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Maricela Ortiz

Maricela Ortiz


Cómo estoy gobernando la casa


  • 28.01.2020 - 12:00 am

Pablo refiriéndose al Israel antiguo, contrasta su enseñanza de amonestación contra la idolatría, haciendo una ilustración de lo que había sucedido a Israel en el desierto como resultado de la libertad total sin la mediación del dominio propio, para de este modo, enseñar a sus lectores a que no vuelvan a cometer esos mismos errores. Por tanto, hace una transición que conduce de la falta de disciplina personal y la descalificación que podemos ver en 1 Corintios 10, para basar su enseñanza. Y al final dice lo siguiente: “Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para quienes ha llegado el fin de los siglos.” V. 11

En este sentido, el enfoque de este artículo tendrá la misma temática, pero con otro tema a tratar, y es cuando Jesús llega al templo acusa y denuncia con ¡ayes! la práctica codiciosa e inescrupulosa, las acciones y actitudes de los escribas de querer ser reverenciados, entre otras prácticas que afectaban la “casa de Dios”. Significando esto que no estaban gobernando bien la casa de Dios.

Hoy estamos en Cristo; nos habita el Espíritu Santo; vivimos en la gracia; tenemos la palabra profética más segura (Las Escrituras), entonces, ¿por qué andan muchos en desacuerdos, desorden y orfandad? Sería entonces, porque no se está gobernado la “casa de Dios” como debe ser; o porque se está predicando un Evangelio paralelo al establecido en las Escrituras, razón por lo que Palabra no está llegando en su esencia, o seguimos implementando prácticas religiosas; o puede ser que nos hayamos olvidado que solo somos administradores, no los dueños.

Hay que recordar que, “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,” 2 Timoteo 3:16. Por tanto, este es el aval, por lo que hago referencia a este texto de Mateo 23:1-36, pero el material es tan rico y sustancioso que solo vamos a exponer aquí los vv. 1-15.

Juntos vamos a ir evaluando nuestros objetivos de enseñanza, porque puede ser que sean aprobados por estar sustentados en la Palabra, pero denigrado por su aplicación. Es solo a modo de evaluación, y si en algo andamos mal, podamos rectificar, reflexionar y reformar con el propósito de agradar a Aquel que nos llamó a participar de Su obra. De lo contrario si todo va bien, ¡gloria a Dios!

“Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos.” Vv. 1-2

La Biblia nos muestra que muchas de las cosas que sucedieron en el Antiguo Pacto, eran sombra y figura de lo que vendría. Es decir, todo tiene que ver con Cristo y todo lo que desencadena el propósito eterno. Lo que implica, que Dios tiene el mismo propósito y diseño, aunque cambie de estrategia. Podemos, entonces decir que, todos los ministros escogidos por Dios para anunciar el Evangelio de Cristo, están sentados en la cátedra del Evangelio, ahora en la naturaleza de Cristo. 

La expresión “la cátedra de Moisés” es el equivalente a la universitaria “cátedra de filosofía”, y dentro del contexto, “sentarse” en la cátedra de Moisés, indicaba tener la más alta autoridad para instruir a las personas en cuanto a la ley.

Partiendo del significado a la que hace referencia la expresión, podemos entonces evaluar, si nos estamos sentando a sí mismos en la autoridad de Cristo, usando esa autoridad para nuestros propios beneficios, ilegitimando el verdadero llamado al propósito eterno; o si estamos siendo responsable con la autoridad que se nos ha dado para proceder en el orden divino al que nos tenemos que sujetar. Los escriba y fariseos fueron más allá de cualquier legítima autoridad y añadieron tradiciones humanas a la Palabra de Dios ¿estamos nosotros haciendo lo mismo? ¿Cómo estamos gobernando la casa de Dios (en ambos sentidos)? Jesús dijo:

“Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.” Vv. 3-4

Podemos dentro de nuestro contexto, hacer una evaluación consciente y reflexiva con relación a la postura de los escribas y fariseos para cuidar nosotros de no hacer igual. Leamos algunas expresiones de los vv. 5-12: “Ellos hacían sus obras para ser visto por los hombres”; “amaban los primeros asientos”; “les gustaba que los hombres les llamaran Rabí, Rabí (maestro)”. Hoy puede ser: Pastor, evangelista, Apóstol, profeta, maestro, ministro, …El Señor no condena los títulos en sí, porque fueron constituido por Él, pero sí el orgullo, la pretensión y la vanagloria; razón por la que tenemos que guardar nuestro corazón, y preguntarnos: ¿Estoy mostrando a Cristo con mi actitud? 

“Los escribas y fariseos ensanchaban sus filacterias” (cajas de cuero que contenían pergaminos en los cuales estaban escritos en cuatro columnas). Eran llevadas por los hombres en momento de la oración, una en la frente y la otra en el brazo izquierdo justo por encima. Los fariseos habían ensanchado las correas de sus filacterias para hacerlas más prominentes. Igual los flecos de sus manos, las borlas las hacían más largas con la intención de parecer más espirituales.” Aplicado a nuestro tiempo, ¿cuáles cosas están siendo filacterias en mi vida? ¿Estoy siendo ostentos@?  

En el Nuevo Pacto, también existen los ¡ayes! en este texto hay una lista citada por Jesús: “¡Ay de vosotros escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.” V. 13. A modo de evaluación: ¿Cuáles actitudes o acciones estoy provocando delante de los hombres para que estos no se acerquen a Cristo?  

“Devoráis las casas de las viudas” v. 14 (Los escribas se beneficiaban económicamente, y en la práctica le robaban la herencia que le había dejado su marido, ya que ellos trabajaban en la administración de los bienes de las viudas, lo que le daba la oportunidad de convencer a las atribuladas a que sirvan a Dios apoyando al templo o al trabajo santo de escribas).” Puede que no sea nuestro caso, pero en cuanto a la administración, me pregunto: ¿Cómo estoy manejando las finanzas? En el Evangelio de Cristo no entra ni la manipulación ni el engaño.

“Recorrían mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.” V. 15 “Prosélito” un gentil convertido al judaísmo. Aplicado a nuestro contexto: ¿Qué estoy provocando a los que se convierten a Cristo?


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