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Josefina Almánzar

Josefina Almánzar


Deuda Social


  • 01.08.2019 - 05:12 pm

Desde el nacimiento de la República en 1844 el Estado Dominicano ha vivido en deuda con sus ciudadanos y ciudadanas.
   
En esa época y en el siglo XX tuvimos la mayoría de las veces bajo la tutela de gobernantes totalitarios, arbitrarios, dictadores que para nada les importaba esta ciudadanía.  Fuimos acribillados, torturados, mutilados como pueblo.
   
Cada vez que una tendencia política liberal emergía era arrasada, aniquilada por la tendencia conservadora. La oligarquía nacional terminaba obstaculizando procesos de avances y de progresos para la mayoría con el malsano propósito de  mantenerse controlando el poder. Fueron muchos los hombres y las mujeres de valía quienes perdieron sus vidas por sus ideales y por darle a la patria la dignidad que le habían robado los dueños del poder.
   
La fundación del Estado Dominicano se estableció sobre la base de un “contrato social” bajo el cual se plantea un régimen democrático con una correcta administración de fondos públicos  en función del beneficio de las mayorías.  Esta premisa se ha ido relegando a la hora de distribuir los fondos públicos. Las justificaciones para no invertir en programas sociales han variado: la necesidad de preservar la integridad de la nación, el establecimiento del orden y la consolidación de la República. Pero muchas otras veces, el incumplimiento de la responsabilidad de promover el bienestar de la población ha sido simplemente por ambición y falta de compromiso con las normas éticas de nuestros fundadores. Lo cierto es que por una razón y por otra se ha ido acumulando una deuda social, un déficit de gobernanza hacia las clases populares.
   
A finales del siglo XX luego de tantas luchas y derramamientos de sangres, centramos nuestras esperanzas en personas, en supuestos líderes con tendencias liberales  que con discursos y retóricas maravillosas tienen la capacidad de enamorar al pueblo. Sin embargo, sus discursos, promesas y declaraciones no han mermado  la deuda social la cual se amplia desde el 1844.  Tal parece que no todos y todas tenemos el privilegio de vivir en un Estado de Derecho por más que se establezca o se quiera establecer en nuestro texto constitucional. En la práctica, los marginados, “no tienen quien les escriba”.  Tienen que valerse de recursos no contemplados en una legislación determinada. En vez de elevar su voz a las instancias judiciales para reclamar un derecho, los excluidos del sistema tienen que hacer justicia por sus propias manos, porque simplemente los  ciudadanos de a pie, en nuestro sistema no son tomados en cuenta.
   
La deuda social del Estado Dominicano se acrecienta con el aumento de la desigualdad social. Se manifiesta en nuestra cotidianidad creando brechas que no son digitales sino brechas de hambre, de pobreza, de analfabetismo, de enfermedades.
   
Ahora bien, es necesario el convencimiento de que la responsabilidad de los cambios del  Estado para que deje de tratarnos como súbditos, como si ellos fueran  amos y señores contra vasallos, aprovechándose de nuestro sudor y esfuerzos, sólo depende de nosotros.  Si el pueblo dominicano continúa en una actitud de permisiva, anestesiado, envuelto en su burbuja de cristal como si nada nos importara esa deuda social se perpetuará por los siglos de los siglos.

La autora es abogada y docente universitaria.


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