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Rafael Baldayac

Rafael Baldayac


Cuidar la tierra de Dios


  • 22.04.2021 - 12:00 am

Hoy 22 de abril celebramos el Día Internacional de la Tierra, del lugar que habitamos hace mi-llones de años. Hoy más que nunca, nuestro único hogar sufre diversas amenazas y nos necesita.

Si bien esta fecha es celebrada por diversos países desde 1970, el Día Internacional de la Madre Tierra fue declarado de manera oficial por Naciones Unidas en el 2009.

Según la ONU, este día es para reconocer que la Tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar, y “para alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras, es necesario promover la armonía con la naturaleza”.

Esta fecha también nos brinda la oportunidad para concienciar a todos los seres humanos acerca de los problemas que afectan a nuestro planeta y a los diversos seres vivos que la habitan. 

Su promotor, el senador estadounidense Gaylord Nelson instauró este día para crear una conciencia común a los problemas de la sobrepoblación, la producción de contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales para proteger la Tierra. 

  ¿Nos consideramos gobernantes o administradores de la Tierra de Dios? «Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra.» (Génesis 1:1). «Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo habitan.» (Salmo 24:1).

La tierra no nos pertenece a nosotros, ¡le pertenece a Dios! Es un regalo que Él nos da, un hogar que compartimos con el resto de la creación. Sin embargo, este regalo conlleva una responsabilidad.

En Génesis 1, Dios les dijo a los seres humanos que tuvieran «dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo; sobre los animales domésticos, sobre los animales salvajes y sobre todos los reptiles que se arrastran por el suelo» y que llenaran la tierra y la sometieran (Génesis 1:26, 28). 

En ocasiones, este pasaje se ha utilizado para justificar el abuso de la tierra. Algunas personas creen que la orden de «go-bernar» la tierra significa que tenemos autoridad absoluta sobre la creación. 

Desde esta perspectiva, la naturaleza es un recurso del que todos los humanos nos beneficiamos a nivel económico, sin importar los impactos ambientales. 

Algunos cristianos han dirigido su atención al segundo relato de la creación en Génesis 2:15. Dios ubicó a los humanos en el jardín del Edén y les ordenó que «lo cultivaran y lo cuidaran». 

En otras palabras, nos dio la responsabi-lidad de actuar como administradores de su creación: cuidar, administrar, supervisar y proteger todo lo que le pertenece. ¡Qué honor y privilegio! 

Lo anterior no nos da licencia para explotar ni abusar de la tierra de Dios. Como administradores, necesitamos actuar a favor de los intereses del pro-pietario, al tratar su «propiedad» con respeto.

No debemos usarla de manera que les causemos daño a nuestros vecinos. Un día tendremos que rendirle cuentas a Dios por la forma en que tratamos su tierra. 

Cuando olvidamos nuestra responsabi-lidad de ser administradores sabios, la creación gime. La tierra ya no puede suplir la demanda de recursos naturales que exigimos los humanos. 

Nuestros residuos y la polución están envenenando el aire, el suelo y el agua.  Si seguimos explotando y abusando de la tierra de Dios, ¿qué heredarán las futuras generaciones?


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