Comentarios Recientes

0
Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


¿Adónde arranca la tragedia feminicidios y suicidios? 2-2


  • 24.11.2019 - 06:18 pm

Hoy hablaré de las causas de cientos de asesinatos femeninos. ¿Los maridos y exmaridos asesinaban tan a menudo a sus mujeres 50 ó 60 años atrás tal como ocurre hoy? ¡Claro que no! Entonces, qué es lo que pasa hoy? Tengo la siguiente hipótesis basándome en mi experiencia clínica. En aquellos años, la mujer solo era vista como deseable para tener los hijos y formar una familia. La vida cotidiana de esa mujer quedaba restringida a las labores hogareñas, crianza de los hijos y el apareamiento con su marido; socialmente solo existía para sus vecinos, la iglesia y los velorios. Como no había publicidad y tampoco TV, ella quedaba fuera del alcance de la manipulación de un mercado que la llenara de “necesidades” para destacar sus encantos físicos y también las comodidades de su vivienda. Su mundo quedaba estrictamente reducido a su marido para obediencia y admiración totales. Su hombre encarnaba todos sus deseos carnales y necesidades emocionales y materiales. 

Pero con el advenimiento de la postmodernidad, todo cambió abruptamente. Ahora la mujer ha descubierto que ella no solo es deseable para parir los hijos y el apareamiento sino también “excitante” y “alborotadora” de instintos, deseos libidinosos y pasiones no para un solo hombre exclusivamente, también para otros.

Al sentirse excitante y alborotadora, debe destacar sus atractivos, retocar y exhibir aquello que la hace atractiva para el gusto de los que la rodean. Se siente más autónoma. Hoy recurre al mercado de trabajo para producir ingresos y con ese dinero adquirir un vestuario que la distinga del montón; si el marido se niega a ser su proveedor de sus gastos personales, ella dispone de tarjeta de crédito para comprar lo que apetece, como ir a la peluquería, al manicurista y a la modista especializada porque ya dejó atrás para siempre el “túnico”, la chancletica y el ridículo refajo de “tela de macario” o tafetán. El ajustado “Yim”, el sujetador elevador de “bubis”, la blusa corta y pegado corpiño, el reductor de cintura y la faja levantadora de “pompis”, son sus mejores aliados. En fin, ella ha pasado de una mujer “deseable” a una mujer “deseada”, con deseos y a la vez estimuladora de deseos varoniles. 

Un hombre corriente, criado en una familia y una sociedad a la usanza de los años cuarenta, no puede comprender y adaptarse a ese nuevo perfil y conducta femenina. Cuando el marido quiere sexo pero ella se siente agotada por lo que no le apetece, simplemente ella dice: “hoy no”. Si el marido la ridiculiza con palabras humillantes, ella riposta; si amanece fuera de casa con una amante, ella lo enfrenta; si llega ebrio y sin dinero porque se lo bebió, ella lo acusa; si no le llena  el closet ni le proporciona diversión,  ella busca empleo para llenarlo y para pagarse un fin de semana en Playa Dorada o en Bávaro. 

Cinco o seis décadas atrás, ni remotamente una mujer se atrevía negarle sexo al marido aunque estuviera  recién parida; tampoco a regañarlo por tener un par de queridas o protestar porque el marido nunca la llevara de diversión. Antes ella solo era casi un ser humano desvalido. Hoy piensa y actúa como un ser humano con derechos y autonomía, y a miles de machos dominicanos, ‘eso’ no le entra en la cabeza. De ahí que reacciona ante el nuevo paradigma femenino con violencia homicida. 

El Estado no debe limitar su accionar a la persecución y condena de los maridos celosos homicidas. Hay que preparar a las mujeres dándoles herramientas psicológicas para reconocer a hombres celosos, controladores e intolerantes antes de ligarse a estos. Todos los hombres controladores son expertos en manipular y darles atenciones de sobra a las mujeres sin dejar entrever los celos y su intemperancia antes de la conquista. Aquí comienza todo. 

Abordaré brevemente lo del suicidio ya que he escrito muchísimo sobre este tema en este mismo diario. El suicidio se ha convertido en un asunto de interés de salud pública ya que ha alcanzado un carácter epidémico  mundial.

Reitero que el suicidio tiene características causales muy parecidas en países pobres y ricos. Todos los indicios apuntan a que la depresión es la enfermedad mental no solo más frecuente en el mundo sino también la principal causa de autoeliminación física de humanos exclusivamente ya que hasta hoy no se ha determinado si un perro o un caballo que se nos parecen tristes, en verdad están deprimidos. Los humanos podemos decir si estamos tristes y deprimidos porque tenemos conciencia del Yo, también de nuestro pasado e incluso hacemos planes para el futuro, cosas aun no previsibles ni observables en otros animales.

También se sabe que  los pobres  se suicidan más que la gente pudiente y mejor informada culturalmente; sin embargo, todos los humanos en algún momento de nuestras vidas podemos caer en depresión, aunque no todos los que se deprimen llegan al extremo de una depresión mayor y al suicidio. Además, existe un fuerte antecedente hereditario entre los deprimidos, casi tanto como lo hay en la esquizofrenia y en la bipolaridad maniaca. 

Desgraciadamente, depresión mayor, esquizofrenia y bipolaridad son enfermedades precipitantes de suicidio. Pero los son también las adicciones al alcohol y a otras drogas, sobre todo, a la cocaína, el crack y a las anfetaminas como el éxtasis que, dicho sea de paso, los usuarios bajo sus efectos se vuelven violentos y homicidas. Algunas personas con dolencias físicas graves o incurables, pueden deprimirse profundamente y en ese estado ponen fin a su vida. 

Los tipos predispuestos, como son los deprimidos “larvados”, es decir, que apenas alguien nota su estado depresivo, pueden suicidarse ante algo tan sencillo como no poder cumplir el pago a tiempo de una deuda de poca monta o porque no puede manejar emocionalmente el rechazo de una mujer de la que está enamorado.

Familiares, amigos y compañeros de trabajo pueden reducir la posibilidad de suicidio de mucha gente si al notar en los potenciales suicidas un estado deprimido o callado más acentuado que el habitual, lo animan a busca asistencia profesional en el Departamento de Salud Mental del hospital o a nivel privado aunque, lamentablemente, ninguna ARS da cobertura a la patología mental, como si la mente no se enfermara lo mismo que el estómago o los riñones.

Los maridos y exmaridos que se suicidan tras el asesinato de su pareja actual o antigua, lo hacen bajo el manto del mismo vendaval de ira y violencia que lo indujo a matar. Por eso es que he dicho muchas veces que eso no constituye un suicidio propiamente dicho, sino un “asesinato u homicidio extendido” o un “homicidio en cadena”.


Comentarios

Name of User
Sé el primero en comentar

Ir arriba