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Redacción

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Corrupción y medio ambiente


  • 13.09.2019 - 06:24 pm

Tiene mucha razón el papa Francisco cuando afirma que detrás de los incendios forestales, explotación del medio ambiente, deforestación y la destrucción de la biodiversidad se encuentra la corrupción.
  
Quienes ejecutan crímenes ecológicos cuentan con la complicidad de prominentes funcionarios en los estados, lo que facilita operaciones ilícitas que destrozan la flora y la fauna, situación que se torna incontrolable como consecuencia del tráfico de influencia, sobornos e impunidad.
   
Se colige, entonces, que la corrupción impacta de forma negativa en el hábitat natural, debido a que permite que granceros y depredadores aniquilen sin contemplación las riquezas y bellezas que proporciona la madre naturaleza.
   
Es preocupante la apatía e indiferencia de los estados y los gobiernos frente a la devastación de ríos, bosques, vida animal y todos los seres vivos;  se depreda al planeta y se crea un cuadro deprimente en el globo terráqueo.
   
Hoy día, a causa  de la quiebra de los recursos naturales, la humanidad padece los efectos de escasez de agua, calentamiento global, cambio climático, contaminación, desequilibrio de las relaciones entre el hombre y los ecosistemas, catástrofes provocadas por fenómenos naturales y la extinción de las fuentes acuíferas.
   
Muestras de esa dramática realidad son los incendios registrados en  el  Amazonas, África, América Latina, Europa y en la geografía mundial, tala indiscriminada de árboles, cacería descomunal y pesca sin control.
   
Además, la extracción de arena, gravilla y agua de los ríos, se inscribe en la agresión desmedida contra la naturaleza; el problema es muy grave, por tanto, quienes controlan el poder en el mundo deben ponerle atención, a fin de evitar una hecatombe universal.
   
La expedición de permisos y licencias para explotar la foresta y extraer materiales de los ríos se sustenta en el dolo, en razón de que se sobornan a muchos de quienes tienen esa facultad, cuyo proceso se practica en todos los estamentos en los que se manejan las políticas y programas sobre medio ambiente.
   
República Dominicana no escapa de ese panorama sombrío, ya que cientos de ríos desaparecieron, millones de plantaciones y otras especies  fueron exterminadas y se agotan las venas acuíferas; la nación está al borde de un desastre ecológico.   
Ante esta panorámica es preciso unir a las fuerzas vivas del mundo alrededor de una cruzada por el rescate, conservación y preservación de los recursos naturales, ya que es la manera de salvar al planeta y  a la humanidad.

Tristeza y dolor


La muerte de don Juan Fernando Capellán Díaz, padre del  pujante empresario Fernando Capellán, deja dolor y tristeza, porque era tronco de una familia prominente de la sociedad.
   
Así se evidenció en las honras fúnebres, debido a que representantes de los diferentes estratos sociales acompañaron y se solidarizaron con los familiares de Capellán Díaz.
   
Pese a que es natural nacer, crecer, desarrollarse y morir, el ser humano no está preparado para esa última fase que se concreta con la desaparición física, pues resulta difícil aceptar la ida de una persona amada.   
Que el alma de Juan Fernando Capellán Díaz descanse en paz y gloria eterna.

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