, cuando les place, unos amos, a quienes los sirvientes les importan muy poco, y a los cuales utilizan en tiempo de campañas para mantenerlos sumergidos en la peor de las pobrezas, la ignorancia. Ojalá que llegue ese “mesías implícitamente esperado”, y ponga este país con las patas para arriba, imponiendo simplemente el imperio de la ley, que es lo que ha hecho de los países desarrollados, lo que hoy son.     


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