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Hna. Verónica De Sousa

Hna. Verónica De Sousa


Dar un nuevo sentido a la vida


  • 08.07.2019 - 05:46 pm

En nuestro mundo hace falta más gente que viva con profundidad su vocación. Pero tan solo pensar en la propia vocación puede asustar. Incluso, porque hay personas que aún no comprenden porqué están en este mundo. Y esto es un verdadero sufrimiento. Si es su caso, yo le invito a reorientar su mirada y preguntarse no porqué, sino para qué. Existe un sentido para su vida, y este se va revelando poco a poco, así como se abre una flor.
   
Vuelvo a la idea inicial. Un amigo me decía: “Ya no hay vocaciones para nada; la gente parece robots, entran en una rutina donde simplemente hacen funciones, como máquinas. No hay donación, entrega. Simplemente, se cumplen funciones. La gente escoge estudiar la carrera por los beneficios que le ofrece, no porque sienta que está llamado a darse, a entregarse así. Muchos escogen lo que pueden, para asegurarse unos ‘cuartos’. Nadie quiere arriesgar nada. Es como si les faltara confianza o espíritu de aventura”.
   
Es cierto. Urge que tengamos la valentía de preguntarnos qué puede hacernos felices, de verdad. El éxito, el dinero no satisface la necesidad humana de donarse, de realizarse. Y esta es la gran derrota y el problema de fondo en la vida de tantas personas.
   
Vocación viene del latín vocare, llamar. Y la primera llamada que recibimos todos es la vida. Por eso, los cristianos sabemos la vida es sagrada, estamos aquí porque Dios nos ha llamado a existir. Pero no basta con la presencia: en el corazón hay algo, un no sabemos qué, que insiste en hacernos buscar una dirección para darnos, donarnos. Despertar la sensibilidad a los problemas ajenos, disponernos a dar no solo una mano sino todo lo que el otro necesita para aliviarlo en su necesidad, saber ser compañeros de viaje en el camino de la eternidad. Muchas personas que han tomado en serio esta llamada han encontrado la luz y la paz, se donan con pasión y alegría.
   
Esto trae sus consecuencias, a veces incomprendidas, pero siempre llenas de satisfacción, de alegría profunda e, incluso de enseñanzas, si traen alguna incomprensión. Quien obra por los demás busca lo mejor siempre para ellos, aunque no respondan de la misma manera. Y esto es porque entregar la vida da una coherencia y una fuerza interior impresionantes. La entrega y el servicio por los demás y con los demás es la respuesta adecuada y digna ante este mundo despiadado y sin amor para los más necesitados.
   
La mediocridad, la rutina y la superficialidad hacen no pocas veces estragos en nosotros y nos conducen a una vida sin relevancia alguna y sin sentido. A veces, necesitamos la vida entera para aprender a vivir y a liberarnos de ese deseo de ser el centro de todos, para colocar la mirada en los demás.
   
“Los ríos no beben las propias aguas, los árboles no comen sus dulces frutos, las riquezas de los buenos es para el bien de los demás” dice un proverbio chino. Y Jesús nos dejó la clave de la existencia: “Se es más feliz en dar que en recibir” (Hechos 20,35).
 

 

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