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Samuel Reyes

Samuel Reyes


Desarrollo sí, opresión no


  • 11.01.2020 - 12:00 am

Confucio un día encontró una mujer que lloraba sin consuelo sobre el cadáver de su esposo descuartizado por los tigres. También su hijo de tres años también había sido devorado tiempo atrás por esas fieras. Confucio le preguntó por qué no se trasladaba a otra región más segura, donde no hubieran tigres. La mujer respondió rápidamente que no se iba de allí porque el gobierno de esa provincia no era opresor.

Para que este país se desarrolle se necesita de un consenso social y de una voluntad colectiva. Consenso para decidir que algún día seremos un país desarrollado y la voluntad para vincular a la sociedad en el proceso y hacer partícipe de los logros a toda la población a través de una real redistribución de la riqueza nacional. Pero, retomando la anécdota de Confucio el gobierno no debe ser opresor dificultando el avance de los ciudadanos y empresarios, sino que debe ser el facilitador del desarrollo.  

En tal sentido a la fecha esto no se ha entendido, sino que más bien el papel del gobierno ha sigo el tratar de ganar el favoritismo de la gente para mantenerse en el poder. 

Esto se ve en el presupuesto nacional durante los años de la era peledeísta y especialmente del gobierno danilista. Esto es aplaudido por muchos ciudadanos y no se preocupan por exigir un papel más elevado del gobierno. Hay una estabilidad macroeconómica pero es opresora porque se obtiene por ejemplo, a través de los impuestos de los combustibles. Solo los que piensan más allá entienden que la estabilidad macroeconómica es solo el más bajo peldaño de la escalera desarrollista.

Pero persisten los tigres que diezman la población dominicana. Merodean los tigres: malos servicios de salud, baja calidad de la educación, inseguridad, empleos y pensiones indecentes, déficits de viviendas y recreaciones nocivas. La deuda externa e interna ha ido en aumento por el déficit fiscal persistente y la inversión en capital ha ido decreciendo. 

Un aspecto positivo es que el Producto Interno Bruto se ha incrementado junto con el incremento del presupuesto nacional. Pero esto se explica por el aumento sistemático del gasto corriente, la explotación intensiva de nuestras minas, el auge del turismo y zonas francas, y el lavado de activos incluso fruto de la corrupción del gobierno, en conjunción con el tráfico de drogas. Otra razón es la estimación complaciente del PIB de parte de técnicos retocadores de estadísticas.  

Los países del Asia Pacifico como Japón, China, Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong, Singapur, Malasia, Tailandia, Indonesia y Filipinas representaban el 4% de la riqueza del mundo en 1960. En el 2020 acumulan la tercera parte de la riqueza del planeta. ¿Cómo lo lograron? Aplicando medidas macroeconómicas correctas, criterios de estimulación capitalista y disciplina gubernamental y social para mantener altas tasas de ahorros. Esto es contrario al derrotero que ha seguido el gobierno en casi 24 años. La gente emigra del país por los tigres y la opresión.       


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