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Hna. Verónica De Sousa

Hna. Verónica De Sousa


Apocalipsis: ante la persecución, la esperanza


  • 11.02.2020 - 12:00 am

La semana anterior prometí hablar un poco más sobre el último libro de la Sagrada Biblia, el Apocalipsis. No pretendo ofrecer una explicación detallada sobre su contenido, sino ayudar a cambiar el miedo que suscitan sus imágenes para, desde la fe, crecer en esperanza. Quizá algún amigo o familiar puede alarmarte con sus afirmaciones. Pero lo que allí está escrito no trata del destino fatal de la humanidad. Para perder el miedo y liberarte de prejuicios comencemos por conocer cómo surge este libro.

Ya sabemos que la apocalíptica es un género literario, presente en la Biblia desde el Antiguo Testamento. En el ambiente judío de la época y por muchos años más, encontramos escritos que recurren a ella.

Cuando lees un libro preguntas por su autor: quién es, qué le motivó a escribir la obra, cuándo fue escrita… hagamos las mismas preguntas al acercarnos a un texto bíblico. Con esos datos tenemos un contexto que nos permite adentrarnos en la lectura, comprenderla correctamente y disfrutarla.

El Apocalipsis se atribuye a Juan, hijo de Zebedeo, apóstol y evangelista. Una lectura atenta ve que el autor solo menciona su nombre. Su estilo no es semejante a otros escritos atribuidos al apóstol. En la actualidad, los especialistas explican que hubo una comunidad nacida por la predicación del evangelista que, con el paso del tiempo, generó obras escritas. En esa época era común asignar como autor de las obras a un personaje de renombre, no tanto para darle “autoridad”, sino porque de hecho el autor verdadero se identifica con el personaje presentado como autor de la obra. Ese recurso se llama pseudonimia.

El autor eligió la apocalíptica para comunicar su mensaje por las circunstancias históricas que lo rodeaban. La vida era difícil para las comunidades. Buena parte del Apocalipsis refleja hostilidad de parte de las autoridades provinciales del imperio romano. Posiblemente, alguna sección del libro fue escrita en la época de Nerón (54–68 d.C.) y concluido en tiempos de Domiciano (81–96 d.C.) o poco después. Quien la escribió se llama a sí mismo Juan (1,2.4.9; 22,8), contemporáneo de sus lectores y compañero en el sufrimiento, el reino y la perseverancia en Jesús (1,9). Los destinatarios del libro estaban sometidos a amedrentamientos y persecución. Los primeros capítulos reflejan problemas internos; algunos cristianos habían dejado la comunidad y adversaban a quienes se mantenían fieles al Señor. Pero las dificultades mayores venían del ambiente social en el que vivían: limitaciones en sus actividades económicas (13,17),hostigamientos y abusos de distinto tipo, hasta llegar al martirio  (2,13; 7,14). 

En el imperio romano floreció la práctica religiosa de honrar al emperador, incluso le dedicaban templos: el “culto imperial”, recurso religioso al servicio de la imposición política. Un cristiano no solo no podía rendir culto más que a Jesús y al Padre, sino que, además, estas prácticas le resultaban contradictorias con su fe. La negativa a rendir culto al emperador era castigada con persecución y muerte. En ese contexto nació el Apocalipsis.

Seguramente, cuando has visto a alguien sufriendo, has querido darle aliento, consuelo y esperanza. Eso quiso hacer el autor del Apocalipsis, inspirado por el Espíritu. Ofrecer palabras de consolación y sentido para los cristianos que sufrían la persecución. Y escritas de forma que solo ellos pudieran comprenderlas. Poco a poco, iremos desentrañando esa complejidad. ¡Hasta la próxima!


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