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Vinicio Guzmán Luciano

Vinicio Guzmán Luciano


Ahora sí, las zancadillas del viejo caudillismo terminó


  • 03.08.2020 - 12:00 am

El caudillismo que fue el resultado de las acciones fratricidas del Continente Americano, que después de las revoluciones hispanoamericanas, por salir del oprobio y la atrazada condición de esclavitud a que tenía sometido España al Continente, pues las contradicciones entre civiles y militares, entre salir del viejo molde de la metrópoli y entrar a un nuevo sistema al que no se estuvo preparado, para organizar las repúblicas que nacían en el primer cuarto del siglo XIX, trayendo como  consecuencia, un ambiente de fenómeno político en el que, los caudillos eran líderes carismáticos sin formación política en la mayoría de los casos, y basaban sus accionar político en las prebendas y promesas de falsas esperanzas., sistema este que al fin y al cabo, ha producido, los más nefastos y espeluznantes dictadores de América.

Con el final de la jornada política de los caudillos Leonel, Hipólito y Danilo en el primer cuarto de este presente siglo XXI, se cree que ya, por fin se termina una época caudillista de casi 200 años en América y de unos 176 en Santo Domingo.

Las espectativas siempre quedaron intactas, nunca se cumplieron, en el caso de Santo Domingo. Han sido 176 años de pérdida en la penumbra y los nubarrones de los asedios, maltratos, dictaduras despiadadas y aún los males siguen siendo los mismos, con la ayuda de las potencias y los avatares producidos por los que controlan el mundo. 

La República Dominicana, en los últimos 30 años, ha sido gobernada por caudillos que sólo aspiraban a ser presidente, pero, los caudillos no tienen ni han tenido en su agenda, programas sociales para el beneficio de las masas que lo llevan al poder. Los caudillos sólo prometen ilusiones para luego controlar y maltratar a esas masas. Como hemos dicho, suben con las masas pobres y bajan con la oligarquía y poderosos, permitiendo hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. 

Pero ya ha terminado esa era de viejos caudillos, que si vuelven, sólo sería para molestar y hacer creer que todavía están vivos en la política, pero no, las artimañas que han utilizado para querer volver, no le han dado resultado. La población ya está claro que no buscan nada, elegiendo a la vieja generación de caudillos. Por lo que se debe preparar la nueva generación, no de caudillos, sino de jóvenes de preclaras mentalidades y del nuevo molde de la política regenerando y haciendo profundas reformas profilácticas, para limpiar bien el camino del rastro de los viejos y que no se siga la mala costumbre de la urdimbre enredada y que produce escozor al recordar que no dejaron a su paso, un legado de pasar la antorcha, sino de quedarse con ella hasta que se agote el fuego y llegue al fin de quemarse las manos con el agotamiento.

Despidamos por fin la racha, la agonía y la pesadilla del viejo caudillismo enraizado hasta los tuetanos, pero que produjo mucho cáncer político, que no nos ha dado tiempo para el desarrollo y ponernos en el lugar de que debió corresponder como ciudad primada de América.

Estos últimos caudillos se presentaban como mesías, salvadores, padres., pero eran enviados para ellos mismos, se salvaban a ellos mismos. El pueblo supo que no eran tales, y los ha rechazado, no quiere el viejo molde ni nada que le parezca a Trujillo. 

Solo una fracción de la ciudad le sigue, no tienen liderazgo que aguante a una población que en su mayoría son jóvenes de los estratos medios, preparados con la ciencia y la tecnología que jamás dejaran pasar a un viejo molde. 

Ya han sido rechazados, ya deben irse a sus casas a descansar y ayudar a los nuevos procesos y al desarrollo del país, o ir a estar con sus familiares y disfrutar una etapa importante de la vida: la vejez.

Mientras tanto, el pueblo se prepara para organizarse mejor, para elegir a lo mejor de nuestros ciudadanos y buscar que en los gobiernos próximos, hayan personas que se preocupen por la sociedad, por los que ese viejo molde mandó a vivir en la periferia y a orillas de cañadas y ríos, a los que esta vieja generación abandonó a su suerte, a vivir si pueden, a la vida de la desesperanza, a los destinados a vivir creyendo que eso fue lo que Dios le dio  y que  no tienen más por que luchar y vivir a la excelencia.

Hemos salido de la vieja generación política y digamosle adiós para siempre. 


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