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Luciano Filpo

Luciano Filpo


¿Cambio o Retroceso en Educación?


  • 18.09.2020 - 11:03 am

El ciudadano de América, Eugenio María de Hostos es el mentor de un sistema educativo dominicano en la época Republicana, llegó con el positivismo y la ideología del progreso a cuesta, una filosofía que promovía el cambio y el progreso, cuestiona las reminiscencias de la escolástica medieval vigente en República Dominicana y parte de América Latina. Hostos exclama como grito de Guerra contra la ignorancia, las guerras recurrentes y el complejo heroico de los dominicanos "Civilización o barbarie". Con el prócer caribeño se crean las escuelas normales y se forma una cantera de educadores, los cuales irradian su mensaje por toda la geografía nacional. Hace 140 años, Hostos luchaba contra los demonios del oscurantismo, clientelismo y dogmatismo clerical.

Recibió las embestidas del padre Meriño y algunos de sus seguidores, así como del dictador Lilis, el cual provocó su ostracismo del país. En casi siglo y medio, las políticas sociales orientadas a la educación no han encarado de forma efectiva y holística los problemas que agotan el sistema educativo. Los norteamericanos (1916-24), Trujillo (1930-1961), Balaguer (1966-78) hicieron nimias reformas para mejorar la educación, Pero dejaron de lado la visión laica e irracional plasmada por Eugenio María de Hostos. Entre 1992-2002, se puso en vigencia el Plan Decenal de Educación, una iniciativa de corte regional, empujada en el Caribe y América Latina con la particularidad de cada país. Organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el banco mundial (BM) y la CEPAL conminaran a los gobiernos a poner en marcha reformas educativas que coadyuvaran a modernizar y actualizar los sistemas educativos. La UNESCO, dependencia de la ONU promueve el lema de educación para todos.

Desde la década de 1980 se empieza a promover el enfoque neoliberal basado en la calidad y en el carácter de mercancía de la educación. En el marco de esas reformas y el plan decenal, se aprueba la ley 66-97, normativa legal para el sistema educativo dominicano, era muy avanzada en ese momento, luego ha requerido las enmiendas de lugar para ubicarla en el marco de los cambios acelerados que ocurren en educación del siglo XXI. En la República Dominicana se produjo una situación de hastío, cansancio y rechazo ciudadano a los procedimientos y legalidad creadas por los gobiernos del PLD. Aquí se fracturaron las instituciones, corrompió la memoria, se llenan las apariencias legales de mecanismos dolosos, tramposos, obscenos y corruptos carentes de legitimidad.

Se entendió la propuesta del cambio como una necesidad ineludible en medio del marasmo, confuso, avieso y taimado creado por las pasadas autoridades. Desde la coalición democrática se hablaba del cambio para cambiar, ha sido tan significativo el proceso de desinstitucionalización, a lo que se suma la pandemia y los efectos colaterales de esta situación que un periodo de gobierno no es suficiente para enderezar el rumbo del país. El ejecutivo de la nación ha dado connotaciones y muestras de comprensión de la forma en que llegó al poder, de los retos y desafíos a enfrentar, de la necesidad de poner en marcha un proceso de adecentamiento e institucionalización del país.

Lo que se ha pretendido en educación, en nada implica cambio, por el contrario, es un retroceso rampante; parece que el ministro Fulcar ha cedido a las presiones de grupos al interior del PRM, los cuales muestran una desesperación y obnubilación como si el gobierno se estuviese acabando, tampoco reflexionan acerca de la situación por la cual transita el país y que colocan al gobierno en una situación de precariedad financiera casi absoluta. La ley general de educación 66-97 en sus artículos 86, 87, 88, 89, y 90 atribuye funciones y atribuciones al ministro de educación. Entre ellos presidir el consejo nacional de Educación, así como escoger parte de las autoridades del ministerio y que se ocuparán del planeamiento, evaluación y búsqueda de la calidad en la educación.

El artículo 139 de la referida ley 66-97, establece que la burocracia regional y distrital del sistema educativo debe ser escogida por concurso de oposición, libre y contradictorio. Aunque el ministerio sabe de la idoneidad de los concursos en educación y está de acuerdo en promoverlos, las presiones internas de grupos y el apandillamiento de viejos especímenes, como ha ocurrido en San Pedro de Macorís y otros lugares, se creen con derechos adquiridos para reclamar puestos. Derogar una ordenanza y posesionar ISO facto a unos funcionarios, evidencia, improvisación e incomprensión de la coyuntura, así como involución.

Si el ministro Navarro amañó los concursos, no implica que se designan personas sin pasar siquiera por una terna, ¿Cuál es la calidad, ¿Cuál es la competencia de esos sujetos, qué nivel de comprensión poseen de la presente coyuntura? Que se empleen ternas para designar de forma interina a esos funcionarios de regionales y distritos hasta que se haga un concurso según establece la ley de educación. Hay que superar el fanatismo, dogmatismo e integrismo con el cual el pasado gobierno manejó las instituciones públicas y entre ellas educación. El 4% fue la piñata de los múltiples negocios y lo menos que se empujó fue lo pedagógico. El presidente Abinader ha advertido que el Estado no es un botín de guerra.

Las ambiciones desmedidas, el apetito voraz que muestran algunos por llegar a la administración pública y las presiones abiertas de grupos por espacio de poder en el gobierno, están haciendo ruidos innecesarios, desconociendo el tacto con que se debe manejar la grave situación por la que transita el país. Existen indicios de muchos aspirantes a cargos públicos para mantener la situación de privilegios que creó el anterior gobierno. Lo planteado en educación violenta el pacto educativo, la ley general de educación, pero sobre todo marchita el discurso del cambio y la necesaria institucionalización del país. Aún se está a tiempo de enderezar el rumbo del barco y de buscar por la vía del concurso los hombres y mujeres que coadyuven a variar la realidad tétrica de sistema educativo dominicano.

El autor es Dr. en Educación.


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