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Redacción

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Cifras para reflexionar


  • 01.02.2021 - 12:00 am

La muerte de 239 personas y el contagio de más  de  40 mil durante el mes de enero de este 2021, como consecuencia de la  COVID-19, así como la escasez de camas para atender a enfermos y  el retraso de la distribución  de las vacunas,  son cifras que convocan a la reflexión, a fin de adquirir conciencia sobre la gravedad de la problemática.

Concentrarse en la meditación es un ejercicio oportuno, porque es un proceso de autoexamen   para comprender que es imprescindible sujetar el comportamiento en disciplina, civismo y las medidas sanitarias, debido a que solo de ese modo será posible prevenir e impedir el avance del coronavirus.

Apena observar como multitudes se aglomeran en playas, plazas comerciales, centros de diversión y en otros espacios, en vista de que esas manifestaciones se convierten en focos de propagación del  virus.

Frente a este panorama deprimente, a pesar de los esfuerzos y los recursos que destina el Gobierno Central, hemos retrocedido en el  control de la enfermedad, por tal motivo,  es vital que gobernantes y gobernados se unan alrededor de plan  nacional contra la pandemia en busca de preservar la salud y crear las condiciones para retornar a la normalidad lo más rápido posible.

Resulta complicado para las autoridades encarar la crisis sanitaria, a medida que el malestar se agrava de manera progresiva, pues a los fallecimientos e infectados se suman el confinamiento que desespera a la población, la represión policial, enfrentamientos entre ciudadanos y policías, descalabro de los hospitales públicos y agotamiento del personal médico y paramédico.

Hoy día sobrevivir es engorroso ante el temor de ser contagiado por coronavirus,  puesto que enfermarse es situarse en la antesala de la muerte, porque todavía es muy li­mitada el reparto de las vacunas disponibles, por tanto, se presentan muchas contrariedades para controlar el malestar.

Mientras en otras naciones, incluidas las potencias mundiales, se endurecen las restricciones, en República Dominicana se flexibilizan y el Gobierno dispone la apertura de actividades que propician el contagio; eso es preocupante por la falta de conciencia de la ciudadanía y esto influye en  el incremento de la COVID-19.

O se actúa con sensatez y responsabilidad ciudadana contra el coronavirus o se contribuye con su expansión en detrimento de la salud de la población.

Devastación de la inflación

Un proceso inflacionario devora los ingresos de la mayoría de las familias dominicanas, porque el poder adquisitivo se ha desplomado estrepitosamente, situación desesperante y tormentosa.

La canasta familiar está carísima y el dinero que recibe la gente no le alcanza para satisfacer sus necesidades perentorias y esto se traduce en el aumento de hambre, desnutrición y múltiples precariedades.

Combustibles, alimentos y productos de consumo masivo están por “las nubes”; el pueblo está preocupado por el alto costo de la vida. Un solo ejemplo evidencia la dramática realidad: un cilindro de gas licuado de petróleo roza los tres mil pesos.

El Gobierno ha iniciado un programa, a través del INESPRE, para  abaratar la comida, pero eso es insuficiente, por consiguiente, es preciso adicionar alternativas eficaces por el bien común.


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