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Raynelda Núñez

Raynelda Núñez


Dependencia emocional: cuando el amor duele


  • 25.07.2019 - 05:55 pm

Todos alguna vez hemos escuchado decir que la relación de pareja perfecta no existe, sin embargo, esto no ha evitado que  sea el sueño anhelado por la mayoría de las mujeres, aunque muchas veces la búsqueda de este ideal termine convirtiéndose en su mayor pesadilla.
   
Asimismo, son muchas las historias conocidas de mujeres que han iniciado una relación de pareja, o se han involucrado en una aventura amorosa, motivadas por la expectativa irracional y la euforia propia de la etapa del enamoramiento, que siempre está matizada por muchos detalles y experiencias imaginarias de novelas y cuentos de hadas que al final se convierten en una montaña rusa emocional de amor y desamor, esa que casi siempre termina con el desenlace fatal de la dependencia emocional, y bajo manifestaciones de violencia y abusos.
   
En esa medida, la dependencia emocional es una forma de adicción amorosa que está basada en el apego insano y disfuncional, esta puede ser muy destructiva ya que está marcada por el desequilibrio emocional excesivo, en el que uno de los dos conyugues ama tan desmedidamente que somete su propia voluntad, su libertad, sus derechos y sus deseos a favor del placer del otro, perdiendo así paulatinamente su capacidad de autocontrol y de autorrespeto, además de su autoestima.
   
De allí que la dependencia emocional sea una forma de esclavitud voluntaria que desde el punto de vista de la terapia cognitiva y conductual se manifiesta bajo las mismas características de cualquier adicción, y que en ocasiones, afecta a tal grado la consciencia y la voluntad del paciente que se hace necesario, o incluso obligatorio, el apoyo psicoterapéutico para poder enfrentar y solucionar el dolor emocional.
   
Debe decirse que las mujeres que padecen dependencia emocional suelen ir a terapia y expresar síntomas tales como el mecanismo activo de negación psicológica y autoengaño, ello para mantener la forma de adicción emocional y justificarla. Por ejemplo, una paciente expresó:
   
“Mi esposo es un buen hombre, trabajador, muy responsable, muy buen padre y cumplidor, pero algunas veces no lo soporto, creo que soy una mala persona pero es que él se aprovecha para avergonzarme, menospreciarme y desvalorizarme delante de su familia y sus amigos, siempre se queja y pone faltas a todo lo que hago, me avergüenza en público y no soporta que yo me quiera superar, me grita con frecuencia, jamás agradece nada, me exige que trabaje dentro y fuera de la casa y nunca quiere colaborar en nada en el hogar, me siento como su sirvienta, solo busca su propio placer, nunca tiene detalles conmigo y me hace sentir poca cosa e insegura, no me respeta, pero aun así no puedo dejarlo, siento que no puedo vivir sin él”.
   
“El amor sano es un compromiso emocional de ambos cónyugues y debe incluir tiempo de calidad, apoyo mutuo, buena comunicación, buen humor y camaradería”.  
   
El cuadro anterior evidencia una clara manifestación de adicción y dolor, no de amor; pues el verdadero amor no está hecho para justificar el sufrimiento, por el contrario, una relación amorosa sana y sin dependencia va más allá de la euforia del enamoramiento, que vale decir, solo dura los primeros seis meses de relación, y se caracteriza por un estado de plenitud y equilibrio que se basa en el bien común.
   
El amor sano es un compromiso emocional de ambos cónyuges y debe incluir tiempo de calidad, apoyo mutuo, buena comunicación, buen humor y camaradería. De igual manera, fomenta el autorrespeto, el autocontrol, la independencia, la seguridad y la autoestima de cada cónyuge, mejorando así su calidad de vida.
   
En consecuencia, es importante saber que si no estamos experimentando los beneficios de una relación emocionalmente sana, tal vez no estamos siendo amadas sino esclavizadas, y es tiempo entonces de buscar consejería y ayuda psicoterapéutica.

“No te olvides mujer de que tú vales mucho y mereces ser amada.”

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