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Hna. Verónica De Sousa

Hna. Verónica De Sousa


Acerca de las protestas ciudadanas


  • 04.11.2019 - 02:03 pm

Las últimas semanas han sido muy difíciles para el mundo. A las guerras y desastres naturales se añaden confrontaciones ciudadanas. Las más citadas: Taiwán frente a China continental y sus pretensiones anexionistas; la pugna de grupos catalanes por separarse de España; Chile, Ecuador, Bolivia, Panamá, Honduras… Conflictos variopintos, con algo en común: el deseo de ser reivindicados. Y solo existe reivindicación si la persona se percibe como víctima.
   

 

El discurso sobre la víctima está presente desde que inauguramos este siglo. El anterior prometió muchas cosas, pero transcurrió penosamente, con su secuela de muerte y destrucción por doquier. ¿Hubo avances? Muchos. Pero también tropiezos. Basta considerar la declaración universal de los derechos humanos, precedida por dos guerras que hirieron la humanidad con crímenes atroces. Una declaración que luce muy bien, pero que no todos los gobiernos la ponen por obra. Tampoco a nosotros nos fue tan bien. Fuimos invadidos por USA, tuvimos dictaduras terribles y poca alternancia de gobiernos.
   

 

Tenemos años escuchando promesas de bienestar; la industria publicitaria vive de eso: prometernos un bienestar que asociamos (y ellos saben cómo hacer que lo hagamos) con felicidad, seguridad, igualdad y libertad. Y una y otra vez tejemos ilusiones, que caen por su propio peso. Lo cotidiano, con sus presiones tan concretas, hace que tengamos los pies puestos sobre la tierra. Es justo y comprensible que las personas se sienten hastiadas y decidan presionar a favor de un cambio.
   

 

Con todo, cuando la persona se da cuenta de que ha sido víctima y toma cartas en el asunto deja ya de serlo. Me explico: la víctima es pasiva. Sufre una suerte impuesta. Pero cuando te levantas y te movilizas ya has roto la pasividad, te empoderas, rompes con el rol de víctima y tomas la historia en tus manos.
   

 

Por eso, ver que los ciudadanos rompen las calles, destrozan los bienes públicos… ya no son simples víctimas. Son actores. ¿Derecho a la protesta? ¡Sin duda! Y hay casos donde, además, es urgente salir a protestar. Pero… ¿en esos términos? ¿Y los otros ciudadanos, tus vecinos o los de la otra calle, que comparten tu enojo pero no tus formas de expresión? La víctima no es responsable. Pero quien actúa sí.             Aunque antes hayas sido victimizado.
La vandalización de las protestas resta credibilidad y cohesión a estas. Muchos hablan de ejercer un derecho. Sin embargo, olvidan que su derecho no es ilimitado. Su límite es el derecho del otro. Y no puedes forzar al otro a actuar o a apoyar tu actuación, porque tan legítima es tu expresión como la de él. Al final, pasas de víctima a victimario.
   

 

Por otra parte, nuestros políticos tendrían que tomar nota de esto. La corrupción hiere de muerte cualquier proyecto que toca. Los ciudadanos de hoy son más exigentes que los de ayer y Latinoamérica está cansada de promesas incumplidas. Puede pasar como aquella vez que le comentaron a Jesús sobre unos galileos ajusticiados atrozmente por Pilato. Jesús dijo: “¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera” (cf. Lucas 13,1-3).


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