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Redacción

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Colaboración con Haití


  • 15.01.2021 - 12:00 am

Los gobiernos de Haití y República Dominicana han firmado un acuerdo de entendimiento sobre la base de nueve puntos, el cual ha sido bien recibido tanto aquí como en la vecina nación. Sin embargo, el propio presidente dominicano, Luis Abinader ha tenido que hacer una oportuna aclaración ante reacciones incorrectas que confundirían el espíritu y los términos de lo acordado.

Específicamente el presidente Abinader ha precisado que respecto a la construcción de centros de salud en la zona fronteriza del lado haitiano, el gobierno dominicano no será ejecutor de esos proyectos, sino que lo acordado es que el gobierno dominicano haría gestiones para canalizar la cooperación financiera de la Comunidad Internacional, para que Haití pueda financiar la construcción de esas obras. 

En ese sentido el gobierno dominicano se apresta a convocar a los embajadores de países representados en el país que puedan colaborar en esos proyectos de beneficio para Haití. En ese orden el mandatario dominicano afirmó que “el Gobierno dominicano no se inmiscuirá en los asuntos internos del vecino país, sino que será promotor de la colaboración internacional con Haití”. Es en ese contexto, entonces, que se debe ponderar el más reciente acuerdo entre los gobiernos de Haití y de República Dominicana. 

Creemos que es un deber que manda el sentido de la solidaridad que Dominicana pueda y deba colaborar con la vecina nación, sobre todo por encontrarse Haití en la condición de uno de los países más empobrecidos de la región y que ha sido azotado por eventos naturales que han mermado su capacidad de respuesta para favorecer a su población, además del daño que le causa la crónica inestabilidad política.

Esas condiciones, precisamente empujan a muchos nacionales haitianos a buscar oportunidades de vida y de servicios del lado dominicano, dando lugar a un fuerte proceso inmigratorio que hasta ahora ha sido desordenado e incontrolado y que se ha prestado además para facilitar el desarrollo de un flujo de economía ilícita en forma de contrabando de todo tipo de mercancía que es necesario controlar y ordenar en la frontera entre las dos naciones.

Ese acuerdo dominico-haitiano debe verse como una sana declaración de intenciones. La factibilidad de que buena parte de los puntos del acuerdo se puedan materializar, se enfrenta a serios desafíos que obligan a encarar dos graves condiciones que siempre han impedido el cumplimiento de los acuerdos: la cultura vigente de la informalidad que contrasta con la formalidad de lo escrito y comprometido; y la condición de dos naciones económicamente insolventes, una más que otra.

Esas dos condiciones, por su parte, gravitan negativamente en la actitud de los dirigentes de ambas naciones, actitud que conduce al comportamiento real de no honrar los compromisos.

Ojalá que esas condiciones, en esta ocasión,  se puedan  moderar y controlar de modo que el pacto dominico-haitiano se pueda llevar a feliz término.

¡Nunca están demás las buenas intenciones entre Haití y RD!


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