Comentarios Recientes

0
Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


Al PLD lo están llevando a la “trampa-22”


  • 07.07.2019 - 05:26 pm

La literatura tiene una voluminosa ventaja sobre la actividad política: en aquella usted puede volver atrás y corregirse sobre lo dicho, pero en ésta última es tan difícil corregirse que no sería desproporcionado si se dijese que es comparable al bostezo donde detenerlo  resulta casi imposible. Y esa diferencia tiene su origen en que mientras  en la novela el autor crea una historia y personajes de ficción que  el escritor no se empeña en hacernos creer que son  reales, en la actividad política ocurre lo contrario: cientos y hasta miles de los participantes que hablan y escriben en los medios de información, se esfuerzan  en hacernos creer que sus ficciones, sus intrigas, chismes y habladurías son verdades de a puño.
   
¿Qué es la “trampa 22”?  Es una expresión usada frecuentemente en psicología cognoscitiva (dicha expresión tiene su origen en una novela homónima del escritor estadounidense Joseph Heller publicada en 1961) para referirse a una situación paradójica porque la salida que se busca a un problema contradice las normas establecidas para hallarla favoreciendo así el surgimiento de bandos que propugnan por la adopción de una salida que parece apropiada y bandos que proclaman la opción de la salida ya establecida. Y lo común a todos los bandos participantes es que cada uno conquista aliados dentro y fuera del grupo radicalizándose en sus opiniones y dándole un asiento privilegiado al chisme y a las intrigas  más desgarradoras y tenebrosas.
  
El argumento de la novela de Heller refiere la historia de un piloto de avión bombardero  de la Armada de Estados Unidos, que cuando fue llevado al frente de batalla días previos al desembarco en Normandía, durante la Segunda Guerra Mundial), tras escuchar a su Comandante de cómo los pilotos formarían una ringla con sus aviones para llevar a cabo un bombardeo exitoso sobre las tropas enemigas, y  cómo podrían evadir el fuego enemigo y las bajas de pilotos que podrían producirse, aquel piloto bombardero preguntó: “Coronel, ¿alguno de nosotros tiene chance de retornar vivo?” No lo creo, --respondió el oficial. Pues, el que tenga oportunidad de saltar si es derribado, caerá en terreno enemigo, y las tropas alemanas no cargan con prisioneros de guerra”.
   
Horas después, aquel piloto fue presa de un tipo de pánico hasta entonces desconocido en el Ejército estadounidense. Histérico, agitado y hablando incoherentemente, fue llevado al consultorio del psiquiatra de su batallón. Tan pronto el psiquiatra estuvo frente a la litera  donde permanecía con “camisa de fuerza”, el miedoso piloto empezó a delirar. El médico le preguntó: “¿Qué te pasa, por qué deliras?” No estoy seguro, doctor, respondió, pero creo que estoy loco y un piloto loco jamás debe salir a bombardear en una situación tan peligrosa para su vida.        

Entonces el psiquiatra repuso: “Bueno, la cláusula 22 del Reglamento de nuestra Fuerza Aérea es claro con respecto a cualquier soldado que se vuelva loco.  Recuerda que dice: Ningún piloto, mentalmente sano, sería capaz de pilotar un avión bombardero en medio del infierno de la guerra”.
 
Aquel piloto se hizo el loco, pero esa ‘salida’ para evitar salir a bombardear al enemigo, lo condujo directo a la trampa contenida en la disposición 22 de su propio Reglamento militar. Paradójico, ¿no?

¿Qué pasa en nuestro partido? Bueno, pues en el PLD tuvimos como guía para evitar conflictos, neutralizar chismes y habladurías, controlar ambiciones y relaciones de poder, y favorecer la práctica de la honestidad entre compañeros, una especie de ‘reglamento’ que se llamó “disciplina partidaria y métodos de trabajo”. Con ello se evitaba que algún gofo, un compañero educado, cualquier camaleón, camaján o ricachón ailustrado, usara sus mañas y deformación contra el Partido y sus compañeros. También se evitaba que cualquiera de estos personajes usara en el partido  una táctica que la CIA llama “capacidad inmediata del primer golpe”, la cual consiste en mentir sobre la conducta y actitudes de un adversario potencial o que podría hacerlo aparecer como tal, recurriendo a la repugnante práctica de difundir rumores falsos y chismes en su contra.
  
El chisme y la intriga han degradado al PLD de tal manera que hoy sus dos líderes más prominentes se ven acorralados por ciertos seguidores expertos en llamarle a una suave llovizna, aguacero torrencial, y a una educada  afirmación de principios, humillante desconsideración al líder y a su investidura. El riesgo es que ambos líderes podrían caer en la trampa de pasar de dirigentes asertivos a hombres ‘dirigidos’ por pandereteros.
   
Los líderes que se ven zarandeados por contextos conflictivos que amenazan un apocalipsis, frecuentemente tienden a tomar decisiones tarúpidas. Y un poético ejemplo de ese tipo de decisiones fue aquella de congresistas del PLD protestar fuera del Congreso y la respuesta  del Estado militarizando aquella sede para  reprimir a legisladores del partido oficial.       


   
   

  

 

Comentarios

Name of User
Sé el primero en comentar

Ir arriba