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Redacción

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COVID-19, crisis económica e inflación


  • 20.11.2020 - 12:00 am

Las vicisitudes sanitarias derivadas de la pandemia COVID-19  han provocado una crisis económica mundial, la cual se expresa en la parálisis de la producción, aumento del desempleo, disminución de las exportaciones, deterioro de las condiciones de vida de la población e inestabilidad de las finanzas.

Frente a esa situación crítica, los gobiernos han asumido algunas iniciativas, tanto para enfrentar la pandemia, como para mitigar los daños que ésta ha causado a la población en diferentes órdenes.

República Dominicana no escapa de esa dramática realidad que ha impactado a la nación desacelerando el ritmo de crecimiento que llevaba la economía, generando desempleo y suspensión de las actividades sociales rutinarias, al tiempo de poner en e­videncia las debilidades que caracterizan al sistema sanitario nacional.

Desde febrero, justo cuando el coronavirus comenzó azotar a la humanidad, hasta octubre de este año 2020, los dominicanos han sufrido los efectos de la enfermedad y sobreviven en un clima de angustia e incertidumbre. 

A ese cuadro de efectos negativos recreado por la pandemia, se suma en nuestro país el fenómeno de la inflación que encarece la vida, sobre todo de los más débiles, al tiempo de provocar desabastecimiento en algunos renglones de la producción agro­pecuaria. 

Un reciente informe del Banco Central muestra cómo se ha elevado el valor de la canasta familiar, especialmente para las personas de más bajos ingresos. Ante ese cuadro de complicaciones, el gobierno dominicano, pasado y actual, ha implementado un conjunto de acciones de mi­tigación de los impactos negativos del COVID-19, al tiempo de disponer medidas para el fortalecimiento del sistema de salud, adecuándolo a las demandas de atención médica que genera el contagio de la enfermedad.

En ese orden, las medidas y los protocolos sanitarios adoptados han hecho descender de manera significativa la curva de contagio, la cual de un nivel de más de un 35%, al principio de la pandemia, ha descendido a un nivel de positividad de alrededor del 10 %. Similar tendencia se ha observado en el índice de leta­lidad. 

En ese comportamiento han jugado un rol de importancia las medidas restrictivas aplicadas por las autoridades en lo que se refiere al estado de emergencia, el toque de queda, la distancia social y el uso de las mascarillas.

Los programas sociales puestos en marcha por el Estado, tales como Fase 1 y Fase 2, Pa’ti y Quédate en Casa, en el orden económico también han mitigado con cierta efectividad los daños causados por la pandemia. La apertura gradual de la economía en diferentes renglones también ha contribuido a aliviar los efectos ne­gativos causados por la enfermedad. De tal manera que los esfuerzos del gobierno se han dirigido a la necesidad de generar empleos, especialmente en la actividad turística, de la cual se espera a fin de año una significativa recuperación.

Sin embargo, un fenómeno negativo que se observa ha sido la inflación de los precios de los artículos de primera necesidad. Frente a esta situación calamitosa, el gobierno viene respondiendo con la reactivación de los programas del Instituto Nacional de Estabilización de Precios (Inespre), para aliviar la situación de las familias de más escasos recursos.

Para enfrentar todos estos desafíos el gobierno debe cuidar su capacidad operativa para una mayor eficiencia, tanto frente al COVID-19, como a su secuela de daños.

¡Elevemos pues la eficiencia ope­rativa del gobierno! 


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