Comentarios Recientes

0
John Jairo Cruz Báez

John Jairo Cruz Báez


A Príamo Rodríguez Castillo, In memoriam


  • 11.08.2020 - 12:00 am

Corría el mes de septiembre de 2003, cuando un fuerte terremoto de 6,5 en la escala de Richter de 45 segundos de duración, se sintió en Puerto Plata y Santiago, afectando varias edificaciones de estas dos provincias, entre ellas,  el Centro Educativo liceo Onésimo Jiménez en el sector de Los Pepipes, en Santiago, donde este servidor estudió un curso de la secundaria.

Este centro educativo construido en el mes de noviembre de 1965, luego de la Revolución de abril, sufrió daños considerables en su estructura, las condiciones en las que quedó no eran aptas para recibir a la comunidad estudiantil y profesoral, los profesores y estudiantes al llegar la mañana del lunes, nos encontramos con aquella sorpresa, todos nos mirábamos las caras, atónitos, como preguntándonos ¿y ahora? Aquel día fue suspendida la docencia sin fecha de retorno. Todos nos fuimos tristes a nuestros hogares: resuena en mi cabeza todavía las palabras de la profesora Estela Estrella, conocida por todos como; Mamá Algebra, quien se paró al lado del mástil del pabellón nacional y nos dijo: «Vayan a sus casas, tengan cuidado con las réplicas, no tendremos clases hasta nuevo aviso».

Fue en esa misma semana que escuché por las noticias en la televisión, que la Universidad Tecnológica de Santiago, UTESA, iba a ceder el espacio del edificio de las ingenierías, conocido como el edificio «C», a los estudiantes del Liceo Onésimo Jiménez de la tanda matutina, para que estos no perdieran el año escolar que recién iniciaba. La fecha de entrada sería al día siguiente de la festividad de Nuestra Señora de las Mercedes, el 25 de septiembre.

Recuerdo que un grupo de amigos quedamos en juntarnos en la avenida las carreras para juntos ir en carro público hasta la universidad, una vez allí, le preguntamos a un agente de seguridad del campus universitario, a dónde teníamos que dirigirnos, él nos señaló que debíamos ir al anfiteatro antes de ir a las aulas. En esa actividad, apareció con un traje azul el rector de la universidad, el Dr. Príamo Rodríguez Castillo, quien nos dio la bienvenida con las demás autoridades universitarias. Entre su intervención recuerdo que nos dio un testimonio de vida, donde él tenía que recorrer varios kilómetros para ir a estudiar y que, con valía, esfuerzo y disciplina, terminó sus estudios, dijo en aquel entonces el señor rector.  Prosiguió diciendo; «veo en sus rostros el anhelo de seguir adelante yo me veo en cada uno de ustedes, por eso hemos decidido como universidad hacer este aporte para que ustedes no vean interrumpir sus estudios». ¡Aprovechen el tiempo, bienvenidos!

Y así fue, gracias a esa labor humanista del Dr. Rodríguez Castillo, logramos ver terminado el primer semestre de nuestro curso en la secundaria.

Años mas tarde, hacia el año 2010, ingreso a esta Alta Casa de Estudios a estudiar educación en el área de Lengua Española. Ya para el año 2013, me postulé a presidir la carrera y el Comité General Estudiantil, logrando ganar ampliamente las elecciones estudiantiles con mas de 63% de los votos. Por ser presidente del Comité General de Estudiantil me tocaba un asiento en el Consejo Académico Universitario, hoy, Claustro Universitario. Quien me juramentó fue aquel hombre que 10 años atrás me dio la bienvenida a la Universidad que él fundó, y ese día, me daba la bienvenida al Consejo Académico. 

Al finalizar mi juramentación, el Dr. Rodríguez Castillo me invitó a decir algunas palabras, le hice esta misma historia, y en aquel momento, en nombre mío y de aquellos estudiantes que logramos concluir el primer semestre de la secundaria en las aulas de la UTESA, le di las gracias por su generosa y desprendida consideración. Aquel mismo día, el señor rector, conmovido hasta las lágrimas me dijo delante de todos los miembros del Consejo: «Este gallo va a salir bueno», desprendiendo la risa de los allí presentes. 

Así recuerdo a Don Príamo Rodríguez, con un carisma natural, se preocupaba por sus estudiantes, cada vez que le llevábamos un problema, lo resolvía, a todos los presidentes de comités estudiantiles de aquel año, que hoy somos todos profesionales, nos llamaba a su despacho de la rectoría para escucharnos, para buscar soluciones, para orientarnos, para responder preguntas, muchas veces capciosas, pero con su sabiduría nos respondía, más de una vez iba con nosotros al lugar y giraba las instrucciones de lugar y en un santiamén el problema estaba resuelto. Cuando coincidíamos en las calles me llamaba y decía: ¿Qué dice ese gallo?, siempre con una sonrisa y cuestionándome de mi familia y vida profesional. Fueron muchos los aprendizajes de este gran ser humano que nos legó a todos el compromiso de emprender, de seguir adelante a pesar de los obstáculos, de ser disciplinados y tener el valor y el coraje de triunfar en la vida como él lo hizo. 

Estoy seguro de que hoy habita en la morada de la Casa del Padre, pues pasó por el mundo haciendo el bien. Hoy, muchos profesionales ven cristalizados sus sueños al ser egresados de la institución que en noviembre de 1974 fundó para beneficio de Santiago y el país. 

Ve en paz, amigo y profesor. 

El autor es docente del área de Lengua Española.

Estudiante de Derecho de la PUCMM.


Comentarios

Name of User
Sé el primero en comentar

Ir arriba