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Redacción

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Alarma y desesperación


  • 18.01.2021 - 12:00 am

El azote de la pandemia COVID-19 se intensifica a escala planetaria y esto implica que la población sobreviva en estado de emergencia, alarmada y desesperada; la vida se torna  difícil.

República Dominicana no escapa a esa dramática realidad y  una muestra de los embates de la enfermedad se expresa en el registro de 20 mil 900 contagios y decenas de fallecidos durante la primera quincena de enero de este año 2021.

Además, otras situaciones preocupantes son elevación de la  tasa de positividad, disminución de camas para pacientes con coronavirus, trastornos en la salud mental y efectos que impactan de manera negativa en la economía.

Frente a este escalofriante cuadro, es un deber de cada dominicano  respetar las medidas sanitarias, el toque de queda y todo cuanto contribuya con la prevención de la COVID-19 y al mismo tiempo frenar su avance.

No obstante, como una decisión alentadora, el Gobierno dominicano firmó un acuerdo con la farmacéutica británica AstraZeneca para garantizar la adquisición de 10 millones de vacunas contra el coronavirus que la compañía desarrolla junto con la Universidad de Oxford, a un costo de cuatro dólares la unidad.

Para retornar a la normalidad es imprescindible el uso de mascarilla, mantener el distanciamiento físico-social, cooperar con las autoridades y prepararse para recibir la aplicación de la vacuna o de lo contrario la afección será incontrolable y eso provocaría mayores dificultades en el país.

Se prevendrá e impedirá el auge del coronavirus, cuando todas las personas tengan conciencia de la importancia de sujetar su accionar a la disciplina, la sensatez y el come­dimiento, debido a que solo de ese modo se tendrá éxito en la lucha contra el virus.

La salvación de la población dependerá de su propio comportamiento, por tanto,  se debe ejercer una ciudadanía responsable por la preservación de la salud y el bienestar colectivo.

Emergencia mundial

Desde Ginebra, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció que a nivel mundial hay un estado de emergencia, como consecuencia del recrudecimiento de la pandemia COVID-19.

Un informe oficial notifica que a nivel global hay alrededor de 93 mi­llones de infectados y los muertos se cuantifican en dos millones 174 mil, cuyas cifras evidencian un panorama horroroso.

La humanidad padece depresión, problemas económicos, tensión, estrés y otros males que se derivan de la crisis sanitaria generada por el coronavirus; la desesperación e incertidumbre atormentan a la población mundial.

El inicio de la vacunación en varios países y la aplicación de tratamientos médicos con múltiples fármacos  despiertan una esperanza, porque se espera que se controle el coronavirus por la paz y la tranquilidad en el globo terráqueo.

Fernando Hernando, otra víctima más

El doctor Fernando Arturo Hernando Muñoz, conocido como Fernando Hernando, se convirtió en otra víctima causada por el coronavirus.

Fernando Hernando, quien fue un experimentado neumólogo y decla­rado Maestro de la Medicina por el Colegio Médico Dominicano, falleció la semana pasada y su muerte enlutece a la sociedad a la que le sirvió con el corazón.

Gloria eterna para el profesional que dignificó a la medicina y al ser humano.


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