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Miuris (Nurys) Rivas

Miuris (Nurys) Rivas


¡Ay esos 31 de diciembre!


  • 07.01.2020 - 12:00 am

¡Está nuevecito! Es bisiesto y hace una semana que bajó y subió el telón del inmenso teatro que es el mundo y nosotros, consumados actores del escenario, una vez más acudimos a ese cambio subliminal en el tiempo.

Doce hojas caen del calendario, 365 días (el que pasó) y 52 semanas, eso lo aprendemos en nuestros cursos primarios y como una señal, a casi todos se nos queda prendido en el recuerdo.

Ojalá ser eternamente niños para de esa manera, librarnos de las responsabilidades y dilemas de un acontecer que no siempre es grato.

Sin embargo todos, o casi todos festejan la llegada del nuevo año, dependiendo del estatus económico de cada uno, se alzan copas, vasos y hasta desechables, todo sea por catar un buen champán, una cerveza, sidra o lo que aparezca.

Momentáneamente pasan al olvido incertidumbres y pesares y entre frases optimistas, aplausos y bailes  auguramos esperanza y felicidad sin límites. 

Despedimos a un año que se abatió con maldad sobre algunas partes del mundo, estamos sobreviviendo a un naufragio colectivo de inversión de valores, hemos sido testigos de tragedias ocurridas en torno al ser humano.

Este año, siguieron cayendo mujeres víctimas de una violencia de género que parece imbatible, un cáncer internado en nuestra sociedad que amenaza con ir a más cada día.

Con todo el derecho del mundo, cada 31 de diciembre, los humanos brindan por el año por venir, muy dentro de cada uno, además de tejer esperanzas, se hace un nudo con el deseo de estallar y se ahoga entre boca y garganta, un colosal basta ya, lleno de coraje que hay que apagar para no romper con el júbilo del momento.

En muchos hogares, en muchas partes del mundo, la Navidad ha pasado de manera doliente, muchas son las causas que originan ese dolor en el ser humano, duelo, soledad, hambre, falta de trabajo, son motivos que ocasionan desesperación, componentes que no son precisamente motivadores festivos.

De todas maneras hay que vivir, la familia necesita ser empujada, los hijos precisan de los padres, aunque éstos no puedan “ni con su alma”, tendrán que guardar bajo la almohada sus pesares para sonreír en la mesa, alentar a unos hijos que también padecen la pérdida de muchas de sus ilusiones. 

Adelante mi gente, a caminar derechito buscando la luz que nos hace falta para transitar por el camino del año instalado en el universo.

Cada comienzo de año es un desafío, un crear metas que a veces van cayendo junto a las hojas del calendario, hay temor y desconfianza, aún ante esta cadena tejida con semejantes evidencias, seamos valientes y avancemos con esperanza por este nuevo año.

Total, que también yo terminaré con el consabido tópico: “Tengan un feliz año nuevo”.


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