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Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


Dos delirios presentes en las elecciones dominicanas: el de ‘perjuicio’ y el de ‘referencia’


  • 17.02.2020 - 12:00 am

El editorial de Diario Libre del lunes 10 de febrero, titulado Táctica equivocada, se inicia diciendo: No hay nada más fuerte en unas elecciones dominicanas que el síndrome que afecta a los candidatos de que los están engañando. 

Tal vez sin proponérselo, en ese párrafo dicho editorial recrea aquella idea en la que Maquiavelo anticipaba los rasgos de las habilidades del político que no teme despuntar una práctica mentirosa y que, 500 años después, hacia la década del 1980, varios autores empezaron a llamarla “psiquiatrización” de las querellas o conflictos políticos pues los seguidores de un partido están predispuestos a tachar de maligno, persecutorio, criminal, engañoso, retorcido, inmoral o corrupto cualquier acto, declaración, deseo o decisión que respalden los partidarios de un partido contrario. 

Es decir, unos partidos políticos ponen en circulación ideas ilusorias y delirantes sobre actitudes y hechos que atribuyen a partidos adversarios. Son ideas ilusorias y   delirios caracterizados por una fuerte carga emocional o pasional expresadas y martilladas con tal insistencia y sobredimensión que parece que sus propiciadores  no se dan cuenta que los delirios constituyen una alteración de la realidad por lo que las  percepciones que tenemos mientras dure el estado o periodo delirante no son reales, y si nuestras percepciones no son reales, los juicios que formulemos serán erróneos e irreales. 

El espectro paranoide es tan real y común durante los procesos electorales dominicanos que la mayor parte de los ciudadanos que militamos en partidos políticos tendemos a caer, como caen compactamente juntas las miles de gotas de un chorro de agua en un bidón, en los mismos  delirios y creencias repetidos por las cúpulas que nos dirigen. Son como una especie de delirios compartidos por todos los militantes de un partido junto a su cúpula. 

Lo curioso es que los seguidores de los distintos partidos en un desusado esfuerzo por no quedar fuera del escalafón partidario, valiéndose de los medios de información, atribuimos públicamente a nuestro rival político el delito o crimen más torpe o repugnante basándonos en que aquel adversario haría lo mismo contra nosotros o contra nuestro líder. Así, los partidarios de uno y otro partido actuamos como si nuestro único deber fuera mentirnos mutuamente. Y al actuar de esa manera tan indecorosa e infame no se percibe que se cae en lo que una vez dijera el poeta español Antonio Machado: Cuando dos gitanos hablan se mienten, pero esa mentira es inocente, pues al mentirse ambos no se engañan, y no se gasta más saliva de la necesaria.

Prácticamente todos los seguidores de los diversos partidos en los meses previos a las elecciones somos aromatizados por una especie  de personalidad  paranoica cuyos rasgos más destacados son la falsedad de juicio, la carencia de culpa o de vergüenza por acusar falsamente a nuestro adversario, la sospecha de que nos persiguen o nos engañan en los hechos y en la palabra, la definitiva creencia de que si el otro no es mi conmilitón entonces intentará por todos los medios causarme un perjuicio tan contundente que aniquilará para siempre mi prestigio, mi honor o mis posibilidades de lograr la fortuna económica razón por la cual es frecuente que ocurran homicidios entre contrincantes políticos durante los procesos electorales,  y  como si ese perfil fuera poco, sin que pueda establecerse distancia entre estos rasgos y el delirio de perjuicio, a ellos se suma el delirio de  ‘referencia’. 

El delirio de ‘referencia’ como parte del síndrome paranoide en el comportamiento de los simpatizantes y dirigentes políticos en nuestro país se manifiesta mediante la “politización” antojadiza  o disparada de cualquier simple decir, acto o palabra de un dirigente político. Lo dicho,  el acto o la actitud de ese dirigente son interpretados como una referencia lisonjera o como un ataque directo o triangulado entre ese dirigente y un tercero. En ese delirio de “referencia’ que deambula entre los seguidores de los partidos o de sus líderes, fue donde se originaron los suspicaces comentarios que mucha gente vio en las redes sociales y reproducidos por los diarios impresos publicados en contra del secretario general del PLD, Reynaldo Pared porque éste declaró que hubiese preferido que Leonel no se fuera de su partido, y que una licitación para la compra de electrodomésticos en estos momentos fue una decisión imprudente de una funcionaria. 

Pero ¿por qué sucede en el mercado electoral de nuestro país toda esa jaibería política? Sencillamente, el capitalismo brutal nos ha enseñado que la honorabilidad, la honradez, lo veraz, el decoro, la dignidad, la vergüenza y otras “necedades” que heredamos de nuestros antepasados,  no son más que motivos inútiles, simplezas fósiles que alejan las “cosas buenas de la vida”. Llegar al poder nos pone en el primer peldaño de alcanzar  el  verdadero poder, el del dinero, pues adquirirlo a través del poder es una tarea tan “inofensiva” que se ha llegado a creer que hace tiempo se borró la diferencia entre el enriquecimiento ilícito y el  lícito. 


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