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José Jordi Veras R.

José Jordi Veras R.


Descomposición de una profesión


  • 14.01.2020 - 12:00 am

Para estas mismas fechas y a propósito del día del Poder Judicial, escribimos un artículo titulado: “Entre la inocencia y mi profesión”; en el mismo ofrezco algo parecido a un testimonio de mis motivaciones en este hermoso oficio, pero que la bajeza humana y la permisividad e impunidad, han permitido que su degradación sea a grandes niveles y en forma alarmante. En el mismo establecimos,  lo siguiente: 

“Hace muchos años, cuando apenas era un chaval por allá por los años de 1974 y 1975, y el país se vivía una situación tensa y de mucho terror fundamentado en el gobierno intolerante del Dr. Balaguer, el famoso de los “doce años”.  Tiempo peligroso para aquellos hombres y mujeres que vivían enfrentando desde el punto de vista político al gobierno balaguerista; tenían su vida y la de su familia pendiente de un hilo y en constante asedio.    En ese ambiente me desarrollé viendo como mis padres, uno vistiendo su toga y birrete para defender los presos políticos sin excepción y mi madre siendo solidaria con esas mismas personas, acogiéndolas en su hogar y apoyando y acompañando a mi padre en cualquier lugardel país, hasta en los más recónditos lugares”.

“Mi niñez, dentro de mi inocencia, era pensar que sería abogado algún día y que realizaría la misma labor que mi padre.  Fui creciendo viendo la forma como se ejercía la abogacía, el respeto que había entre colegas y pocos que se dedicaban a realizar entuertos éticamente hablando en la carrera.   Incluso los gremios de abogados de entonces eran reales representantes de los intereses y problemas de los abogados, no lo que hoy son, simples centros de promoción del ego personal y del uso de la politiquería de los diferentes partidos mayoritarios.  Con la idea en mi mente de lo que había vivido cuando niño, mantuve siempre la idea de estudiar la carrera de derecho, a pesar de que veía la oposición de mi padre de que estudiara la misma por entender que la forma tan rápida en que se estaba corrompiendo su clase y lo relajado que estaría con el tiempo, eran elementos suficientes para tratar de percudirme que me interesara por otra carrera”. 

“A pesar de las advertencias y de que buscaba que no pasara por las mismas cosas que ya él comenzaba a sufrir, decidí continuar adelante, siempre pensando en que la justicia y el derecho prevalecerían, que la imagen y los recuerdos que tenía del ejercicio de mi padre serían capaces de ofrecer grandes compensaciones de satisfacción al momento de ejercer la profesión en favor de quienes necesitaban mis servicios.  Sin embargo, la realidad de hoy es muy diferente, iniciando por el hecho de las exigencias para formar un abogado o abogada; la calidad del pensum; el hecho de que decir o expresar que se tiene como profesión la abogacía es un sinónimo de rastrero, estafador y sinvergüenza, porque  unos cuantos se han dedicado y utilizado su capacidad y su profesión para engañar, no sólo al contrario y al abogado de esa parte, sino a su propio cliente si se descuida. Se cuentan con los dedos de una sola mano las entidades públicas y privadas, así como abogados en particular que sean capaces de ejercer acciones en contra de ellos y de los que tienen títulos para delinquir. Lo que la gran mayoría prefiere es hacerse el indiferente o utilizar los servicios de mafiosos.  Hoy lo que prima es el abogado que se conoce como que “resuelve” a como de lugar, aunque sea inventando testigos, creando historias para hacerlas realidad, ocultando información, apropiándose de lo ajeno por vía de testaferros, en fin, si bien en muchos casos utilizan los caminos y el proceso legal, no así el ámbito de la ética, porque lo importante es el resultado y el fin, ya que los beneficios comenzaran a caer”.

“El que ejerce la profesión de abogados con un método totalmente diferente al mafioso y al maleante con corbata, debe cuidarse del abogado contrario que no pertenezca a la escuela de aquellos que usan la toga, el birrete y la ley como excusa, pero que detrás  poseen toda una maquinaria para el robo y la estafa.  Asimismo, debe tener cuidado de cierta clase de cliente que mañana desea sacar mayor ventaja de lo legal y lo justo.  El tigueraje con el que se ejerce hoy, ofrece dentro de la profesión más decepciones y amarguras que satisfacciones.   Como está el ejercicio de la profesión de abogados hoy día, con la mafia como principio y ninguna institución dispuesta a castigar a los que ejercen de tal forma, no desearía que ningún hijo o hija estudie la carrera de derecho”.

“Trato de que el quehacer diario de mi ejercicio profesional no sea obstáculo para poder disfrutar mi familia, mi hija Miranda principalmente y que no se tenga que sentir avergonzada ni señalada pensando que su padre es un abogado que todo lo que consigue o lo que tiene es obra del engañifa, la estafa, la mafia y la ganancia de lo indebido, simplemente bajo el argumento que es para mantenerla a ella y al resto de mi familia.   No sería capaz de vivir tranquilo con mi conciencia sabiendo que en la mañana fui capaz de dejar libre a un asesino, en la tarde criticar los males sociales por los medios de comunicación y en la noche sentarme con mi hija Miranda a decirle que es grave asesinar personas, robar y quedarse con lo ajeno.  Respeto el que piensa que todo mundo merece un abogado, sin embargo, existen situaciones, sobretodo el abogado o abogada que hace opinión o que de una forma o de otra participa en los medios que le queda muy grande utilizar la doble moral”. 

“Muchos abogados y abogadas que entran al  ejercicio de la profesión, por la necesidad de trabajo y un espacio, muchas veces caen en las manos de los que ejercen de forma mafiosa en el ejercicio, teniendo que aprender lo incorrecto, llevándose con esto en ocasiones los ideales que pudo adquirir en el hogar, en la escuela y en su entorno”.

Hoy, trece años después que escribiéramos este escrito más arriba citado, lamentablemente no podemos decir que las cosas han mejorado en est sentido, al contrario, hoy se le teme o se venera o se protege a quien ejerce de forma inmoral; mafiosa; sin escrúpulos. Pero tampoco tiene quien le regule ni le frene ese accionar, entonces estamos ante un “laissez faire”, que lo único que ha hecho es restarle confianza a quien lleva una toga y un birrete, y sea vea como alguien sin valor alguno. 

Es por todo lo anterior que solo resta esperar que algún día comencemos a notar mayor decencia en el ejercicio del derecho y que los abogados que hoy inician sean motivados por mejores ejemplos que le den brillo a lo que hacen y no descrédito ni duda.  


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