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¡Cuánto ha cambiado la disciplina!

Isabel Valerio Lora | ACTUALIZADO 28.08.2018 - 5:40 pm

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“Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos”. Confucio.

Hace unos años, los padres con sólo mirar a sus hijos, hacían correcciones y cualquier mandato que dieran, eran obedecidos. Hoy, las cosas han cambiado, los roles en ocasiones parecen invertirse, es ahí cuando vemos a hijos que no escuchan,  interrumpen mientras hablan, les irrespetan y manipulan para obtener lo que quieren. Esos padres agobiados y sin saber qué hacer, indirectamente ceden su autoridad a los hijos.
  
 Cuando los padres invierten su  papel,  quedan ante los hijos como el ser que debe proveerle todo, quien no le va a  censurar si se porta mal, quien siempre debe estar a sus servicios y debe complacerle en todo, pues de lo contrario, le catalogan como malos padres, que exigen mucho, que no se han modernizado o ¡¡¡que los van a traumatizar!!!.
   
Disciplinar hoy día, puede ser  una contradicción, por un lado los padres desean fomentar una educación en valores basada en los principios que durante mucho tiempo ha formado jóvenes honrados, bien educados y trabajadores, que escuchan, respetan y toman en cuenta los consejos de sus mayores, sin importar que no sean sus padres. Por el otro lado, están las exigencias modernas de los hijos, basadas en tolerar más, exigir menos, ponerse a su  mismo nivel, corregir de forma sutil para no lastimarle su autoestima y otras tantas permisiones, que lo único que están formando son hijos de “papi y mami” que se creen merecedores de todo, no escuchan, no respetan, son fríos y calculadores, parece no importarle nada y mucho menos nadie, viven en el mundo de lo inmediato y en el que todo debe estar resuelto.
   
 Algunos aspectos disciplinarios plasmados en el libro Generation Me (Generación Yo) que son de mucha utilidad.
   
Si facilita todo a su hijo y le hace evadir su responsabilidad, ese hijo no estará preparado para tolerar ante críticas y fracasos.
   
Discipline con autoridad y siempre demuestre cariño.
   
Felicite solo cuando lo merece.

Permita que su hijo le tome confianza pero sin perder el respeto.
 
 



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