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Luis Córdova

Luis Córdova


Apuntes para la memecracia dominicana


  • 17.07.2019 - 06:11 pm

El mundo necesita reír. El estrés colectivo, las presiones sociales y las crisis (éticas, morales, económicas), hacen que los días se carguen de hostilidad en una continua lucha por equidades y derechos. En estos tiempos en los que se cuestiona la sobrevivencia de la democracia, al menos como la hemos mantenido hasta ahora, los políticos saltan como celebridades en la realidad caricaturizada. Los memes establecen verdades y critican acremente, quizás como los medios tradicionales jamás se atrevan.
   
No existe un evento político, o incluso de la vida privada de los protagonistas nacionales, que salte a la luz pública que no sea objeto de un “meme”, arrebatando sonrisas o indignación, según sean nuestros intereses o afiliaciones.
   
En el caso de lo político, un meme es la interpretación o exageración de un hecho real protagonizado por personajes conocidos que se han visto en situaciones comprometedores o que han propiciado declaraciones que distan de lo que la ciudadanía entiende como cierto. También se producen memes a partir de ficciones, espacios caricaturescos o históricos, siempre en el marco de que sea clara la expresión del mensaje exagerado para fomentar la broma.
   
Me confieso un perseguidor de caricaturas, por eso mi pasión por los memes se extiende un poco buscando los conexiones de lo que podemos denominar la cimiente de los memes. En este formato lo humorístico no depende del trazo o el texto, sino de una referencia que puede ser una frase, una imagen, un cómic, un vídeo o un concepto más abstracto. Mis amigos me critican cuando afirmo que en algunos existe una carga filosófica interesante. Obvio que muchos llegan ahí sin imaginar siquiera que Foucault jamás existió.
   
Los memes se propagan mediante hipervínculos, foros, sitios web y cualquier otro difusor masivo, sobre todo, como lo son hoy en día las redes sociales y en el caso dominicano de manera masiva por whatsapp. El concepto de meme se ha propuesto como un posible mecanismo de evolución cultural.
   
La palabra “meme” proviene del griego “mimema” que significa “algo que se imita”. Pero el concepto de ciencia, de donde lo toma Internet para definir este fenómeno, viral por excelencia, es del concepto inventado por el zoólogo británico Richard Dawkins en su libro “El gen egoísta” (1976): “para seguir comprendiendo la evolución tenemos que pensar en los genes como replicadores, unidades que solo están interesados en perpetuarse a sí mismas. Por eso deberíamos entender que los genes no están a nuestro servicio sino que más bien los humanos somos máquinas de supervivencia que respondemos a nuestro egoísta, inconsciente, ciego material genético”.
   
Por eso se hace el símil de los memes con esos egoístas genes: “no tienen por qué ser necesariamente buenos, ni bellos, ni útiles, ni verdad. Lo único que hacen es extenderse y sobrevivir”.
  
El ejercicio de la libertad en democracia, fomenta la creación y divulgación de los memes. De estudiar su impacto se han ocupado sociólogos de diversas escuelas del mundo, quienes han elaborado tesis sobre su aporte a la consolidación de sistemas de partidos o en la libertad de expresión. De ahí el surgimiento de una “Memecracia”.
   
Delia Rodríguez en su obra “Memecracia: la era de las ideas contagiosas”, ha construido un cuadro de lo que debe tener un meme para “triunfar”. Nos ayuda a delinear los elementos que desde la República Dominicana se pueden incorporar para elevar el nivel de los producidos y emplearlos objetivamente en el fortalecimiento de la democracia.
   
En este sentido los memes deben contar una historia, y ésta debe trata al menos uno de los grandes temas de la narrativa. Los personajes y situaciones son arquetípicos. Esa historia debe lograr mantener la atención por su planteamiento, nudo, desenlace e incorpora alguna sorpresa y apela a algo que desean los demás (deseo mimético) o a las ideas de vivir en crisis o vivirlo todo. Provoca una emoción intensa e irracional como la hilaridad, la indignación o la ternura y aprovecha los sesgos y tendencias naturales del cerebro para atraer más atención (sencillez, movimiento, caras humanas, colores intensos, patrones cognitivos, ruidos y colores intensos).
   
Tenemos buenos memes dominicanos, lamentablemente nuestros políticos prefieren ignorarlos. Incluso las quejas frente a las críticas son soterradas, como si el silencio limitara su difusión o se haga más fuerte. Muchos no alcanzan a entender que el juego de la “memecracia” avanza y que ellos, los políticos, por mucho poder que tengan son piezas y no jugadores de este ajedrez burlesque y sin final.





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