Comentarios Recientes

0
Luciano Filpo

Luciano Filpo


Día Internacional del Trabajo


  • 02.05.2019 - 07:15 pm

 (I)

La Revolución Industrial iniciada en el siglo XVIII, produjo ingentes transformaciones en el siglo XIX. La misma trajo cambios en la vida urbana y rural, en las relaciones sociales, en el transporte, en la producción fabril y el campo, en las comunicaciones y en la salud. Esto generó que emergieran las ciencias sociales en el siglo decimonónico, como referente teórico para explicar las transformaciones que acaecían: Sociología, Historia, Economía, Antropología, Psicología y Geografía social. La Revolución Industrial generó un capitalismo industrial y financiero así como la aparición del proletariado o la clase social que produce una ruptura con la pequeña propiedad, para convertirse en asalariado del sistema de fábricas. A mediados del siglo XIX los obreros asalariados tenían escasas libertades y eran sometidos a extensas jornadas laborales (entre 12 y 15 horas diarias).        

Diversas doctrinas sociales y teóricas intentaron explicar la relación obrero patronal en el marco del capitalismo industrial: el socialismo utópico, socialismo marxista, el anarquismo y la doctrina social de la iglesia. El marxismo y el anarquismo favorecieron la organización y lucha de los trabajadores para alcanzar una vida digna y solidaria. Desde la perspectiva anarquista había que destruir el Estado y a la iglesia porque ambas entidades legitimaban la opresión hacia los trabajadores. Por su parte El marxismo apuesta a la organización de los trabajadores, hacia educación y concienciación con el propósito de arrancar conquistas tangibles a los patrones burgueses, dueños de los medios de producción y quiénes se quedan con los beneficios que generan los trabajadores a través de la plusvalía. El movimiento obrero creció en las sociedades industriales: Inglaterra, Alemania, Francia y Estados Unidos. Los hombres y las mujeres trabajadoras desafiaron el poderío de los empresarios y empezaron a organizarse en sindicatos y a reclamar condiciones justas de trabajo: ocho horas de trabajo, ocho horas de recreación y ocho horas de sueño. Los atropellos, vejaciones, maltratos y recriminaciones no cesaron: mujeres, niños y hombres eran segregados en los espacios de trabajo. Mujeres fueron incineradas en sus espacios laborales, hombres fueron apresados reprimidos y coactados cuando intentan formar sindicatos. No obstante la represión patronal se crearon grupos sindicales tales como: los cartistas, los ludistas y los espartaquistas. El movimiento obrero internacional celebró varias conferencias internacionales con el propósito de aunar esfuerzos entre los obreros y generalizar un clima de lucha que coadyuvara al logro de reivindicaciones tales como: libertad sindical, salario digno y jornada laboral de ocho horas. A finales del siglo XIX, EEUU disponía de la principal economía capitalista del mundo, grandes magnates habían creado exitosos monopolios: Pullman, Rockefeller, Ford... la existencia de exitosos monopolios era a base de la explotación inmisericorde de los trabajadores: New York y Chicago eran de los principales polos de la opresión laboral. Entre 1884 y 1886 cientos de mujeres fueron víctimas del capitalismo salvaje en ciernes, encerradas en una fábrica e incineradas, era una especie de campo de concentración o crematorio. Esto facilitará que se hable de los mártires de Chicago. Desde el 1/5/1890, se empezó a proclamar entre corrillos obreros el primero de mayo como día del trabajador. Esto se internacionalizará y se conmemora a nivel del mundo. Durante todo el siglo XIX los trabajadores padecieron muchos vejámenes, pero esos avatares no los amilanan y se mantienen hasta conseguir demandas decentes. Lo que fueron titánicas jornadas de lucha para alcanzar 8 horas de trabajo, libertad sindical y una remuneración digna parecen desaparecer en la faceta consumista del capitalismo. Ahora hay que tener varios empleos, ser un jornalero, chiripero, una miscelánea laboral para encarar los desafíos de un consumo desenfrenado y desenfocado.        

Parece que estamos mejor, pero hay más esclavitud que nunca, la alienación y enajenación nos arropan; el movimiento obrero organizado ha desaparecido, la naturaleza de los procesos laborales han variado en relación a la revolución industrial, pero se ha profundizado la explotación. La economía global se terciariza, ya no se observa la vieja y ancestral confrontación entre el patrón y el obrero. La globalización de la economía, el comercio y las finanzas lo han trastocado todo. El Estado de bienestar que parecía defender los intereses de la clase trabajadora o desempeñar un papel corporativo ha cedido a las presiones del mercado y a la privatización. Las fuerzas de las megacorporaciones y trust han pulverizado el rol mediador del Estado. Se está ante un capitalismo sin ciudadanía, sin escrúpulos y sin valores éticos donde sólo se impone el afán de lucro, ganancia o beneficio, no importa que esto se produzca a costa de la marginalidad, pobreza y exclusión. Los que trabajan cada vez sufren los mecanismos de expoliación, los trabajadores se hallan indefensos, desorganizados y atomizados, se procura reducir los derechos que costaron muchas vidas y sacrificios de generaciones anteriores. El mundo de la revolución industrial ha cambiado, el mundo posmoderno se ha individualizado y atomizado. Parece que han pasado de moda las utopías colectivas. Hoy la explotación es más ostensible que nunca la negación de derechos adquiridos es una amenaza latente y continúa. La organización, la creación de espacios sociales y la educación crítica son herramientas para encarar la coyuntura narcisista, hedonísta e individualista que se lleva por delante hasta los marginados.

El autor es doctor en Educación.


Comentarios

Name of User
Sé el primero en comentar

Ir arriba