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Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


Ahora en el 2021, eche las emociones negativas a la basura y solo acoja las positivas (1 de 2)


  • 04.01.2021 - 02:07 pm

La mayoría de los dominicanos cree que “tener suerte” es una emoción y que por regla tiene que ser una emoción positiva. Lo curioso es que al tiempo que creemos que “tener suerte” es una emoción positiva, también creemos que si adquirimos una enfermedad, como la actual, la COVID-19, es una demostración de que nuestra suerte no anda bien y que por lo tanto, no importa lo que haga, como quiera se iba a contagiar. Muchos otros creen que no deben empeñarse en tener emociones positivas porque ya las negativas se han asentado en su vida y no hay manera de que eso cambie algún día. Y toda esa extraña manera de ver la vida sucede porque a menudo no percibimos que nuestra mente es tan flexible que podemos llenarla de escombros y aguas negras como la codicia, la deshonra,  la ira y la infamia o convertirla en refugio de emociones tan nobles como la empatía, la ternura, la de sentir satisfacción por dar la mano al necesitado, la de regocijo por la dicha ajena, la de esperanza y fe sobre un porvenir halagüeño, de la templanza y perseverancia y la de la prudencia ante lo que nos puede causar dolor y sufrimiento. 

La base en que se apoya el sentido de identidad de cada ser humano tiene  seis patas: (1) nuestro pensamiento, (2) la voluntad, (3) el comportamiento, (4) la memoria, (5) la capacidad de poder tender lazos de buenas relaciones con los demás y (6) la capacidad de previsión de acciones y acontecimientos que nos pueden dañar, afligir  o perjudicar. 

Veamos la primera pata, el pensamiento. (1).- Nuestros pensamientos nos sirven de guía en todo excepto mientras dormimos y si esos pensamientos son elaborados siguiendo miles de informaciones erradas o falsas que escuchamos y leemos a diestra y siniestra cada minuto, pues con toda seguridad adoptaremos creencias, actitudes y opiniones de rechazo y de inconformidad absoluta con la gente que nos rodea, con el país, el Estado, las religiones, el estado de pobreza o la riqueza, la Policía, el sistema de justicia, la conducta de los líderes políticos, la economía, la , con nuestros relacionados más cercanos y hasta con nosotros mismos. 

Es por eso, que alrededor del 75% de los dominicanos de hoy cree que quien no engaña en un negocio, que el comerciante que no se aprovecha de cualquier calamidad para sacar mayor ganancia de lo que vende, quien consciente en que hay personas honradas o que no todos son malhechores, que quien piensa en mantener a salvo los escrúpulos, quien no es capaz de acusar falsamente a otro para obtener algún beneficio, quien no es capaz de estafar a su propia madre, quien no se aprovecha del presupuesto de un cargo público o privado, “quien no se hace el chivo loco” con las deudas contraídas, quien no es capaz de difamar o calumniar a su contrario, que quien no es capaz de violar leyes o reglas impuestas por la sociedad, quien no se atreve a ‘pegar un cuernito” siquiera ocasionalmente y quien no se atreva a abandonar su pareja y los hijos por otra mujer que está “mucho más buena”,  es simplemente el mayor pendejo del mundo. Sin  embargo, todos esos vicios, como le decían muchos filósofos de finales del siglo 19 y comienzos del 20, no son más que profundos albañales que nos deshigienizan y ahogan pútridamente en el gran pozo de las emociones y conductas  negativas.

(2 da. pata).- La voluntad. Mediante una voluntad firme, es decir, mediante la posesión un deseo propio surgido del convencimiento de que tenemos suficiente coraje o tenacidad para alcanzar los objetivos que queremos, podemos actuar en beneficio propio y en el de los demás sin que nos amedrente la duda o la falta de confianza en nosotros mismos.

(3 era. pata).- El comportamiento. Uno de los aspectos más complejos del ser humano es su conducta, es decir, qué hará Fulano de Tal ante una situación determinada, un hecho cualquiera como un insulto, una agresión física, dinero dejado a la vista y sin que nadie lo cuide, frente a una infidelidad conyugal o ante el asesinato de un ser querido o frente a una injusticia en su contra. ¿Tendrá un comportamiento cordial, de paciencia, de tolerancia o de agresión frente a quien le ha provocado un hecho gravoso físico, emocional o moral? Si somos de capaces de controlar o moderar nuestra conducta al sopesar sensatamente las consecuencias que puede acarrearnos los malos comportamientos, pues saldremos ganando ya que quien puede ajustar a sano juicio y razonamiento prudente el comportamiento, le espera una vida sosegada, útil y emocionalmente equilibrada. 

Todo lo anteriormente dicho podemos apartarlo como un compromiso a cumplir durante el 2021,  pesar de la tragedia que vivimos por la más larga epidemia sin control que ha sufrido nuestro país durante los últimos 100 años. ¡Aferrémonos a una fuerte voluntad de resiliencia, optimismo y tenacidad para vencer en este 2021 nuestras debilidades y pesadumbres!

No olvide leer la segunda parte de este artículo que saldrá el próximo lunes.  


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