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Luciano Filpo

Luciano Filpo


Crisis en los modelos neoliberales


  • 07.11.2019 - 06:29 pm

El sistema capitalista ha padecido crisis cíclicas, el viejo Karl Marx vaticinó que el capitalismo lleva en su seno el germen de su propia destrucción; para 1929 parecía cumplirse la profecía, pero no; la gran depresión mundial puso en jaque el estilo de inversión y la búsqueda de las ganancias, pero no destruyo los cimientos del capital. Se pusieron en marcha las recetas Keynesianas, las cuales sugerían ocupación plena de la mano de obra, inversión de dinero y alguna regulación del Estado.

 

El enfoque Keynesiano y neokeynesiano se pusieron en marcha en el primer mundo durante cuatro décadas. Aquí floreció el Estado de bienestar o benefactor, se promovieron políticas sociales que amortiguan la diferencia entre el capital y el trabajo.  En los años 1970-75 los chicago-boys promueven un nuevo enfoque económico, fundamentado en la libertad del mercado, en la desregulación de los servicios sociales. Frederick Von Hayes y Milton Friedman son los apóstoles de la doctrina neoliberal, quienes defienden a capa  y espada la libertad de los mercados, el libre comercio, el control de lo público. El modelo de economía neoliberal parte de la necesidad de eficientizar la producción, privilegiar el mercado, reducir el papel regulador del Estado, favorecer la inversión de capitales, eliminar trabas a la libre empresa, obviar los pruritos morales, lo importante es el rendimiento, lo eficaz, la eficiencia. Esta fase correspondió en América Latina con la llamada década perdida 1980-1989, aumento de la deuda externa, caída de los aparatos productivos tradicionales, reducción de las políticas sociales, educación, salud, electrificación, agua potable, languidecen. El modelo neoliberal atenta contra la democracia y la ciudadanía.

 

Se colocan en primer plano los márgenes de ganancia, la creación de nuevos nichos de inversión: privatizar la salud, la educación y los servicios sociales. En las políticas neoliberales, fenómenos como la corrupción, el contrabando, el narcotráfico son simples mecanismos de acumulación originaria capitales, necesarios para dinamizar los procesos económicos y mantener el crecimiento. Los paraísos fiscales permiten amasar fortunas y lavarlas. En este sistema se cosifica la dignidad de la persona, se prostituye a la mujer, se trafica con blancas, se comercializan órganos. El modelo neoliberal es un capital salvaje, donde no importa la dignidad humana, solo vale mercancía con su inherente valor de cambio y valor de uso. Después de la década perdida, los países latinoamericanos se vieron compelidos a asumir recetas neoliberales que condujeron a la privatización de empresas, la aplicación de recetas financieras impuestas por el FMI; las deudas crecieron, la deuda social se incrementó, la desigualdad social se amplia. Organismos como la CEPAL, el BID y el BM advierten de las asimetrías sociales reinantes en la región latinoamericana y caribeña. Con el neoliberalismo global viene la desarticulación del patrimonio público, la exaltación del ego mercantil, la pulverización de la democracia y el acorralamiento del ejercicio ciudadano.

 

 

La región se debate entre populismo y regímenes conservadores, pero la economía global observa a la región prosternada a los Estados centrales, en su consuetudinaria misión de producir materia prima para los mercados. En la actualidad, se ha agudizado la desigualdad, la violencia social y estructural, la marginalidad urbana y rural, la deficiencia en los servicios públicos, los vicios del  capitalismo senil, como diría Samir Amín, se multiplican: corrupción, impunidad, contrabando, narcotráfico. La paz social se ha perdido, la inseguridad ciudadana domina  en las ciudades Latinoamericanas  y Caribeñas, desde el Estado neoliberal se practican políticas de despojo, exclusión, marginalidad, invisibilidad social.

 

Hoy América Latina y el Caribe constituyen la región más excluyente y más violenta del planeta. Los homicidios, feminicidios, camorras en espacios públicos parecen evidenciar un Estado  de guerra, pero no, son  la expresión de políticas de exclusión, asimetrías e inequidad. México, Colombia, Brasil son escenarios continuos de la violencia callejera, de la irrupción de la narcoviolencia, el pandillerismo, las maras, y hasta grupos satánicos, los cuales procuran llenar vacíos existenciales y sociales. En República Dominicana se propició un proceso un proceso de saqueo de la propiedad pública, privatización de la salud y la de enajenación de patrimonio públicos, de exonerar el pago de impuestos a compañías trasnacionales, de incrementar su deuda, de observar como los gobiernos entreguistas y antinacionales ponen el destino nacional en manos de capital foráneo.

 

En los últimos cinco años venían registrándose serias protestas contra las políticas neoliberales, procurando generar soberanía alimentaria, servicios sociales eficientes y con cobertura para todos. Ecuador ha sido sacudido por una poblada, los pueblos originarios se levantan contra el constreñimiento económico sugerido por el FMI.

 

En Argentina, el peronismo retorna en primera vuelta, el gobierno neoliberal de Mauricio Macri le robo la esperanza a los argentinos, en chile, que era el modelo  de economía neoliberal en la región se han producido marejadas humanas inauditas contra el sistema de exclusión social y de inequidad. La violencia estatal se ha expresado de manera cruda y brutal contra los que protestan en las calles, por un cambio de rumbo. En Brasil la población se moviliza por la liberación de Luis Ignacio Lula Da Silva, promotor de políticas sociales y apresado para evitar su retorno al poder. Colombia se halla atrapada entre una oligarquía guerrerista y aliada con la narco política y un pueblo trabajador que aspira a la paz, como la consolidación de la democracia.

 

En Bolivia se da una situación inversa, la derecha busca desestabilizar el modelo nacional e incluyente de Evo Morales, pero que se impuso tras desconocer un plebiscito donde le decían no. América Latina y el Caribe viven un periodo de incertidumbre económica y política, los grupos oligárquicos no ceden en la distribución de riqueza, mucho menos en la distribución del poder. A nivel de la región aparecieron gobiernos nacionales que cuestionaron la visión neoliberal, que construyeron esquemas y alianzas alternativas, al capitalismo salvaje y neoliberal. A su vez la geopolítica ha cambiado. China y Rusia tienen presencia en la zona. Esto ha generado un nuevo interés de Estados Unidos, quien ha patrocinado junto a grupos oligárquicos, los llamados golpes suaves, juicios políticos y políticas abiertas de bloquear o torpedear iniciativas en la región. Las políticas neoliberales se hallan en crisis en la región donde se evidencia la exclusión, desigualdad y asimetría social.

El autor es Dr. en educación.


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