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Lincoln López

Lincoln López


De un Nobel de Literatura, a su maestro de primaria


  • 02.07.2020 - 12:00 am

“19 de noviembre de 1957.

“Querido señor Germain:

“Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande. Que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia,, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.

“Lo abrazo con todas mis fuerzas.

Albert Camus”.

Esa es la transcripción de la carta que le enviara Albert Camus, uno de los escritores más importantes del siglo XX, a su maestro de primaria Louis Germain. La carta, difundida 35 años después de su muerte, con la publicación de su obra póstuma “El último hombre” (1995), además de expresar el agradecimiento y reconocimiento de un ser humano en la cima de su fama como escritor no olvidando a su maestro de primaria de un lejano pueblo. 

La misiva contiene las tres condiciones que debe tener todo maestro. La primera, “la mano afectuosa que tendió al niño pobre”, nos quiere decir que un maestro debe tratar al alumno con generosidad en el amplio sentido del concepto, incluyendo valores y solidaridad con esa criatura indefensa, especialmente cuando se trata de estudiantes de la clase social pobre o muy pobre. Esto tiene un requisito individual y esencial: la vocación de ser maestro. 

La segunda condición es “su enseñanza”. Esta implica que el docente tenga una sólida formación intelectual y esté dispuesto a transmitir esos conocimientos al estudiante, y lograr que éste se comprometa a continuar con la búsqueda del saber. La tercera y última, “el ejemplo”. El docente debe ser un modelo para la sociedad, que sea digno de ser imitado, en particular por los alumnos.

Considero que estos conceptos enunciados por Albert Camus, mantienen su vigencia hoy día,  y debieran formar parte del lema de los docentes.

Albert Camus (1913-1960) Novelista, dramaturgo y ensayista francés. Su infancia y gran parte de su juventud transcurrieron en Argelia. Formó parte de una compañía de teatro de aficionados que representaba obras clásicas ante un auditorio integrado por trabajadores. Luego ejercicio como periodista en un diario de la capital argelina. En 1939 publicó “Bodas”, conjunto de artículos que incluyen numerosas reflexiones inspiradas en sus lecturas y viajes.

En 1940 marchó a París, donde trabajó como redactor en París-Soir. En 1942 publicó su novela “El extranjero” y el ensayo “El mito de Sífiso”. En ellas reflejan la influencia que sobre él tuvo el movimiento filosófico Existencialismo, particularmente de los pensadores Schopenhauer y Nietzsche, aunque algunos especialistas le atribuyen la conformación de su pensamiento filosófico al absurdismo. 

Sus primeras obras de teatro. “El malentendido” y “Calígula”, prolongan la línea de pensamiento existencialista. Otras importantes obras: “La peste” (1947), “Los justos” (1950), “La caída” (1956), “La antigua tragedia griega” (1956), “Los cuatro mandamientos de un periodista libre”, publicado por primera en el 2012…

En 1957 le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura.


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