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Aquiles Olivo Morel

Aquiles Olivo Morel


“Consecuencias devastadoras”


  • 26.11.2019 - 06:43 pm

Hay explosiones sociales en gran parte América Latina (AL), en la mayoría de los casos, los  pueblos decidieron lanzarse a las calles creando situaciones difíciles para los gobernantes, casi imposible volver a la normalidad. Las protestas, como el caso de Chile, se recrudecen con el pasar de los días, a pesar de las promesas y concesiones hechas por el gobierno; en Colombia las fuerzas policiales fueron acuarteladas días antes de iniciarse la ola expansiva dejando cientos de detenidos y varios muertos en las primeras jornadas; otros, como Bolivia, Nicaragua y Haití se embarcan en situaciones similares: Reclaman libertades, fin a la desigualdad, un freno a la exclusión  y pare definitivo a la corrupción administrativa.

Con la irrupción de este inusitado fenómeno social se ha llegado a pensar que se trata de otra expresión de “Primavera”, semejante a la que echó por tierra varios gobiernos de Medio Oriente años atrás.

Y como saber los niveles de desigualdad de cada uno de estos países, cuando en realidad se pensaba, como el caso particular de Chile, en una economía en franca expansión, creando riquezas suficientes, como para producir admiración en los otros. 

Los Organismos Internacionales recurre al coeficiente de Gini: Es una medida de la desigualdad ideada por el estadístico italiano Corrado Gini. Normalmente se utiliza para medir la desigualdad en los ingresos. 

El índice de Gini se trata de un cálculo matemático cuyo valor oscila entre 0 y 1, mientras más cerca del cero resulte ser el cálculo, en esa misma medida puede comprenderse la desigualdad. Un índice de Gini cero (0) significaria la eliminación total de ella; los ciudadanos de este país disfrutarían de excelentes niveles educativos; sistemas de transportes para todos y una Seguridad Social con amplia cobertura, sin exclusión. 

Ningún país conocido ha logrado llegar a este estadio, persisten grandes desafíos para poder eliminar por completo la desigualdad. Para ejemplificar los niveles de esta naciones sumergidas en las protestas sociales aquí están sus índices de Gini: Haití (0.528); Colombia (0.462); Chile (0.460) y Bolivia (0.422).

La Republica Dominicana, aunque no está en la actualidad atravesando por una situación similar,  su Gini (0.432),  no está muy lejos al de todas estas. 

Por igual, se afianza la creencia de varios ex gobernantes en que las dificultades para aminorar  las demandas sociales crecientes obliga a reinventar urgentemente el tipo de modelo económico prevaleciente. 

Las reformas y sus demoras podrían colocar a todos estos  países dentro de un clima de ingobernabilidad: Estos retrasos serian catastróficos si siguen colocándose de espalda a las demandas y exigencias, afirmó uno de ellos, al alertar como, también, la popularidad de los gobiernos se estropean,  en cuestión de meses, fruto de no sentarse a escuchar los reclamos o deuda social. 

Los miles y miles de protestantes no parecen tener miedo. Ante el fracaso de los modelos económicos y la fatiga de los trabajadores reclamando mejores condiciones laborales la ira exhibida en las calles no procura cambiar la estructura de los Estados, sino mostrar su enojo ante la desigualdad y la exclusión y la necesidad de ser escuchados. 

La historia reciente ha sido testigo del surgimiento de gobiernos de la extrema derecha y también gobiernos de izquierdas, en ambos casos las dificultades para atender a la gente y darle seguridad alimentaria, educativa y de salud afloraron creando las mismas insatisfacciones.

Los resultados de estas dos visiones no fueron capaces de sembrar el germen del desarrollo y construcción de sociedades distintas. Transcurrieron años suficientes para saber si realmente algunas ellas cerraría las brechas y las asimetrías en la distribución de la riqueza,  algo que nunca sucedió.

Lamentablemente no fue así. Al caer la exportación de las materias primas repentinamente estos países regresaron a verse en el espejo de la inseguridad; sus poblaciones no disponen de los recursos para la salud y la educación. Tampoco los modelos asumidos en los Sistemas de Seguridad social pudieron dar al traste con pensiones dignas.

Por el contrario, hay un punto de retorno en que nadie parece estar ajeno. Los trabajadores en Colombia ven como no disponen ningún tipo de mejoría en los salarios; los diferentes servicios públicos carecen de cobertura y calidad para lograr amortiguar, también, sus grandes asimetrías y deficiencias.

Iguales condiciones parecen estar incubándose en la Republica Dominicana (RD), las alertas la dieron los grupos empresarias, quienes advierten sobre la necesidad de empezar a evaluar los mecanismos de presión fiscal. 

En la RD, también el transporte público, por ejemplo, sigue siendo un dolor de cabeza para la gran mayoría; la noticia sobre la salud son catastróficas; los modelos educativos –según la prueba PISA- siguen sumido en la dificultades de la calidad y los métodos, donde los ejes temáticos aún no han sido desarrollado siguiendo una estrategia global.

Los países receptores de nuestros recursos naturales se percataron desde hace mucho tiempo de la inclinación –una especie de adicción- al endeudamiento, colocando a todos los  países al borde de la quiebra. Algunos decidieron dolarizar sus respectivas economías y quienes no lo han hecho, pueden contemplar como su capacidad de riqueza está comprometida respecto al PIB.

Peor aún: Según el gobierno central –Caso particular de la RD- el pago por servicios de deuda alcanzó recientemente la astronómica cifra de 4,650 millones de dólares, monto que pudieran considerarse como comprometedor, en un país que desde más de 12 años seguidos se arrastra un déficit presupuestario. 

Muy cerca de la RD, un reciente informe sobre la situación prevaleciente en Haití dice: “…el Fondo Monetario Internacional (FMI) afirma que la crisis que atraviesa Haití no tiene precedente y pude causar una fuerte recesión, que detraerá un 1,2 % del producto interior bruto (PIB)”, por lo visto hay razones para pensar en una especie de “Primavera”, un camino difícil de recorrer, sin la presencia de  “consecuencias devastadora”. 


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