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Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


Casamiento y uniones maritales en menores de edad


  • 23.11.2020 - 12:00 am

Este mismo artículo lo publicamos en LA INFORMACION EL 4 de junio del 2017, pero como actualmente el Congreso Nacional vuelve a debatir la conveniencia de la prohibición  del matrimonio infantil, pues lo publicamos otra vez a fin de que aquellos que lo leyeron y los que nunca lo vieron, ahora tomen conciencia sobre el gravísimo problema social y psicológico que se genera en la población de las adolescentes  que se casan o se unen en concubinato con chicos de su misma edad o con viejevos. Este gravísimo problema cobra aún mayor interés por la consternación  general que han provocado los últimos siete asesinatos de chicas muy jóvenes a cargo de sus parejas o exparejas.

El Congreso Nacional ha estado debatiendo, dentro del Código Civil,  cuál debería ser la edad mínima  apropiada para la emancipación legal de un adolescente a través del casamiento. Pensé que los legisladores consultarían  profesionales en psicología y terapia familiar para  elaborar las modificaciones que en ese ámbito se harían al Código. Pero, como dice el dicho: “Si el caballo sabe relinchar, para qué poner a otro que lo haga por él”.

La encuesta ENHOGAR del 2014, dijo que el 36% de las chicas dominicanas entre 20 y  24 años se casaron o formaron pareja en concubinato  antes de los 18 y de estas un 12% lo hizo antes de cumplir los 15 años. Esos porcentajes resultan escandalosos porque en toda la Región de Latinoamérica y el Caribe, el promedio de chicas casadas o unidas dentro de esas edades es de un 23% y las menores de 15 apenas llegan al 5%.

El concepto central de la emancipación de los jóvenes de la familia nuclear, no radica exclusivamente en si lo sensato sería que el requisito en cuanto a la edad  para un adolescente contraer matrimonio o unirse en concubinato sean los 15 ó 18 años. Ojalá fuera esa la cuestión puntual, pero no lo es. Debe considerarse, que mientras más temprana sea la emancipación, mayor es el riesgo de que la unión marital fracase, puesto que el matrimonio no es lo que una adolescente cree, un acto de rebeldía o de aventura momentánea, que al día siguiente termina y luego a reír todos.  Unirse en matrimonio o en concubinato es una decisión abstracta a pesar de que muchísima gente supone que “todo el mundo  sabe lo que hace”.  Por eso es tan común que los adolescentes jueguen a ser adultos a partir de los 14 y 15 años, sobre todo las hembras. JUGAR  A SER ADULTO ES UNA COSA, PERO SERLO, ES OTRA MUY DISTINTA.

Cada vez que una adolescente se casa o se “muda” con un hombre  de su edad o con otro que supera su edad en 10, 15  ó 20 años,  casi seguro que es resultado de una crisis visible o subterránea en la familia, y como una familia funciona como un sistema, cualquier conflicto entre los progenitores,  puede acelerar  la emancipación de la hembra o el varón menor de edad, aunque la hembra lo hace con una frecuencia seis veces mayor que el varón.    

La emancipación en la sociedad dominicana no ocurre exactamente siguiendo una de las tres variantes que ocurren en países desarrollados: 1) el nido acogedor dejó de ser grato, 2) dejar el nido vacío y 3) el vuelo al fracaso. Entre nosotros  tenemos dos variantes adicionales a esas tres: 1) “que salga la recua de mi casa aunque se quede en el camino" y 2) la "ayuda mutua". Es muy difícil que los padres puedan evitar la emancipación por "vuelo al fracaso" tanto del varón como de la hembra antes de cumplir los dieciocho,  pero sí pueden retrasar, sobre todo en el caso de las hijas, aquella  relativa a  "que salga la recua aunque se quede en el camino" y también aquella llamada  la "ayuda mutua", puesto que ambas variantes están estrechamente relacionadas con la pobreza y un estilo de crianza de muy poco involucramiento de los padres en el proceso de identidad y de formación del carácter de los hijos.

He aquí un ejemplo de lo que ocurre en la RD cuando una familia tiene 5 hijos y  3 de estos son hembras entre los 12 y los 16 años con un padre que apenas tiene ingresos para comer. Imaginemos que hay conflictos maritales o que el padre es bebedor, y si este es el caso es muy probable que exista el deseo  en los padres de que las hembritas que tienen 14 y 16, se casen  o “muden” con un hombre. En barrios y campos es frecuente escuchar a las madres decirle a su hija de 14 ó 15 años: “Hace rato que  tú tiene edad de tener marío”. Esas madres piensan que sería bueno tener  "dos bocas menos" que alimentar.  

En el barrio pobre donde vive la familia, siempre existe un pulpero "buena gente" que fía la comida los días difíciles. Por eso, mamá no se opone a un amorío de su hija de 15 ó 16 años con el pulpero de 45 o de 50. La madre ve el asunto con la siguiente disyuntiva “o me hago de la vista gorda o simplemente no hay comida fiá los días malos”.  Es simple “ayuda mutua”.

Otros factores precipitantes de la emancipación anticipada, es un padre o padrastro que se hace el borracho para manosear o abusar de la hija/hijastra. También cuando los padres  no pueden llenar las necesidades de sus hijas en cuanto a ropa y afeites realzadores del atractivo físico y aparece un viejevo capaz de suplir esas "necesidades". Papá y mamá se echan a un lado basándose en el refrán de que “la necesidad tiene cara de hereje”.

Como Terapeuta familiar soy partidario del matrimonio legal  a partir de los 18 años por razones de madurez de los órganos reproductores y madurez  emocional de las chicas y la capacidad de entrar en el mercado laboral del varón. Pero insisto en que el hogar y la escuela deben ser los espacios propicios donde las adolescentes reciban apoyo y lecciones sobre sicología del enamoramiento que las ayude a evitar la tragedia de casarse o s “mudarse” con un  sociópata o  con uno adicto a toda ociosidad  pero no al trabajo.

El autor es Terapeuta familiar

Centro Médico  Cibao-Utesa


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