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Luciano Filpo

Luciano Filpo


Caudillismo y Corrupción


  • 11.09.2020 - 12:00 am

La práctica de la corrupción es una cultura centenaria entre los Estados latinoamericanos y caribeños. La cultura de la corrupción ha echado raíces en el ADN del ciudadano promedio en Latinoamérica. La visión patrimonial del Estado y la política han contribuido a galvanizar y fortalecer este comportamiento avieso, desleal y protervo que se promueve en el manejo de recursos públicos. En la región han surgido dictadores, sátrapas y caudillos caracterizados por ser corruptos, entreguistas y taimados. Adolecen de vocación de servicio. No conciben la idea de bien común, mucho menos el respeto e integridad por la cosa pública.

El entramado de la corrupción latinoamericana y caribeña está conformado por un trípode: políticos, empresarios y militares. Tal Cómo plantea Charles Wright Mills en su obra "Las elites del poder en EEUU", detentan El poder y la capacidad de depredarlo. En todas las sociedades se registran actos de corrupción, pero muchos han creado mecanismos de control social y administrativo, así como la promoción de una ciudadanía que es sensible con el peculado, el abuso de confianza y la dilapidación en el ejercicio de la función pública.

El Caribe y América Latina han tenido un séquito de hombres involucrados en la política, los cuales han distraído la renta de sus países, han secuestrado las finanzas públicas, amasado fortunas obscenas los cuales no soportan una auditoría visual. Trujillo, Duvalier, Batista, Somoza, Noriega, Gómez, Pérez Jiménez, Rojas Pinilla, Stroever, Pinochet, Salina de Gortari, Macri... Estos nombres son la punta del iceberg; los intereses de militares y empresarios, los contubernios con el capital extranjero han conllevado prácticas de corrupción, onerosas a los fondos nacionales. Estas élites han hecho verdaderos procesos de acumulación originaria de capital, esta es la creación de una base de bienes para construir un imperio económico.

Según Karl Marx, en su obra "El capital", volumen uno; la acumulación originaria de capitales es un proceso extraeconómico a través del cual se llevan a cabo prácticas de saqueo, robo, expoliación, esclavitud y crímenes. Los grupos oligárquicos y pequeños burgueses han erigido imperios corruptos acumulado fortunas incalculables, todo bajo la sombra de la lenidad del Estado, omisión y la claudicación de los funcionarios y burocracia pública y privada. Según el Foro Económico Mundial El desafío mayor de Latinoamérica es la lucha contra prácticas de corrupción disfrazadas de normativas y reglas que terminan en la extorsión.

El cobro de comisiones, coimas o extorsión desde el Estado se halla a la orden del día República Dominicana, es uno de los países donde resulta más traumático establecer una empresa o hacer una inversión. Los mecanismos de extorsión son interminables. El cobro de coimas y sobornos se traduce luego en exenciones, liberalidades, impunidad. Una sociedad dominada por la corrupción, tolerante a prácticas burocrático-administrativa orientadas a distraer el erario contribuye a debilitar las instituciones; la corrupción no es endémica de la región, pero la fragilidad social, el caos político creado de forma cíclica, la emergencia de caudillos civiles y militares, la aparición de magnates o zares, los cuales erigen sólidos imperios financieros, pero con dudosa reputación. El narcotráfico internacional, el crimen organizado, tráfico de personas, el contrabando de bienes, la evasión del pago de impuestos.

La crisis de los sistemas políticos de América Latina ha creado incertidumbre, caos, tiempo nublado, lenidad ante el peculado y mientras estás prácticas dolosas se entronizan en las estructuras productivas y legales, se deterioran los servicios básicos, se atrofia la calidad de vida de los ciudadanos. Para Latino barómetro la corrupción crea mecanismos de reciclaje, se refina, se ha inoculado en el imaginario caribeño, es un símbolo de progreso y éxito para los vividores de la política, propicia el acceso a estándares de vida relacionados con el exceso, la pompa y la extravagancia. Según Pepe Mújica quién paga llegar luego roba en el ejercicio del poder.

Han aparecido grupos de la sociedad civil que mantienen en vilo el tema, la juventud está militando contra la apropiación de los bienes públicos y la impunidad instituida. La región ha mostrado interés en detener la corrupción sistémica y estructural. Guatemala, El Salvador, Panamá, Perú, Ecuador han enjuiciado funcionarios y presidentes corruptos. En República Dominicana está en marcha un intento por adecentar la vida pública. La conformación de un ministerio Público independiente puede contribuir a adecentar la vida pública del país, a detener la expoliación de los bienes públicos, la cultura de la corrupción más allá del enriquecimiento se alimenta de las falencias de mecanismos que regulen la vida de los ciudadanos.

En la actualidad la sociedad civil se muestra reticente y vigilante ante las prácticas de dolo. El pueblo está ávido de Justicia, las escaramuzas, el circo mediático no serán suficiente para anestesiar a la población y a todos aquellos que procuran desenmascarar las prácticas protervas al ejercicio de la vida pública. El ejercicio ciudadano está atento a los problemas que agotan a la población y a la necesidad imperiosa de hacer Justicia con todos aquellos que se involucran en actos dolosos. Juan Pablo Duarte, Ulises Francisco Espaillat y Juan Bosch siguen siendo referentes éticos para el ejercicio de la política y la administración de fondos públicos. Los fondos públicos que son distraídos por un funcionario, político o empresario terminan convirtiendo los servicios públicos en más escasos y vulnerables.


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