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Redacción

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Cuidado con la pandemia


  • 11.11.2020 - 12:00 am

En EE.UU y varios países de Europa se registra un rebrote del coronavirus que describe una nueva ola de la pandemia. En esos países se vienen recrudeciendo las medidas restrictivas tratando nuevamente de controlar la expansión de la pandemia. Esas medidas restrictivas vuelven a limitar las actividades económicas, agravando la situación de la recuperación de la economía y de las actividades sociales.

Una esperanza se abre con el anuncio de la primera vacuna que próximamente se podrá aplicar para fortalecer la inmunidad de la población y por esa vía controlar con mayor efectividad la Covid-19. 

Mientras eso ocurre, los contagios siguen elevándose hacia un nuevo pico, así como los fallecidos que alcanzan cifra record, especialmente en los EE.UU y en otros países de Las Américas y de Europa, donde se insiste en la necesidad de que la población mantenga el protocolo sanitario recomendado por los órganos internacionales.

En nuestro país, por el contrario, las autoridades han podido hacer descender las curvas de contagio y fallecido, al tiempo que también han descendido los niveles de ocupación hospitalarias. En este sentido, en los últimos días se han registrado ligeros aumentos en los niveles de ocupación en las clínicas privadas y en los hospitales públicos. 

Esos ligeros aumentos no deben escandalizar, pero si deben llamar la atención para que las autoridades mantengan la guardia en alto y hagan cumplir a los indisciplinados las restricciones contenidas en los protocolos para contrarrestar la expansión del Covid-19.

Mantener la guardia en alto se hace más perentorio, a medida que los sectores económicos y sociales presionan para un nivel de apertura más elevado. Y debe ser así porque si las medidas restrictivas se relajan, el contagio puede renacer poniendo en riesgo a más personas que podrían ser contagiadas.

¡Qué se mantengan los controles y las medidas restrictivas frente al Covid-19! 

Resistencia de Trump

El proceso electoral en la demo­cracia más fuerte al menos del hemisferio occidental, podría desembocar en una crisis institucional, como consecuencia de la resistencia del Presidente Trump, al no reconocer los resultados de las urnas, las cuales han señalado un claro triunfo del presidente electo, Joe Biden.

Trump se dirige a la judicia­lización del proceso hasta llegar a la Suprema Corte de ese país, donde podría tener ventajas partidarias si esos jueces responden a los intereses del Presidente y deciden a su favor, desconocer el derecho y la voluntad de los norteamericanos expresada en las votaciones.

Se trata de una situación que recuerda las elecciones en ciertos países latinoamericanos donde el poder fáctico, con frecuencia, se impone al poder democrático que emana de la voluntad popular.

Es una situación que viene con el movimiento de  derechización de la política en la globalización y que ha traído consigo el hecho de que los empresarios puros como Trump en los EE.UU y Bolsonaro en Brasil, incursionen en la política con el fin de asegurar la maximización de los capitales, aunque ello signifique el sacrificio de la institucionalidad democrática, la devastación del medio ambiente y del planeta, así como el proceso de precarización de las condiciones de vida de los pueblos del mundo.

¡Por Dios, que ese engreimiento materialista no amenace a la humanidad!


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