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Redacción

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Desafío a la democracia


  • 17.11.2020 - 12:00 am

El presidente Trump de los EE.UU ha admitido finalmente la victoria del señor Biden, aunque achacó su derrota al “fraude” en las elecciones en esa gran democracia, pero sin aportar pruebas. Todavía, en consecuencia, es incierto el panorama político hasta que el señor Trump no desista de recurrir a la Corte Suprema, donde tiene el favor de la mayoría de esos jueces, designados por su administración. 

La actitud de resistencia del Presidente Trump constituye una orientación poco habitual en la democracia del Norte, siendo más bien una orientación típica de los países de Latinoamérica, especialmente los del Caribe, donde han sido tradicionales las asonadas militares contra el orden institucional democrático, al igual que en otros países de Sudamérica, donde se han hecho regulares los golpes constitucionales para sacar presidentes, así como la judicialización de la política.   

La actitud de Trump y esos antecedentes, hacen pensar razonablemente que la democracia en el gran país del Norte se encuentra amenazada, por un go­bernante cuyos antecedentes empresariales, lo condicionan a favorecer el uso de los poderes fácticos asociados al dinero, en contra de los poderes que se asocian a la legitimidad democrática que emanan de la voluntad po­pular, y  que claramente se manifestaron  en las elecciones del 3 de noviembre, dándole el triunfo a la candidatura de los demócratas. 

La situación inédita creada por el comportamiento de Trump, desafía las tradicionales y sólidas instituciones de la democracia norteamericana y constituyen una expresión de la distorsión  que ha surgido en el capitalismo neoliberal, donde se da que los empresarios quieran asumir directamente la conducción política de los gobiernos. Esa tendencia es la que está de fondo en el movimiento de derechización que se observa en la política mundial. 

Esos procesos también están detrás de la crisis y el desafío  a la democracia en Brasil y en Perú, para mencionar solo dos ejemplos. En esos países el desafío a la democracia es  consecuencia de la incursión empresarial y  de los negocios en el mundo de la política, países donde la demo­cracia está en crisis, consecuencia de la corrupción internacional que protagonizaran las multinacionales brasileñas encabezadas por la Odebrecht. 

Perú, por ejemplo, no ha podido estabilizar su institucionalidad democrática, luego de que sus últimos presidentes y go­biernos se vieran implicados en el caso de corrupción que impulsaron  los empresarios y políticos implicados en la estafa del “Lava Jato”, de modo que hoy vive una situación crítica bajo la protesta ciudadana y sin gobierno.

Estos casos que sirven de ejemplos de la crisis de la demo­cracia en América, tienen que hacer reflexionar sobre la necesidad de una profunda reorientación de la democracia, sus principios y sus agentes, de donde se saque la conclusión de que es necesario volver a poner en vigencia el principio sociológico de las sociedades modernas de la “separación y especialización de funciones”, de modo que los empresarios se dediquen a sus empresas y al mundo de los negocios, y los políticos se concentren en el manejo del Estado y en la política.

¡La democracia hay que reformularla para su estabilidad!


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