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Josefina Almánzar

Josefina Almánzar


A María Victoria en sus 10 años


  • 05.03.2021 - 12:00 am

Dentro de dos días será 7 de marzo, el maravilloso número 7 tan significativo en las tradiciones, en los textos sagrados, en la metafísica. Hace 10 años ese día 7 de marzo se convirtió en todo lo maravilloso, mágico, profundo que describen las escrituras y tradiciones.  

Hace 10 años un lunes de aquel 7 de marzo salió de mis entrañas una voz que como trueno retumbó en la sala de partos al ver la luz por primera vez. Una voz que gritó a los cuatro vientos luego de haberse alimentado y nutrido en ese pozo de agua divina que fue su casa y refugio durante 38 semanas para gritar: ¡Llegué, aquí estoy!  

Al escuchar ese grito mi corazón no solo saltó de una felicidad indescriptible, sino que también de mis ojos manaron lágrimas de ese reconocimiento de amor infinito que se produce al parir una criatura alojada en tu vientre. Hace 10 años de ese pacto de amor, de ese sello de luz que marcarían mi vida de ahí en lo adelante.  

Su nacimiento llegó junto a la primavera, labrando sonrisas, emociones, entre juegos, destellos de ilusiones, aprendizajes continuos en ese ejercicio de ser padres y madres donde no hay cursos ni guías que valgan porque simplemente estamos aportando en la construcción de la esencia de una persona con derechos propios y con identidad humana.  

Al llegar esta primera década de la vida de María Victoria miro esos días vividos y compartidos y solo me llega a mi corazón el sentir del agradecimiento. Agradecimiento a mi Dios, a la Virgen de Lourdes y a todos mis seres de Luz por todos esos regalos cotidianos que durante estos 10 años nos han hecho. Regalos envueltos en sonrisas, ternuras, amaneceres y atardeceres, en conexión y valorización de nuestras raíces ancestrales, ya que en el transitar de estos 10 años ella tuvo la oportunidad y el privilegio de disfrutar de sus bisabuelas y de su abuela paterna que hoy están en sus otras dimensiones y desde ahí siguen protegiéndola.  

Los regalos de estos 10 años se han manifestado en crecimiento físico saludable, en inteligencia crítica y emocional, en empatía con las luchas sociales y políticas que como familia hemos decidido apoyar. Definitivamente sí, gratitud infinita es el sentir que cierra estos 10 años para continuar avanzando por la vida.  

En esta nueva apertura le deseo que siga creciendo en amor, con alegría, sabiduría, confianza, con fe en lo que es y en lo será como persona. Que siga creciendo en el reconocimiento y valorización de sus raíces para que sus ramas estén siempre fortalecidas en ese árbol de vida abundante de todas sus generaciones pasadas que la sostienen en sus vivencias presentes y en la construcción de su futuro.  

Que su inteligencia innata siga desarrollándose sumada a la intuición femenina de ser y de sentir con sabiduría amorosa. Que siga creciendo bajo el manto protector de sus ángeles guardines, de sus seres de Luz y de Amor infinitos.  

Que esta nueva vuelta del sol llegue cargada de las bendiciones envueltas en los colores de un arcoíris resplandeciente que acompañen sus días por venir.  

Tu padre y tu madre te damos las gracias por todo lo hasta ahora vivido y compartido y te damos la bienvenida a otra década de vida, nuestra amada María Victoria.  

La autora es abogada y docente universitaria.


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