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Redacción

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Desafío de los partidos


  • 16.03.2021 - 12:00 am

El PLD dio este domingo pasado una demostración de su necesidad de presentarse como un partido renovado y fortalecido, luego de haber sufrido su más humillante derrota producida por la combinación de un partido emergente como el PRM y de la división que dio lugar a la Fuerza del Pueblo.

Pero el PLD arrastra un estigma, el de la corrupción, que no le será fácil quitárselo de encima, sobre todo por el ambiente que favorece una Justicia con mayor independencia del partido de gobierno y que parece decidida a encarar los casos pendientes de corrupción que afectan en especial al PLD. Ese es su gran desafío y sobre el cual no hubo una sola refe­rencia en el acto del domingo pasado: la corrupción fue el tema vedado en el acto de juramentación de sus nuevas autoridades encabezadas por el expresidente Danilo Me­dina.

Al igual que el PLD, la Fuerza del Pueblo se prepara para culminar con su Congreso que también terminará con la elección de sus autoridades, observándose una diferencia: que mientras el PLD no eligió sus autoridades con el voto universal de su membresía, es decir, recurriendo a la legitimidad democrática, y por el contrario haciéndolo mediante el voto fáctico y reducido de sus estamentos autorizados; la Fuerza del Pueblo por su lado ha anunciado que lo hará recurriendo al criterio de la legitimidad democrática determinado por su membresía universal con derecho al voto.

Esa diferencia tiene su origen en que aunque muchos de los dirigentes de la Fuerza del Pueblo están marcados también por el estigma de la corrupción, se autoperciben protegidos por los artículos del Código Procesal Penal que limita el tiempo para la persecución de los casos de corrupción, no obstante a que una jurisprudencia establecida por el fallo de un Juez hace imprescriptibles los actos de corrupción.

No obstante, ambas facciones organizadas del peledeísmo, tienen un elemento a su favor consistente en disponer de sendas facciones de la clase gobernante y también dominante que construyeron a su paso por el Estado, precisamente aplicando la corrupción más sistemática y estructurada que registra la historia política dominicana, luego de la Dictadura. No obstante, tienen en su contra que ambas facciones asumen el objetivo de una imponerse sobre la otra.   

Esa situación conflictiva y dialéctica, puede ser aprovechada por el partido actual de gobierno, tal como lo hiciera para salir airoso en las pasadas elecciones, materializando a su favor la opción de síntesis, pero para lo cual deberá definir su compromiso de clase.   

Esa posición de clase debe irse a favor de las clases medias impulsadas por las medianas y pequeñas empresas, de donde tendrá que surgir la nueva clase gobernante y dominante sostenedora de la doctrina institucional del Estado Democrático y de Bienestar. En ese camino el  Estado tendrá que regular y controlar las tendencias al monopolio y al oligopolio en la economía, a modo de superar los regímenes oligárquicos y caudillistas, que han dominado la historia política dominicana trabando su desa­rrollo y la misma democracia.

¡Definamos, pues, el futuro de los partidos!           


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