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Ramón E. Durán

Ramón E. Durán


Dios hizo un mundo de equidad


  • 16.04.2020 - 12:00 am

No vamos a profundizar  acerca de  temas religiosos  que no están a nuestro alcance,  pero  lo más importante  es nuestra  creencia   de la existencia, grandeza, poder y sabiduría  del Sumo Creador  que todo lo  hizo  perfecto, porque  Dios es  único y verdadero.

 Para los  incrédulos  Dios solamente existe en  las  situaciones difíciles,  pues invocan  su nombre en la adversidad  y la impotencia,  exclamando :´´ Dios porqué tu permites que esto   suceda, ´´ , sin embargo ante  las dificultades   no podemos culpar a Dios, porque nosotros  somos  los     dueños de nuestros hechos, ya que él  nos dio libre albedrío para pensar y actuar  y      nos dejó plasmado  en su inspirado libro   llamado la Biblia, cómo debemos comportarnos para que hagamos las cosas bien y no exista nada de que  lamentarnos .  

Qué culpa tiene Dios de que como consecuencia de los gases que emana la contaminación ambiental se haya agrietado la capa de ozono que   impide  que los rayos del Sol lleguen directamente  a la tierra produciendo el sobrecalentamiento del planeta    situación que provoca los  fenómenos naturales llamamos huracanes y  que tantos daños les  hacen a los países  ubicados en el trayecto que recorren año tras año. 

Dios no es el   culpable del  terremoto en la República de  Haití, en el año 2010, donde   se estima que murieron más de  300 mil personas  y que además   produjo  cuantiosas pérdidas materiales,  que   de acuerdo a    una  agencia rusa, fue provocado por un experimento nuclear que hicieron los Estados Unidos en las proximidades de la costa de Puerto Príncipe,  por un error de cálculo.

 Tampoco Dios es  culpable de que   los atentados  terroristas del grupo Al Qaeda  el  11 de septiembre del año 2001, mejor conocido como  el 9-11  en los Estados Unidos,  donde murieron más de 3 mil personas se pudo evitar, pero qué, al entonces Presidente George W. Busch hijo, por razones todavía desconocida,   esta  acción deleznable parece que le  convenía que sucediera. 

Dios no tiene la culpa  de que la riqueza del mundo esté  repartida solo en  un   reducido grupo   y que aproximadamente 3,400 millones de personas   tienen dificultades para satisfacer sus necesidades básicas, porque sus ingreso percapitas diarios  es de menos de tres dólares, pero además  821 millones de personas sufrían  hambre crónica hasta el año 2018. 

Pero además, según, un informe de Las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) un tercio de los alimentos que se  producen para el consumo humano se pierden o se desperdician en todo el planeta, equivalente a cerca de 1,300  millones de toneladas al año y que  solamente en los Estados Unidos echan al zafacón  150 mil  toneladas de alimentos anualmente,  equivalente a 422 gramos por habitantes. 

Así como    9 grandes países del mundo poseen el 60 por ciento del agua potable disponible,     el restante     40 por ciento   se reparte entre 185 países soberanos miembros de la Naciones Unidad, pero además  780 mil personas mueren cada año por falta de acceso al agua potable. En el año 2015, 4,500 millones carecían de servicio seguro de agua, lo que indica que  en el mundo no existe equidad en la repartición de los bienes,   contraviniendo el propósito de Dios.

 Hay  tantas cosas por  señalar, suficientes para escribir un libro y aunque parezcan especulaciones  en este mundo, nada se puede dudar como por ejemplo que el VIH-SIDA  es una enfermedad inoculada y que al carismático líder político  venezolano Hugo Chávez  los  Estados Unidos, mediante un artificio le transmitieron  el cáncer mortal que en poco tiempo acabó con su vida,  así como la versión de un científico español de que el Coronavirus se escapó de un laboratorio chino en Wuhan. 

Isabel dos Santos, hija del expresidente de Angola José Eduardo dos Santos es considerada la mujer más rica de África, con una fortuna  ascendente a mas de dos mil  millones  de dólares, riqueza que obtuvo gracias al nepotismo y la corrupción, convirtiendo ese país rico en petróleo y diamantes  en uno de la Estados más pobres del mundo.

Según  ella  posee un imperio empresarial de más de 400 empresas, una mansión de 55 millones de dólares  y un yate valorado en 35 millones, y otra lujosa residencia  en una isla artificial en Dubái, capital de los   Emiratos Árabes, por ese derroche de recursos económicos robado a los pobres no se puede culpar a Dios. 

Dios no puede intervenir ante  las   injusticias que se cometen  en el mundo, porque a su debido tiempo él  juzgara a cada uno de acuerdo a sus hechos. El libro    de Mateo, capitulo 24, versículo 51,  sentencia lo siguiente: ´´el día menos esperado el Señor lo castigará duramente  y pondrá su parte con los hipócritas; y allí será el lloro y crujir de dientes´´.

  


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